oro es un mal juego pero no tiene malos cimientos. Una presentación más decente, mayores opciones en cuanto a personalización, presencia de toreadores épicos y escenarios históricos lo habrían convertido en un gran título, y mecánicas ligeramente más pulidas e interesantes lo habrían hecho un juego excelente. En su lugar, simplemente está por debajo del promedio. Villamelones (osea la humanidad entera incluyéndome), absténganse, porque al igual que el espectáculo que busca simular, Toro será del gusto de muy pocos e incluso causará no pocas protestas por sus crímenes no contra la vida sino contra nuestros ojos. Sólo para curiosos a los que les sobre dinero, pasión taurina y mucha, mucha tolerancia.
Leer artículo completo



