Antes o después, viene bien disfrutar de Call of the Sea. En una playa de arena eterna que la vista no puede abarcar o, quizá, posado sobre el único rincón verde de una ciudad infinita. Da igual el lugar o el instante, solo perdura el significado del momento. Y es que, en la vida de cada persona, existe un ‘clic’ que nos hace descubrir qué era justamente eso, qué era vivir. Una revelación que llega sin cita previa, que te abraza obviando cualquier tipo de distancia de seguridad y que te tose en la cara esperando alguna reacción tuya.