En general, Ginger: Beyond the crystal nos ha dejado un sabor de boca un tanto agridulce, con un contraste muy acusado de buenas ideas y pequeños defectos. En algunos niveles nos sorprenden con genialidades inesperadas, mientras que en otros nos obligan a realizar tareas tediosas. Así que por momentos el juego llega al notable, pero en otros desciende al aprobado justito, complicando el dar un veredicto certero. La nostalgia juega un papel importante en saber apreciar el envoltorio global, y es que, si crecimos con las aventuras de Crash o Banjo, seguramente sepamos encontrar toda la calidad que esconde Ginger, a pesar de las carencias técnicas y de las expectativas que no llega a cumplir al 100%.
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