Estamos ante un juego que atrae con su premisa de recargar el arma con nuestra propia sangre y logra ir más allá. Atrapa a través de su cuidado apartado audiovisual, con una historia lineal que nos permite, invita y recompensa explorar sin dejar de ser interesante. Y sin aumentar nuestras horas de juego de forma artificial e innecesaria. En su dificultad intermedia, ofrece una experiencia marcada por la tensión de quedarnos sin sangre en el peor momento y la necesidad de manejar bien las distancias o los bloqueos. Y por el camino disfrutaremos de una versión de España que nos resultará familiar y extraña a partes iguales, deseando recorrer cada rincón… con miedo a lo que podamos encontrar.
Leer artículo completo




