The Occultist – El ocultismo español más psicológico
El terror psicológico vive uno de sus mejores momentos gracias a estudios que han demostrado que la atmósfera puede ser mucho más efectiva que la acción constante. En ese contexto se sitúa The Occultist, el nuevo trabajo del estudio español DALOAR, una aventura en primera persona que apuesta por la exploración, la resolución de puzles y la investigación paranormal para construir una experiencia donde la tensión nace del escenario y no de los sobresaltos fáciles.
Nos ponemos en la piel de Alan Rebels, un investigador especializado en fenómenos paranormales que viaja hasta la remota isla de Godstone tras descubrir nuevas pistas sobre la desaparición de su padre. Lo que comienza como una investigación pronto deriva en un descenso hacia los secretos de una comunidad marcada por el fanatismo, los rituales y las fuerzas sobrenaturales. DALOAR plantea una premisa muy atractiva que encuentra en su ambientación su principal argumento para atraparnos.

Hacia el ocultismo más español
La narrativa se apoya en una estructura muy reconocible dentro del género. Gran parte de la historia se reconstruye a través de documentos, grabaciones, fotografías y del propio diseño de los escenarios. Cada edificio abandonado aporta una nueva pieza del rompecabezas y nos ayuda a comprender cómo la isla pasó de ser una comunidad aparentemente tranquila a convertirse en un lugar dominado por el ocultismo.
El gran acierto del guion reside en la forma en que mantiene vivo el misterio durante buena parte de la aventura. Siempre existe una nueva pregunta por responder y el juego dosifica la información con acierto para despertar nuestra curiosidad. Además, Alan funciona como un protagonista convincente, movido por el deseo de descubrir la verdad sobre su padre y sobre los acontecimientos que transformaron Godstone.
El desenlace deja una sensación algo desigual porque algunas ideas pedían un desarrollo más amplio y determinados personajes secundarios apenas disponen de espacio para ganar peso dentro del relato. Aun así, la historia mantiene el interés hasta el final y consigue que queramos seguir avanzando para descubrir qué ocurrió realmente en la isla.

El ocultista y su jugabilidad
La gran aportación de The Occultist llega de la mano del péndulo que acompaña a Alan durante toda la aventura. Este objeto forma parte del argumento y, al mismo tiempo, constituye la herramienta principal para interactuar con el escenario. Gracias a él descubrimos objetos ocultos, activamos mecanismos, reconstruimos sucesos del pasado y manipulamos determinadas energías sobrenaturales.
Su utilización resulta muy natural y aporta personalidad a unas mecánicas de exploración que encuentran aquí su rasgo más distintivo. El juego invita a interpretar las pistas que ofrece el entorno y convierte cada habilidad del péndulo en una forma diferente de relacionarnos con los escenarios. Este sistema consigue que explorar resulte mucho más interesante y refuerza la identidad propia de la aventura.
Los controles responden correctamente y el ritmo apuesta por la calma. DALOAR propone una exploración pausada que invita a observar cada rincón con atención. Ese enfoque favorece la inmersión y permite apreciar mejor el trabajo realizado en la construcción de la isla, aunque algunos jugadores pueden percibir ciertos tramos como algo más lentos de lo esperado.

Puzles y terror
La exploración constituye el verdadero corazón de The Occultist. Godstone reúne mansiones abandonadas, iglesias, hospitales, túneles y laboratorios que invitan a inspeccionar cada habitación en busca de documentos, objetos y pequeños detalles ambientales que enriquecen la historia.
Los puzles acompañan constantemente ese recorrido. Encontramos acertijos relacionados con símbolos religiosos, mecanismos antiguos y fenómenos paranormales que aprovechan las posibilidades del péndulo. La mayoría mantienen un equilibrio acertado entre dificultad y accesibilidad, obligándonos a observar cuidadosamente el entorno y a relacionar las pistas que vamos encontrando.
El terror sigue la misma filosofía. La inquietud surge de forma progresiva gracias a la ambientación, al diseño de los escenarios y a un uso muy inteligente del sonido. Unos pasos lejanos, una puerta que se abre lentamente o una estancia donde el tiempo parece haberse detenido consiguen mantener la tensión durante buena parte de la aventura.
Las fases de sigilo aparecen cuando determinadas amenazas sobrenaturales entran en escena y aportan variedad al desarrollo. Estas secuencias refuerzan la sensación de vulnerabilidad, aunque el comportamiento de algunos enemigos termina siendo previsible después de varios encuentros y resta intensidad a esos momentos.
Pese a ello, recorrer Godstone mantiene intacta nuestra curiosidad de principio a fin. La isla acaba convirtiéndose en el auténtico protagonista de la aventura gracias a un diseño ambiental capaz de narrar buena parte de su historia a través de los propios escenarios.

