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En el blog de DeVuego cubrimos todo aquello que sobre videojuegos se hace en España, con especial dedicación a los videojuegos españoles y sus creadores.

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Análisis The Kindeman Remedy: la tortura por rutina

Cuando estás acostumbrado a ver decenas de videojuegos cada día no es sencillo que alguno te llame la atención a simple vista, pero cuando ante mis ojos pasó una escena de un médico tirando cuerpos inertes al suelo y usando su sierra para torturarlos en vida, sin duda captó mi atención más morbosa.

Es curioso porque la premisa de The Kindeman Remedy es de las más macabras y extremas que he visto, y bien serviría para crear un expeluznante juego de terror o de superviencia. Sin embargo, estamos ante un sencillo juego de gestión donde, dejando la ambientación gore a un lado y la ligera narrativa que hay detrás, bien podría ser un juego de gestión, de yo que sé, una fábrica de unicornios con brillantina, o de cualquier otra cosa que se nos ocurra donde haya que realizar tareas rutinarias.

Pero el caso es que ha sido The Kindeman Remedy de Troglobytes, y no otro de los múltiples juegos de gestión que se lanzan cada año, el que ha conseguido cautivarme, y sin duda es por esta ambientación oscura, extrema y tremendamente macabra. También sus protagonistas, una atractiva -en todos los sentidos- pareja formada por un doctor y una monja que trabajan «cuidando» de la salud de los presos de una cárcel.

Son estos dos personajes los que centran toda la jugabilidad del título, y entre los que podemos alternar en cualquier momento con tan sólo pulsar su botón correspondiente (LB y RB en el mando de Xbox). Cada uno tiene sus funciones, y aunque por momentos serán dependientes, por ejemplo cuando el doctor Kindeman prepara cápsulas y goteros que luego Anna, la monja, administrará a los presos, en general sus tareas son totalmente independientes. Quizás aquí el juego podría haber añadido un punto de complejidad a la jugabilidad al crear tareas más interdependientes, ya que la monotonía acaba por protagonizar un poco el día a día de la prisión, aunque eso ya lo comentaré más adelante.

El caso es que nuestro querido doctor Kindeman quiere obtener el remedio definitivo, ese que llevará su nombre y que le ayudará a recuperar su prestigio perdido. Y para ello necesita experimentar con humanos de las maneras más extremas posibles: torturándolos en vida, o extrayendo de sus cuerpos muertos una sustancia que luego le permitirá llevar a los vivos a límites impensables de sufrimiento.

Para llevar a cabo este fin realizaremos una serie de tareas en nuestro día a día que forman un ciclo que repetiremos -y mucho- hasta conseguirlo. Así, nuestra fiel compañera Anna envenenará algunos de los presos que acudan a recibir sus tratamientos para que estos terminen en la morgue donde Carl, el doctor, los «exprimirá» hasta conseguir un líquido especial que luego administrará a los sentenciados a muerte. Estos sentenciados se llevarán la peor parte, ya que gracias a esta inyección especial del doctor podrán sobrevivir a sus infames torturas hasta que pueda obtener la preciada información que le servirá para crear su remedio.

A este ciclo básico se van añadiendo algunas tareas extra por el medio, que aunque al principio parecen ir a un ritmo interesante que añade capas para hacer la jugabilidad más variada, pronto comprobamos que ésta no llegará mucho más allá. Así que no tardamos mucho en repetir de manera constante y sin apenas aditivos, una serie de acciones rutinarias que pueden llevar al traste la diversión. Salvo que seas, como yo, amante de esta rutina.

Y es que, en pequeñas dosis -jeje-, intercalado entre otros juegos, The Kindeman Remedy es un juego entretenido, pero si nos dedicamos en exceso a él puede volverse rutinario y monótono. Curiosamente, en vista de algunos de sus logros y objetivos extra, el juego parece querer invitarnos a hacer varias partidas, algo que, yo al menos, no veo viable, puesto que no creo que la jugabilidad nos aporte tantas variables -por no decir ninguna- como para hacer interesantes nuevos intentos.

En lo técnico, y aunque he visto que en PC, con una mayor resolución, luce algo más nítido -repito, yo lo he jugado en Xbox-, la verdad cumple bastante justito. La ambientación oscura y tétrica ayuda a disimular las carencias pero cuando vemos las escasas escenas de la historia, que son más de cerca, la verdad es que «canta» bastante. La música, que es siempre la misma y tengo metida en la cabeza, y las escasas voces de los personajes, ayudan a crear ambiente sin mayores aspiraciones.

Conclusiones

Jugado en Xbox Series S gracias a una clave facilitada por Troglobytes Games.

Autor

Padre | Informático | Jugador | Metalero
Comunicador, investigador y documentalista de videojuegos españoles

Creador de DeVuego y DoblajeVideojuegos, entre otras.

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