Los chicos de Moon Factory hacen gala de su ingenio con esta propuesta que hace uso del sensor de movimiento de nuestro Dualshock y que con ello busca sorprender en este plataformas con mucho sabor añejo al género tradicional. Por desgracia, el control no destaca por ser demasiado exacto y habrá varias ocasiones (más de las que nos gustaría) en que nuestra muerte será más producto de este hecho que de la dificultad en sí del juego. Además, la monotonía que, con el paso de las horas, se instaura debido a su diseño de niveles poco inspirado y que no saca todo el partido que debiera a las nuevas habilidades que vayamos desbloqueado, pueden ser causa de que más de uno acabe dejando de lado esta aventura. Sin embargo, aquellos con más paciencia y que sean receptivos a la nostalgia e ingenio que intentan plasmar los desarrolladores en su obra, encontrarán un título aceptable para pasar algún que otro rato delante de su PlayStation 4.
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