ILA: A Frosty Glide, desarrollado por Magic Rain Studios, es un juego de plataformas cuyo peso narrativo de la historia nos invita a que, además de explorar el entorno, busquemos indagar en los sentimientos y emociones de nuestra protagonista y, sobre todo, en el vínculo tan mágico que tiene con su gatito Coco. Una aventura muy personal que nos embarca en una travesía en la que Ila deberá enfrentar recuerdos y aceptar sentimientos, y en la que podremos ver reflejadas partes de nosotros mismos.
«En mis sueños inquietos, veo esa isla»
En ILA: A Frosty Glide nos adentramos en la historia de Ila, una brujita de una familia con un gran legado brujil. La desaparición de su gatito Coco genera que, con la skate-escoba de su padre en mano, deba emprender un viaje en solitario hacia una isla nevada. Esta isla, según escritos de su madre, te ayuda a encontrar lo que buscas si eres capaz de superar los retos que te propone.
A medida que avanzamos en la aventura, vemos cómo esta isla personifica el viaje de toda persona que la explora. Cuanto más subimos la montaña, el entorno se adapta a los recuerdos de Ila, materializándose más y más retazos de su memoria en objetos y lugares que forman parte de su historia. En cierta forma, recuerda la manera en la que Silent Hill trata su mundo. Mundo como lugar anteriormente soñado, en el que el subconsciente de la persona se muestra y deja entrever sus mayores miedos, enfocándose en este caso en aquello que más anhela la protagonista, escarbando en lo profundo de su relación con Coco, e inherentemente, en la relación con su madre. Y es que, a medida que vamos avanzando por la montaña, descubrimos más acerca de su historia y de cómo Coco llegó a su vida.
Todos los que tenemos mascotas conocemos muy bien el sentimiento de cómo se va forjando ese vínculo inquebrantable, vínculo que muchas veces es superior al que tenemos con cualquier otra persona. Por ser santuarios cuando la vida pesaba, por haber sido compañeros durante el trayecto vital y faros de esperanza día tras día. La manera en la que se exploran estos recuerdos en el juego hace inevitable la reverberación en nuestra mente de todos esos momentos vividos con nuestras mascotas, y sobre todo, para aquellos que hemos perdido a muchas de ellas, generándose una empatía con la protagonista desde el primer momento. Y la figura de Coco está inherentemente ligada a la figura de la madre, siendo su gatito el último recuerdo vivo que le queda de ella, recuerdo por el que va a luchar durante toda esta travesía. Llena de miedos pero sin frenos, somos conscientes de su diálogo interno, en el que podemos ver a una Ila determinada a subir a la cima de la montaña, pero también una Ila vulnerable por el dolor que supone enfrentar la pérdida de su madre y la incertidumbre de no saber si Coco estará a salvo.

La skate-escoba como acompañante en la travesía
Todo aquel que juegue este juego se quedará con muchas ganas de tener una skate-escoba, y estoy segura de ello. La skate-escoba será nuestro medio de transporte, residiendo gran parte del disfrute del juego en la manera en la que nos movemos con ella por el entorno así como resolvemos diferentes desafíos que se nos irán presentando conforme avanzamos la montaña. El plataformeo es simple y accesible, pero muy divertido, al igual que los pequeños desafíos y puzles, haciendo uso de saltiñones para alcanzar zonas elevadas y poder atajar en muchas ocasiones. Lo que es realmente interesante es cómo el juego usa la dificultad a favor de la narrativa, pues a medida que vayamos subiendo la montaña todo será más difícil, como lo es para Ila a nivel psicológico, pero siendo siempre accesible para cualquier público.
Algo muy característico de este juego son los coleccionables, y es que encontraremos de casi todo tipo. Desde cofres repletos de monedas con los que podremos comprar en los diferentes mercados barrido, hasta espinas de pescado que Coco va dejando por el camino. Y ojo que no son sólo objetos, sino que parte de los coleccionables forman parte de misiones secundarias que podremos completar, así como notas que iremos encontrando por la isla que relatan historias de algunos de los magos que alguna vez acudieron a la isla para encontrar aquello que anhelaban. Por lo que si eres un jugador muy completista de los que les pirra hacerse con todos los objetos y exprimir al máximo la historia que ofrece, sin duda vas a disfrutar muchísimo este juego. Además, la customización de nuestro personaje siempre va a estar presente ya que encontraremos diferentes sombreros y prendas por toda la isla.