Un diseño que tardará en envejecer
Uno de los aspectos que más rápidamente llaman nuestra atención es el cuidado con el que DALOAR ha construido Godstone. El estudio aprovecha la potencia de Unreal Engine 5 para recrear una isla que transmite abandono, decadencia y misterio desde el primer momento. La calidad de las texturas, la iluminación dinámica y el nivel de detalle de los escenarios consiguen que cada edificio parezca haber permanecido décadas detenido en el tiempo.
Sin embargo, el verdadero valor del apartado visual no reside únicamente en su acabado técnico. La dirección artística es la responsable de convertir Godstone en un lugar con personalidad propia. Iglesias cubiertas por la humedad, mansiones consumidas por el paso de los años, laboratorios ocultos y pasillos iluminados únicamente por la tenue luz de una vela construyen una ambientación que mantiene la tensión incluso durante los momentos más tranquilos.
El uso del color también desempeña un papel importante. La mayor parte de la aventura apuesta por tonos apagados, verdes oscuros y marrones que refuerzan la sensación de aislamiento. Cuando el juego introduce elementos sobrenaturales, las alteraciones visuales y los cambios de iluminación generan un contraste muy efectivo que acentúa el componente paranormal de la historia.
También merece reconocimiento el trabajo realizado con el diseño de los símbolos, rituales y elementos relacionados con el ocultismo. Todo transmite la sensación de formar parte de una misma cultura, evitando recurrir a referencias arbitrarias o decorativas. Cada escenario aporta información sobre el pasado de la isla y consigue que la exploración resulte interesante incluso cuando no estamos resolviendo puzles.
Aun así, encontramos algunas pequeñas irregularidades. Las animaciones faciales durante determinadas conversaciones muestran menos expresividad que el resto del apartado visual y algunos personajes secundarios presentan un modelado más discreto. Son detalles menores dentro de un conjunto que mantiene un nivel notable durante toda la aventura.

El miedo primero entra por los oídos
DALOAR entiende perfectamente cómo utilizar el silencio para generar inquietud. En numerosos momentos únicamente escuchamos el viento, el crujido de la madera o nuestros propios pasos mientras avanzamos por edificios completamente vacíos. Esa ausencia de música mantiene una tensión constante porque cualquier ruido inesperado adquiere inmediatamente un gran protagonismo.
La banda sonora aparece siempre en el momento adecuado y acompaña la exploración sin imponerse sobre ella. Las composiciones utilizan cuerdas, coros y sonidos ambientales que aumentan progresivamente la sensación de peligro conforme nos acercamos a los momentos más importantes de la historia.
Los efectos de sonido también realizan un trabajo sobresaliente. Puertas que chirrían, susurros apenas perceptibles, objetos que caen en habitaciones cercanas o pasos cuyo origen desconocemos consiguen que desconfiemos continuamente del entorno. Con unos buenos auriculares, la inmersión aumenta considerablemente gracias al excelente tratamiento del sonido posicional.
Completar la historia principal nos llevará alrededor de diez horas, una duración que encaja muy bien con el planteamiento de la aventura. El desarrollo introduce nuevos escenarios y situaciones con suficiente frecuencia para mantener el interés hasta los créditos finales.
La rejugabilidad depende principalmente de nuestro interés por descubrir todos los documentos, coleccionables y pequeños detalles que enriquecen el trasfondo de Godstone. La estructura lineal limita la aparición de grandes cambios entre una partida y otra, pero la narrativa ambiental invita a regresar para interpretar algunos acontecimientos desde una perspectiva diferente una vez conocemos el desenlace.

Conclusión
DALOAR firma una ópera prima muy prometedora que demuestra un gran conocimiento de las herramientas con las que se construye el terror psicológico. La combinación de exploración, investigación paranormal y narrativa ambiental consigue que Godstone se convierta en un escenario tan importante como los propios personajes.
La mayor virtud de The Occultist consiste en hacernos sentir incómodos incluso cuando aparentemente no sucede nada. Esa capacidad para generar tensión mediante el sonido, la iluminación y el diseño de los escenarios habla muy bien del talento del estudio y deja claro que existe una base muy sólida sobre la que construir futuros proyectos.
Autor
Andrés Benedicto es un amante de los juegos de rol. Redacta noticias en diferentes medios de comunicación especializados en videojuegos y tiene su propia sección de videojuegos en Metropólitan Radio donde apoya principalmente el talento español.

