Para un chico nacido en Castilla-La Mancha y más concretamente en la región de Albacete, la sola existencia de un videojuego llamado Albacete Warrior ya supone una ilusión tremenda. Se trata de la primera obra del FAS3 Estudios, un beat ‘em up protagonizado por un carismático ninja manchego, disponible en Steam.
Albacete Warrior nos narra la historia de Benito, un joven albaceteño obsesionado con la feria que se convierte en ninja a cambio de Miguelitos de la Roda y cuyo mejor amigo es una gallina llamada Pepito. Resumido de este modo, el argumento puede rozar lo absurdo y es que desde FAS3 Estudios han apostado, como baza principal del videojuego, por el componente humorístico, de modo que la aventura está repleta de sucesos inverosímiles, conversaciones delirantes y humor negro.

Humor gamberro y estereotipado
Soy un gran fan de las propuestas gamberras que dan mucho peso a lo cómico dentro del mundo de los videojuegos. Por ejemplo, sin salir de nuestras fronteras, me gustó mucho A Savior’s Gang, pero tengo sentimientos encontrados con Albacete Warrior. El inicio es una sucesión de carcajadas sin parar, desde el modo de hablar de Benito, repleto de expresiones e insultos propios de la cultura manchega hasta los primeros combates en plena feria de Albacete, sin olvidarnos de lo alocado del argumento, todo funciona y encaja a la perfección.
El problema es que la comedia no es un género amable y es sencillo caer en la repetitividad y en lo incómodo. Albacete Warrior no siempre mide bien esta cuestión y, lo que al inicio hace gracia, no tarda en resultar cansino y, en ocasiones puntuales, hasta de mal gusto. El juego no busca el humor sofisticado e inteligente, sino que juega a explotar al máximo los estereotipos de las diferentes culturas que visitamos y no da un resultado demasiado satisfactorio. Sería difícil encontrar dos líneas de texto seguidas que no contengan algún chiste o tipo de mofa o burla y, en lo personal, este tipo de comedia basada en un personaje ‘gañán’ y chistes malos y recurrentes no me acaba de convencer. Eso sí, se trata de mi gusto personal y estoy seguro de que habrá gente que se disloque la mandíbula de la risa jugando a Albacete Warrior.

Un Beat ‘em up que combina 2D y 3D
Albacete Warrior es un beat ‘em up lineal con una decisión de diseño bastante llamativa: los personajes son sprites en 2D, pero los escenarios son tridimensionales dando un resultado bastante curioso. El primer nivel, lo admito, casi me hace llorar de la emoción. ¿Quién me iba a decir a mí que podría recorrer la feria de Albacete y ver el molino dentro de un videojuego? Más allá del flechazo instantáneo que cualquier manchego tendrá, lo cierto es que el primer nivel denota un gran trabajo tanto a nivel de diseño, como de detalle.
Es una lástima que sólo visitemos Albacete en el primer nivel del juego; no sólo porque ninguna zona del mundo tiene tanto carisma, sino porque el resto de escenarios pecan de simples. Fundamentalmente son los escenarios base de cualquier videojuego: selva, montaña y desierto, pero con un nivel de detalle muy pobre. En ocasiones da la sensación de que se han limitado a poner las plataformas y se han olvidado de decorar las texturas. Proponer escenarios tridimensionales puede ser interesante si estos esconden secretos, pasadizos ocultos o tienen algún sentido jugable, pero no es el caso, y encontramos un diseño de niveles decepcionante. Con todo, hay que valorar el hecho de proponer un juego con un estilo diferente al que estamos acostumbrados y algunos momentos, como el primer nivel, de Albacete Warrior evidencian que hay talento detrás del juego.

Un ninja machacabotones
Es en la parte jugable en la que un juego que combina plataformas con beat’em up debe poner toda la carne en el asador y Albacete Warrior no sale ileso en este aspecto.
Bastará pulsar un botón para que Benito lance golpes a diestro y siniestro y, haciendo uso de diferentes habilidades, podremos realizar combos bastante espectaculares. El problema es que al final todo se basa en machacar el mando sin demasiado criterio mientras observamos a Benito saltar de un lado a otro confiando en que no haga algún movimiento absurdo. Y es que es frecuente perder el control del personaje durante las peleas y es imposible saber en qué punto acabará aterrizando. Este caos en el combate puede resultar hasta divertido en la mayor parte del juego, pero cuando llegan jefes finales que nos exigen precisión a la hora de esquivar y de atacar supone un problema y perderemos vidas de forma injusta y frustrante.

Esta imprecisión en los controles también se da en las fases de plataformeo. No siempre es fácil calcular y ejecutar algunos saltos, especialmente cuando tenemos que apoyarnos en los muros, en parte debido a unas físicas algo problemáticas y en parte porque los controles – con teclado es tremendamente incómodo – no responden todo lo bien que deberían. Es evidente que ha faltado trabajo en el aspecto jugable para pulir unos controles que están lejos de ser los idóneos para esta tipología de juego.
Completar Albacete Warrior puede llevar unas 3-4 horas si decidimos jugarlo de una tacada. No es un juego complicado, pero conseguir la máxima puntuación en cada nivel sí que puede requerir más de un intento. Además, podremos jugar en modo cooperativo con un amigo.
Conclusión
Albacete Warrior es un juego ideal para una tarde en la que queramos echarnos unas risas. Da la sensación que los desarrolladores han apostado todo al componente humorístico y no han terminado de pulir los controles ni de diseñar los niveles como se debería, desaprovechando la inusual combinación de sprites 2D en entornos 3D. En cualquier caso, es un beat’em up entretenido que nos da la posibilidad de recorrer la Feria de Albacete. GOTY.
Autor
Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.

