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Blacksad: Under the Skin. Bajo la piel del gato

9 diciembre, 2019 10 mins de lectura

Blacksad: Under the Skin. Bajo la piel del gato

Como ya he dicho alguna vez, la posición del analista respecto a un videojuego no siempre es cómoda. Muchas veces, valorar un juego no es sencillo, pero al final termina siendo una cuestión de exponer tu opinión sobre el título de la forma más clara y entretenida posible. Sin embargo, en ocasiones aparecen factores que no pueden verse a través del prisma de la subjetividad porque son indiscutiblemente negativos (como, por ejemplo, los bugs). En estos casos, si el factor en cuestión es especialmente importante, puede llegar a eclipsar la reseña del producto y dejarla en segundo plano. Y esto, bajo mi punto de vista, no es algo bueno, porque el hecho de que un juego presente bugs no delimita la experiencia a únicamente a la existencia de estos. Puede haber muchas más cosas que comentar sobre el título: mecánicas profundas, grandes diseños audiosivuales o historias interesantes que no tienen por qué estar sujetos de forma intrínseca a los fallos de programación y que los desarrolladores pueden haber dedicado muchas horas a perfeccionar.

Sin embargo, en el caso de que se quiera evitar que los fallos de un título eclipsen todo su análisis, puede ser complicado localizar dónde se encuentra la línea entre el juego como tal y los problemas que este presenta. Además, con la llegada de internet al mundo de los videojuegos, las compañías disponen de herramientas para solucionar estos problemas una vez el título ya ha salido a la venta. Esto es necesariamente bueno, porque permite que los desarrolladores puedan arreglar y mejorar su producto tras lanzarlo al mercado y hacer que los compradores tengan una mejor experiencia con él, pero también plantea una nueva capa de complejidad al escribir sobre ellos. Puede ser que un pobre diablo analice de forma constructiva todos los errores y bugs que presenta un título y que, un par de semanas más tarde, el estudio lance un parche que solucione estos problemas, dejando esa crítica obsoleta.

El gimnasio de Joe Dunn, una de las localizaciones clave para la trama de Blacksad: Under the Skin.

Por todos estos motivos, todavía mientras escribo estas palabras no tengo claro cómo voy a plantear el análisis de Blacksad: Under the Skin, el juego del que, como habéis leído en el título trata este artículo y que, como seguramente ya sabréis, ha tenido un lanzamiento bastante turbulento. En este análisis intentaré valorar el core del juego, separándolo todo lo posible de los errores de programación y optimización que presenta. Sin embargo, como creo que también es algo decisivo y que ni mucho menos debe pasarse por alto, la parte final la dedicaré a hablar sobre mi experiencia de juego y de todos los bugs y problemas que he encontrado durante mi partida. Ahora sí, después de esta introducción extensa pero necesaria, empecemos a hablar del gato.

Blacksad: Under the Skin es un videojuego desarrollado por Pendulo Studios basado en el cómic Blacksad, una de las novelas gráficas más destacadas de los últimos años, guionizada por Juan Díaz Canales y dibujada por Juanjo Guarnido. Tanto la obra original como el videojuego tienen lugar en la Nueva York de los años 50, en un contexto post Segunda Guerra Mundial y pre Guerra Fría. En consecuencia, ambos trabajos hacen muchas referencias históricas y tratan temas importantes de la época como el racismo, la situación de las mujeres, o la lucha contra el comunismo por parte de los Estados Unidos. Además, también cabe destacar que el universo de Blacksad es uno en el que no existen los humanos, y donde todos los personajes son animales antropomorfos. El protagonista de los sucesos de ambas obras es John Blacksad, un gato negro que trabaja como detective privado y que, en esta ocasión, debe investigar la desaparición de un famoso boxeador pocos días antes de su gran combate y el supuesto suicidio de su entrenador. Sin embargo, esta premisa aparentemente sencilla lo llevará a desenmarañar una intrincada red de negocios ilegales y juegos de influencias que incluyen todos los estamentos sociales de la sociedad neoyorkina.

Lo que al principio parece un caso sencillo se irá complicando hasta límites insospechados.

Y, ¿cómo han hecho en Pendulo Studios para traducir un formato tan reconocible como el de las viñetas al mundo de los videojuegos? Pues a través de una mezcla entre aventura gráfica y aventura conversacional con toma de decisiones y QTE, con cierta semejanza a la obra de Telltale. Bajo mi punto de vista, este tipo de jugabilidad se adapta muy bien a la historia policíaca y de investigación que propone Blacksad: Under the Skin. Cabe decir que, aunque las decisiones que tomamos pueden cambiar algunos diálogos en el transcurso de la trama, la historia es solo una y su desarrollo ocurre de la misma forma tomemos las decisiones que tomemos. Como mucho, puede ser que en alguna escena clave escojamos la opción que no debíamos, pero esto solo hará aparecer la pantalla de game over y que el juego se reinicie en el último punto de control. A mí esto me ha parecido bien. Los juegos con muchas opciones que desembocan en varios finales suelen agobiarme bastante, y además creo que esa fórmula no se habría compaginado bien con la narrativa lineal del formato cómic.

