Palindrome Syndrome funciona como un mecanismo muy bien engrasado. Las mecánicas y la narrativa se apoyan la una en la otra para crear una historia con una buena base, sustentada en uno de los sentimientos más primarios del hombre y con un giro final casi inesperado —casi porque te va dejando las pistas—, pero que igualmente te deja con un muy buen sabor de boca.
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