Es una de esas piezas únicas que cuando salen borran de un plumazo el debate sobre si el videojuego puede ser arte. Incluso alguien que no tiene ni idea de expresión artística como es quien suscribe estas líneas, es capaz de captar la belleza de cada fotograma y sentir congoja al ver cómo se transforma un mundo que está constantemente en el límite entre la oscuridad y la luz.







