Aragami 2 es el ejemplo de cómo debe ser una segunda parte: coge los conceptos que estableció la primera entrega, amplía horizontes y añade nuevo contenido que se traduce en un producto mejor. Lince Works ha creado una base que funciona estupendamente, las mejoras en la exploración y verticalidad son todo un acierto, incluyendo el modo cooperativo que aporta rejugabilidad con la compañía de unos amigos (cuando funcione, claro). Por contra, más en este caso resulta ser menos, y su preocupación por querer ofrecer una mayor duración ha sido detrimento de todo aquello que hizo distinguible al primero.








