Cuando Deconstructeam habla, los demás callamos. Los creadores de Gods Will Be Watching o The Red Strings Club se han ganado un nombre en sus más de 10 años de trayectoria, y no solo a nivel nacional. Sus videojuegos, centrados en narrativas profundas y humanas, son de un éxito más que constatable, pero eso no ha provocado que pierdan su esencia. Vendrán las aves es su último videojuego, creado específicamente para la Malaga Jam en 48 horas.
«Te has comprado una guitarra con el finiquito. Tienes un año de paro. Quieres dedicarte un tiempo a ti misma.» Así reza la descripción de Vendrán las aves en su página de itch.io. Un videojuego de Jam totalmente gratuito y con el sello Deconstructeam marca de la casa: un píxel art sobresaliente, un apartado sonoro sencillo pero efectivo, pocas palabras y mucho que leer entre líneas.
Las mecánicas son bastante básicas: contamos con un medidor de Energía que debemos gastar en tareas diarias y cuidado personal (al fin y al cabo, nos lo hemos ganado) y un medidor de Ganas que, una vez llegue a 25, nos permitirá poder tocar la guitarra que habíamos comprado con tanta ilusión. En principio todo claro, una gestión de un recurso que se llena en el cambio de día, y gastarlo en actividades que nos hagan llenar el medidor de Ganas y poder dedicar tiempo a algo que nos llene.
Pero…

Algo no va bien, te levantas y el solo hecho de salir de la cama te cuesta una cantidad importante de energía, poco a poco te preguntas qué está pasando. Es decir, no debería ser difícil, ¿no? Bueno, aún así vas poco a poco realizando acciones. Algunas cotidianas, otras saludables, algunas no tanto… la verdad es que los primeros minutos son desconcertantes, porque nada funciona como debería.
Eventualmente entras en la narrativa, en lo que te quieren transmitir, y es ahí cuando el juego empieza a hacerte sentir emociones muy complicadas de definir. ¿Angustia? ¿Impotencia? ¿Rabia? ¿Por qué te dura tan poco el chute de energía que te da una buena sesión de ejercicio? Es decir, si es una actividad saludable, deberías poder mantenerla en el tiempo. Pues no, a los dos días vuelves a tener poca energía, el personaje vuelve a sentirse pesado, cansado, apático y sin ganas de nada. Cuando parece que remontas, vuelves a ese círculo vicioso donde hueles mal, la casa está hecha un asco, comes comida chatarra y te pasas el día mirando el móvil o la televisión. Un día te levantas mejor, otros días peor. Todos los días son distintos y, a la vez, iguales.
Por la noche te vas a la cama diciendo «tengo que coger la guitarra», pero nunca lo haces, y tú no dejas de pensar «¿pero por qué no agarras la guitarra? ¡Está ahí!».
Y la guitarra sin estrenar

La impotencia, las ganas de querer hacer algo pero no tener Energía, y castigarte mentalmente por ello. Con todas las cosas guays que querías hacer una vez fueras libre. ¿Cómo es que ahora no tienes ganas de nada?
Sabes que adquirir buenos hábitos es fundamental para salir adelante, y es frustrante ver como tienes que elegir entre ordenar la casa o comer, incluso hacer malabares mentales para mantener cierta higiene. No hay un patrón claramente visible, porque en estas cuestiones no lo hay, un día estás arriba y vas a comerte el mundo, al otro vuelves a despertarte en la mierda sin ganas más que de quedarte en la cama metido. Y lo peor no es solo eso, sino saber lo que está pasando y sentirte sin Energía para hacer nada al respecto. Que te vayas a la cama y digas «menudo día de mierda, de todo lo que quería hacer no he hecho nada» y te repitas esas falsas promesas de que mañana arrancas. Todo para encontrarte con una pequeña y efímera unidad de energía que te da un pequeño empujón al ánimo, pero que al final vuelve a reducirse a un círculo vicioso y autodestructivo del que no parece haber salida.
¡Qué triste es destrozarte mentalmente para el beneficio de otros! Mientras tú estás quebrado por dentro después de que la maquinaria te haya machacado, otro disfruta, está sano y vive bien. Para ti, ya solo el poder levantarte de la cama y ducharte es un logro, un pequeño paso en tu lucha por salir adelante. Tantos años, madrugones y sacrificios para terminar siendo un expediente cerrado, un campo desactivado en una base de datos, «alivio para las arcas» pueden incluso llamarte. Has dejado de ser productivo, de ser útil.
¿En qué momento dejamos que nuestro valor como personas se midiera en función de las ganancias que aportamos a otros?

Al final
Al final sales de ese agujero, con cada paso y cada victoria, con cada nueva actividad que incorporas a tu rutina y cada decisión bien tomada. Con constancia y esfuerzo, con recaídas y bajones, pero siempre adelante. Porque al final la vida está para vivirla, es maravillosa, no permitas que el beneficio de otro sea a costa de tu salud mental, de tu valor como ser humano.
Levántate, arréglate y sal, da un paseo, ríe, come bien, juega, lee un buen libro, agarra esa guitarra y toca tus mejores acordes. ¡Que el efecto Pigmalión entre en escena!
Como decía el poema Carpe Diem, atribuido al gran Walt Whitman:
No dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido un poco más feliz,
sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
[…]
No abandones tus ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario…
Porque al final de todo, Vendrán las aves.
Conclusión
Vendrán las aves nos propone no solo un videojuego con una factura técnica de primer nivel (que parece mentira que esté sacado de una Jam de 48 horas), sino un ejercicio de introspección, empatía y reflexión. Con apenas una docena de líneas de diálogo, logra transmitir más que muchos videojuegos narrativos, tratando un tema tan delicado como es el de la salud mental y el burnout. Bravo por Deconstructeam, lo han vuelto a hacer.
Autor
Clase dual (Programador/Filólogo), antes era solodev y ahora estoy en proyecto de divulgador e investigador académico en game studies, próximamente multiclase. Friki a tiempo completo y amante del videojuego de terror en todas sus facetas. Creo contenido, juego, leo manga y escribo, a veces varias de estas cosas a la vez.

