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Dystopicon: televisión, capitalismo y distopía

12 agosto, 2019 7 mins de lectura

Dystopicon: televisión, capitalismo y distopía

La distopía es un tema y una ambientación muy socorrida en las obras de ficción, tanto en la literatura y el cine como en soportes más jóvenes, tales como cómics y videojuegos. Hace unos días pedí a las buenas gentes de Twitter que me ayudasen a encontrar obras con temática distópica. Esto, no os voy a mentir a estas alturas, lo hice para encontrar obras que me permitieran informarme para este texto y para tener algunas referencias que me ayudasen a mirar el juego con más perspectiva. Para mi sorpresa, recibí bastantes respuestas (¡muchas gracias a todos los que colaborasteis!), donde se mencionaban algunos títulos que ya conocía, pero otros tantos de los nunca había oído hablar. Cuando me estaba informando sobre el argumento de estos últimos caí en que, a pesar de que la mayoría transcurren en distopías que siguen un patrón parecido, cada uno utiliza esta condición para hablar de temas diferentes. Así, por ejemplo, Un Mundo Feliz la utiliza para hablar sobre qué nos hace humanos y le da una visión basada en gran parte en la tecnología. La Naranja Mecánica, en cambio, nos habla sobre todo de la violencia y el libre albedrío, y Farenheit 451, sobre la censura. Dystopicon, el juego del que hoy pretendo hablaros, es también un perfecto ejemplo de esto, puesto que utiliza la distopía para hacer una crítica muy interesante al capitalismo.

Dystopicon es un videojuego de gestión de recursos, simulación y supervivencia lanzado en enero de 2019 y desarrollado por OveR Software. Este estudio, ubicado en Cartagena, suele apostar por la creación de videojuegos experimentales enfocados a la reflexión. En este título encarnaremos a un ciudadano de una sociedad distópica que acaba de ser ascendido a “ciudadano de segunda clase”. En consecuencia, hemos ganado una serie de privilegios, tales como un pequeño apartamento en el que vivir y unos pocos electrodomésticos que nos garantizan una situación de bienestar. Sin embargo, en esta sociedad el trabajo es un honor al que no todos pueden acceder. Pero no os preocupéis. Ningún gobierno negaría a sus habitantes el derecho a ganar un sueldo de manera digna, ¿verdad? Es por eso que, en Dystopicon, el gobierno de La Trinidad paga a toda la población que se encuentra en paro por ver la televisión, para que así ellos puedan costear el gasto que supone el cubrir sus necesidades básicas.

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Un GIF muy muy guay que todo el mundo debería ver.

Durante nuestro primer día en este nuevo hogar, tendremos algo de tiempo para trastear con los electrodomésticos que pueblan la casa y menear un poco el cursor por la pantalla. Sin embargo, en cuanto pase la primera jornada, nuestras estadísticas vitales empezarán a bajar. Damas y caballeros, Dystopicon acaba de comenzar.

Como podremos ver en la esquina inferior izquierda de la pantalla, hay cuatro barras que van disminuyendo a ritmo constante. Estas representan cuatro de los cinco problemas principales con los que tendremos que lidiar en Dystopicon: la salud, el hambre, la comodidad y la diversión. Si cualquiera de ellas llega a 0, moriremos automáticamente y tendremos que volver a empezar la partida. Lo que hay que hacer, por tanto, para evitar quedarnos pajarito es invertir nuestro dinero en los electrodomésticos y otros cacharros que el gobierno nos ha proporcionado. Cada uno sirve para subir alguna de estas cuatro estadísticas y, evidentemente, cuanto más las suban, más caro será utilizarlos. Así, por ejemplo, una ducha (5$) aumenta bastante nuestra comodidad y salud, mientras que interaccionar con la nevera (1$) nos permite reducir un poco el hambre.

El quinto problema que nos plantea el título es, como los más avispados ya intuirán, el dinero. Como he explicado antes, la manera que tienen los desempleados de ganarse el jornal en esta sociedad es a través de la televisión. Nosotros, como recién ascendidos a esta segunda clase, formaremos parte de la población que no tiene trabajo (que parece ser la gran mayoría) y, en consecuencia, deberemos sentarnos ante la caja tonta si no queremos morirnos de hambre, de asco o de aburrimiento. Al sintonizar la antigua tele de tubo que se encuentra en el centro de la estancia, veremos que podemos escoger entre tres canales: político, religioso y de entretenimiento. Tendremos que ir cambiando entre ellos en función de lo que necesitemos en cada momento. Con el primer canal, el político, la diversión bajará al mismo ritmo que el resto de las estadísticas y obtendremos unos ingresos moderados. El canal religioso, en cambio, nos dará el doble de dinero que el político, pero a la vez nos bajará mucho más rápido la diversión. Por último, el canal de entretenimiento da poco dinero, pero hace que la diversión aumente. Gran parte del gameplay consiste en saber cuándo ver qué canal para tener siempre algo de dinero ahorrado, pero sin dejar de lado nuestras necesidades.

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Durante todo el juego esto será lo que veremos en pantalla. Por desgracia, y como podéis ver en las estadísticas, este pobre diablo ya tiene un pie y medio en el cementerio.

La clave de este sistema reside en que solo podemos hacer una acción a la vez, lo que significa que, si estamos viendo la tele y queremos comer algo, la pantalla se apagará en cuanto pulsemos sobre la nevera, y no podremos volver a encenderla hasta que termine de subirnos la barrita del hambre. Aunque puede que tardemos un poco en acostumbrarnos a la incapacidad de nuestro querido ciudadano de segunda para realizar dos acciones al mismo tiempo, tras un par de intentos uno termina entendiendo que es un elemento necesario para crear el excelente ritmo que tienen todas las partidas.