En cuanto a las mecánicas de investigación, Blacksad deberá interrogar a varias personas que conocerá durante la aventura y registrar las localizaciones donde se encuentre en busca de información útil. A partir de estas dos acciones, el detective irá almacenando pistas o datos que le llamen la atención en su cerebro. De esta forma tan original se nos presenta una adaptación poco convencional pero muy resultona de la estructura clásica de los puzles de las aventuras gráficas. La materia gris del gato hará las funciones de inventario, mientras que los objetos que guardamos en él son las pistas que vamos encontrando. En consecuencia, los puzles (ninguno de ellos excesivamente complicado), consisten en unir de forma correcta esos conceptos que sobrevuelan la mente de nuestro protagonista con el objetivo de hacerle llegar a deducciones que permitan hacer progresar el caso.

Durante la historia, tendremos que investigar a fondo los escenarios en busca de todas las pistas posibles.

Sin embargo, algo que ni de lejos es tan bueno como esta mecánica de deducciones es el control del detective. Más allá de una tosquedad y una falta de precisión que ya de por sí serían suficientes para calificar el control como deficiente, lo que me ha parecido realmente tedioso es la lentitud del desplazamiento. Para empezar, desde que nosotros movemos el joystick hasta que Blacksad empieza a moverse en la pantalla, pasa más de medio segundo (una cantidad de tiempo que puede parecer insignificante pero que, a base de repetición, termina haciéndose notar de la peor forma). Pero, además, una vez el gato empieza a moverse, lo hace a una velocidad excesivamente baja, cosa que, unida a la poca precisión antes mencionada, hace que controlar al protagonista sea una experiencia incómoda y bastante desagradable.

Referente al diseño de la jugabilidad, solamente me queda por mencionar el apartado “Tu Blacksad” en el menú de pausa. En función de las decisiones que tomemos durante la historia, iremos definiendo la personalidad de nuestro John Blacksad. En esta zona del menú, unas barras con porcentajes nos mostrarán algunos de los rasgos de su personalidad. Así, por ejemplo, podemos saber su tanto por ciento de sinceridad, pragmatismo, desconfianza, etc. Este concepto me parece uno con mucho potencial, puesto que esta parametrización del carácter de nuestro protagonista podría desembocar en cambios en su comportamiento con el resto de sujetos. En función de qué características fuesen más dominantes en él, podría cambiar su actitud hacia algunos personajes, o incluso desbloquear nuevas opciones de diálogo. Sin embargo, nada de esto termina pasando. Al final, este apartado solamente es una curiosidad bastante desaprovechada a la que con suerte entraremos un par de veces durante toda la partida. Una lástima.

John fuma. No seas como John. O bueno, mejor pensado, sé como él, que es muy buen tipo. Pero eso sí, de fumar nada.

Respecto a la historia, cabe decir que el cómic consta de 5 capítulos autoconclusivos, cada uno de ellos correspondiente a un caso que nuestro felino detective debe resolver. Blacksad: Under the Skin, por su parte, añade un nuevo caso al bagaje del protagonista que, si bien no sabría posicionar temporalmente respecto a sus aventuras en las viñetas, sí puedo decir que es totalmente canónico. Este hecho permite añadir una gran cantidad de guiños y referencias a las pasadas aventuras de Blacksad que sacarán más de una sonrisa a quienes hayan disfrutado de la obra original. Además, la propia trama del caso es muy interesante: es compleja, con bastantes personajes memorables, y algunos giros inesperados. Sabe captar la esencia de la novela negra y plasmarla debidamente tanto en los escenarios como en los personajes y, además, está muy bien escrita. El ritmo también está bien llevado y, aunque al principio puede hacerse algo lento, enseguida coge velocidad para no frenar hasta el final (que llega a las 10 u 11 horas de juego). Mención especial a lo bien conseguida que está la personalidad de John Blacksad. Es un personaje con un gran carisma al que da gusto interpretar, y tanto su carácter como su forma de hablar se han reproducido muy bien respecto a lo que los autores nos mostraron en el cómic.

Para hablar del apartado visual voy a recurrir una vez más a referenciar primero la obra impresa, porque creo que es especialmente importante tenerla en cuenta en este sentido. Juanjo Guarnido es un dibujante con una gran trayectoria, e incluso trabajó para Disney antes de la creación de Blacksad. Esto hace que su dominio del trazo sea excelente, y que no sean pocas las ocasiones en que nos deje con la boca abierta ante paneles realmente preciosos. Además, creo que tiene un especial talento para trabajar la expresión facial de los personajes y para transmitir con ella, cosa que da un gran valor narrativo extra al cómic. En cuanto al videojuego, aunque se aprecia un esfuerzo por imitar la estética de la obra original, se queda bastante por debajo. No puedo decir que sea feo, porque no lo es, pero tanto los escenarios como los modelos 3D de los personajes son más simples de lo que deberían y, aunque algunos planos son muy similares a escenas del cómic, nunca llegan a igualarse en calidad. Esta excesiva simpleza hace que, por ejemplo, sea muy complicado interpretar la edad de los personajes. A no ser que sean muy jóvenes o muy viejos, todos bailan en una horquilla de edad entre los 30 y los 60 que es muy complicada de acotar. De hecho, y sin ir más lejos, determinar la edad del propio Blacksad se hace bastante difícil. A primera vista, por cómo se comporta, podría decirse que es relativamente joven. Sin embargo, durante la historia descubrimos que años atrás luchó en la guerra, en la misma guerra que también participaron cuando eran jóvenes los personajes que se supone que son más mayores. Al final, los aspectos que más se resienten, por un simple hecho de comparación, son los que más brillaban en la novela gráfica.

