Con todo esto sobre la mesa en Luto predominan los aspectos positivos sobre los negativos. Basa su poder en una maravillosa ambientación, con un acabado audiovisual que favorece a la inmersión y a la sensación de estar viviendo una pesadilla que parece real; hay que quitarse el sombrero con el trabajo que han hecho en este aspecto con menos recursos que las grandes producciones, siendo un portfolio magnífico para demostrar lo que pueden hacer con mayores herramientas. Una ambientación que, además, se acompaña de momentos que rompen la cuarta pared que os recordarán a las mejores travesuras de Hideo Kojima o que nos llevan a situaciones surrealistas que nada tienen que envidiar a las que vivimos en joyas como Inscryption, todo ello para contar una historia dura, pero hilada con fina delicadeza a lo largo de las tres o cuatro horas que puede llevar completarlo. Una experiencia breve pero intensa, que merece la pena y que se convierte en una opción más que recomendable si queréis una obra que hable sobre la muerte y la vida con una madurez inusitada.
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