De hecho, es precisamente este ritmo tan bueno el que hace de Dystopicon un juego divertido, desafiante, y más adictivo que los polos de horchata. En ningún momento llegaremos a tener los suficientes ahorros como para poder vivir despreocupados, de modo que la tensión de los primeros días se mantiene hasta los últimos. Incluso cuando llegamos a vibrar en la misma onda que el juego y conseguimos asimilar la economía del título (entendiendo qué máquina es mejor usar en cada momento), el nivel de desafío se mantiene. En mi experiencia con el juego, tras unas cuantas partidas se podría decir que entré en la zona. En este punto, a pesar de no poder relajarme porque a la mínima que te descuidas vuelves a estar sin un duro y al borde de la muerte, sí tuve la sensación de poder sobrellevar la situación y tenerlo todo más o menos controlado. Ese momento en que sientes que puedes estar atento a todo a pesar de la presión constante es (me vais a permitir la expresión) un auténtico pasote. Además, la duración de cada run también juega muy a favor del título. Las partidas son bastante cortitas, incluso aquellas en las que lleguemos al final del juego, con lo que es fácil que oigamos salir de nuestros labios la temida frase “venga, una más y lo dejo”. El tiempo entre morir y volver a empezar también es bastante corto, lo que refuerza aún más la idea de engancharse a Dystopicon más que a los helados de zumo de chufa.

Otro componente muy importante de Dystopicon es La Verdad, el boletín que el gobierno de La Trinidad reparte diariamente para mantener a los ciudadanos informados de las noticias que van sucediendo y para estar en contacto con ellos. Este flujo diario de información es el gatillo que da el pistoletazo de salida a una crítica al sistema capitalista que fácilmente podría considerarse la principal protagonista del título. Se trata de una crítica constante y bastante potente, pero que a la vez no es del todo directa. Si bien el mensaje es bastante claro desde el primer momento, existen mil detalles que iremos descubriendo poco a poco y que le dan una profundidad que le sienta genial. Es un ejercicio interesante el estar atento para descubrir las sutilezas que ayudan a reforzar esta crítica. Además, sin llegar a ser una moraleja que exige reposar varios días las ideas para después enfrascarse en una lucha filosófica con nuestro yo interior, tampoco nos restriega su significado por la cara intentando decirnos cómo sentirnos o qué pensar. La buena gente de OveR Software ha encontrado un término medio muy interesante, donde esperan que seamos capaces de pensar un poquito y sacar nuestras propias conclusiones. Podría dedicar muchas más líneas a hablar sobre esta crítica porque, como digo, es uno de los pilares principales del juego. Sin embargo, creo que es mejor reservar esas ideas y desarrollarlas en un futuro texto, donde poder explorarlas a fondo y más tranquilamente.

Uno de los muchos mensajes que recibiremos de La Verdad. Este suele aparecer bastante al principio para ponernos al corriente de la situación.

Precisamente por esta manera tan fina que tiene Dystopicon de exponer tanto los acontecimientos como su mensaje, los cómics en los que se nos explica qué pasa en el exterior cuando nos asomamos a la ventana me parece que desentonan mucho. No tanto por el estilo de los dibujos (que quedan bastante chulos con las paletas de colores que utilizan y el estilo minimalista) sino por lo bruscos que son con la información que proporcionan. La mayoría son demasiado explícitos. No hay nada que interpretar y desentonan con el resto del juego, que mantiene la filosofía de la sutileza y de “mostrar mejor que contar”.

En cuanto al apartado visual, cabe decir que Dystopicon es un videojuego bastante modesto. Esto no tiene por qué ser malo porque, de hecho, tiene un estilo atractivo y una personalidad muy marcada. Sin embargo, los jugadores interesados sobre todo en encontrar los gráficos más realistas del mercado no deberían apuntar esta obra en su lista de pendientes. En cuanto a los idiomas, los textos del juego están disponibles tanto en inglés como en castellano.

Aunque en las primeras líneas del texto he dicho que no os iba a engañar respecto al tweet que publiqué, lo cierto es que tampoco he sido totalmente honesto. Cuando pedí recomendaciones de obras con temática distópica, lo hice también porque terminar Dystopicon me dejó con muchas ganas de conocer más historias de este estilo. Debo admitir que el juego me ha encantado, y creo que si me ha parecido tan sólido y bien elaborado es porque es un juego sencillo, que se centra sobre todo en el mensaje que quiere transmitir y en que todas las mecánicas giren alrededor de este. Es posible que por el gameplay algo estático y el formato a priori más pausado pueda no llamar la atención de los jugadores de géneros con más acción, pero os aseguro que puede llegar a ser más tenso que cualquier combate o tiroteo. Sobre todo se lo recomendaría a quienes les gusten los juegos que te hacen reflexionar o de supervivencia y gestión de recursos. Igualmente, me cuesta mucho no recomendárselo a prácticamente todo el mundo. Literalmente no tenéis excusa para no darle una oportunidad. Podéis descargarlo totalmente gratis o pagar lo que creáis conveniente, puede jugarse en cualquier ordenador y apenas os robará un par de horillas. Además, Dystopicon demuestra que se necesita bien poco para hacer una crítica al sistema capitalista y que, con tan solo una idea bien ejecutada, ésta puede ser magnífica.

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Ambientólogo y camarero. Amante de lo japonés, los dinosaurios y la sanfaina con atún. Escribo y juego tumbado, normalmente desde Barcelona.