Esta escena imita una de las primeras viñetas del cómic y, aunque la acuarela de Juanjo Guarnido es insuperable, hay que admitir la imagen mola bastante.

Por suerte, todo lo que entra por las orejas al jugar a Blacksad: Under the Skin es indudablemente positivo. En primer lugar, toda la banda sonora se adapta perfectamente a la ambientación noire del título y, aunque algunas piezas se repiten bastante, en ningún momento se hacen pesadas de escuchar. Pero, además, todo el juego está doblado al español con una calidad increíble. A lo largo de la aventura encontramos grandes voces del doblaje nacional, como a Gabriel Jiménez en el papel de John Blacksad, Pedro Tena como Jake Ostimbe, o Roberto Encinas en el papel del comisario Smirnov (entre muchos otros) que, con una interpretación excelente, ayudan a dar vida a los personajes y a que los diálogos se hagan realmente disfrutables. En general, estos aspectos le dan al juego un plus de calidad y un empaque que es de agradecer.

Aunque el juego tenga sus más y sus menos, la valoración total del título debería ser positiva. No excelente, pero sí buena. Desgraciadamente, mi experiencia con él ha distado mucho de este resultado, ya que una enorme cantidad de errores y bugs han sepultado todos los puntos positivos y han enfatizado los negativos. La mayoría de los fallos que he encontrado son bastante graves, de los que no se pueden pasar por alto y que indudablemente empeoran la experiencia. Uno no puede hacer la vista gorda y mirar para otro lado, porque muchos de ellos directamente te impiden seguir jugando. Por ejemplo, no han sido pocas las veces en las que ha aparecido un muro invisible que me impedía salir de una habitación, o que el juego se ha cuajado en medio de una cinemática, quedándose completamente bloqueado. Incluso en tres o cuatro ocasiones se ha cerrado solo debido a un error. Estos problemas, ya de por sí molestos, se agravan todavía más por un sistema de autoguardado que directamente no funciona. Mientras jugamos, el circulito de “guardando” aparece en la pantalla cada poco rato, pero luego cuando toca cargar la partida es como jugar a la ruleta rusa: si tienes suerte, aparecerás pocos minutos antes de que dejases de jugar, pero lo normal es que tengas que repetir un buen tramo hasta poder seguir la historia por donde la dejaste. Si existiese una opción de guardado manual, este problema sería menos grave, pero la ausencia de este hace que tengamos que confiar totalmente en un sistema que no funciona y que, en consecuencia, juguemos constantemente con miedo de perder el progreso.

Nueva York, la ciudad donde todo el mundo se hace perfectamente el nudo de la corbata y donde nadie sale a la calle sin un arma.

Además de estos errores de funcionamiento, el rendimiento de Blacksad: Under the Skin deja mucho que desear, presentando pantallas de carga bastante largas cada vez que cambiamos de escenario y con algunas texturas que tardan un buen rato en hacer acto de presencia. Ni siquiera el apartado sonoro, que unas líneas más arriba he elogiado, se libra de estos problemas. Durante el juego he encontrado escenas en las que las voces se descompensan y van totalmente a destiempo, o momentos en los que directamente el audio desaparece para no volver hasta al cabo de un buen rato. El resultado es, sinceramente, desastroso.

Me sabe realmente mal decir esto porque en su día disfruté mucho de la novela gráfica y esperaba con muchas ganas este título, pero ahora mismo Blacksad: Under the Skin no es un buen juego. Tanto las mecánicas como la historia tienen potencial, pero, desgraciadamente, hay demasiadas capas por encima que terminan matando la experiencia, haciéndola incómoda y poco disfrutable. Los momentos con menos bugs se hacen agradables y se ve que ahí hay un trabajo bien hecho y muchas buenas ideas, pero teniendo en cuenta el estado actual del juego, me resulta imposible recomendárselo a nadie. Si os llama la atención os diría que os mantengáis alerta y lo sigáis para ver si solucionan todos estos problemas, y entonces haceros con él. Esperemos que la gente de Pendulo empiece pronto a trabajar en estos errores y los vayan solucionando cuanto antes para que podamos deleitarnos con las aventuras de John Blacksad y disfrutar poniéndonos en su piel. Hasta entonces, nos tendremos que quedan con que no fue precisamente la curiosidad lo que terminó matando al gato.

Trailer de Blacksad: Under the Skin

Para esta review se ha completado la versión de PS4.

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Autor

Redactor | Web

Ambientólogo y camarero. Amante de lo japonés, los dinosaurios y la sanfaina con atún. Escribo y juego tumbado, normalmente desde Barcelona.