Álzandonos a la cima mientras exploramos lo más profundo
Dada la naturaleza de este juego y su mensaje, veo de gran interés darle un cariz psicológico a este análisis, el cual puede enriquecer en gran medida la lectura de su narrativa. En mi caso, ha sido indudable que este paso por la isla nevada es una alegoría de un proceso terapéutico para Ila, en el que la aceptación de la pérdida de su madre y la maduración de Ila como individuo se vuelven objetivos que se van alcanzando mientras vamos avanzando por la montaña y hacemos frente a los diferentes desafíos. Es completamente reseñable el empeño con el que los desarrolladores han querido hacernos partícipes en el crecimiento personal de la protagonista, pues al final hace que el plataformeo y las diferentes mecánicas adquieran mayor profundidad y se vivan mucho más representativas de esos conflictos y desafíos emocionales a los cuales debemos hacer frente en situaciones vitales emocionalmente complicadas, como si estos mutaran en una montaña que escalar con una skate-escoba, buscando alcanzar el lugar más alto para tomar perspectiva mientras procesamos lo sucedido.
Asimismo, aunque la travesía puede llegar a ser solitaria, las cartas del padre de Ila representan ese vínculo fortalecedor que hace que esta pueda tener ese empuje para no abandonar la búsqueda de Coco, y las estatuas de cada uno de los magos no hacen sino llenar al viajero de coraje y confianza, buscando su perseveración pese a las dificultades, mostrándose conscientes del objetivo de la protagonista y su estado emocional en cada momento. En este punto, siento que declarar este juego como terapéutico no es difícil de concebir, puesto que trata el duelo y el miedo a la pérdida de un ser querido atreviéndose a mostrar y hacer que el jugador pueda experimentar el estado mental más doloroso y complicado por el que se atraviesa, como cuando caemos irremediablemente a Miedibruma, donde la mayor sensación de incertidumbre es traída por una niebla constante y la ausencia de magia. Los miedis, habitantes de este lugar, harán lo contrario que las estatuas de los magos, mostrándose como pensamientos intrusivos que intentan opacar en Ila la esperanza tanto de poder salir de allí como de poder salvar a Coco.
Por todo ello, el viaje por la montaña es el perfecto ejemplo de cómo el proceso terapéutico no es lineal, sino que es fluctuante como la vida misma, habiendo subidas y bajadas las cuales son naturales en su existencia. Pero al final, la única persona que nos hace levantarnos somos nosotros mismos y la resiliencia que nace de aquello que queremos alcanzar, levantándonos más fuertes y poderosos en comparación a cuando nos caímos. También es interesante que no sólo explore el proceso emocional de Ila, sino que, con las notas que vamos recogiendo así como la narrativa visual, podamos ver el proceso de otras personas que han ido a la isla por otras casuísticas, las cuales, o han podido obtener lo que deseaban, o poco a poco se han ido convirtiendo en miedis varados en la bruma.

Un viaje conmovedor e inolvidable
Hay momentos en ILA: A Frosty Glide que son un tesoro, como el mero hecho de sentarte en la skate-escoba y observar el paisaje acompañado con ese sonido del viento y la nieve. El pueblo Lumibruma y su encanto especial, desde la presentación de la estatua de la maga Emery Emberlyn hasta los pequeños detalles en las casas y el terreno concentran a la perfección el encanto y encuentro mágico que tenemos con cada uno de elementos del juego durante la exploración del mundo. En un juego así esto es esencial, y no sólo porque sea bonito y acogedor, sino porque incita a la exploración y a querer tener esa mirada curiosa al saltar de saltiñón en saltiñón. Asimismo, la escenografía es preciosa y cinemática cuando tiene que serlo, dándole el énfasis al sentimiento y lo que se quiere transmitir en cada etapa del viaje.
A modo personal, los videojuegos en estilo voxel siempre han sido de mis favoritos, por lo que a nivel artístico me ha fascinado. En este tipo de juegos, como en los pixelados, una de las cosas que más se palpa es el cariño con el que se ha ideado cada elemento, teniendo este juego un encanto añadido en este ámbito ya que se nota el entusiasmo puesto tanto en la hierba que sobresale del suelo como en las estatuas de cada mago. Y con un entorno tan bonito, este juego pide a gritos un modo foto porque, si lo tuviera, creo que tanto yo como muchos más lo hubiesemos exprimido al máximo con cada rinconcito.

Conclusión
Sin duda, ILA: A Frosty Glide es un título hecho con un gran cariño que utiliza sabiamente el género de plataformas en pro de su narrativa, haciéndonos sentir parte de la historia de Ila y de la montaña rusa de emociones que conlleva su viaje. En un entorno que materializa las memorias de su protagonista y se convierte en el hilo conductor de la historia, florece la empatía de todo jugador y, sobre todo, de aquellos que tenemos un gran vínculo con nuestra mascota, logrando sentir la travesía como nuestra. En definitiva, una experiencia sanadora con la que terminas con lágrimas en los ojos y con una gran sonrisa.
Autor
Psicóloga, amante de los videojuegos y fascinada por la tecnología desde que aprendí a encender un ordenador por primera vez.

