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Two weeks in Painland: ahora eres de la mafia

28 agosto, 2020 5 mins de lectura

Two weeks in Painland: ahora eres de la mafia

Two weeks in Painland es el primer título del estudio Unusual Games. Disponible en Steam de forma gratuita y con los idiomas español e inglés, esta aventura narrativa te lanza directamente a la rutina de una banda de mafiosos a los que debes espiar y gestionar por orden del jefe, que se ha ido de retiro.

Mientras descubres el amor, los chantajes y las puñaladas por la espalda (y de frente) que tienen lugar en la banda, tu obligación será reportárselo al jefe cuando lleguen los puntos de control y esperar que no mate al mensajero, porque ese punto rojo no te pierde de vista y al jefe no le gusta para nada oír según qué noticias.

Todo comienza una noche cualquiera. Estás tranquilamente hackeando teléfonos y extorsionando a los dueños con los vídeos privados que has conseguido para ganarte la vida cuando recibes una llamada de alguien que no conoces y que, sin saberlo, va a marcar tu futuro más próximo y específicamente tus próximas dos semanas.

Así comienza Two weeks in Painland, un juego irreverente, con toques de humor y un apartado artístico propio de cómic en blanco y negro que le da un toque especial a todo lo que estamos viendo. Contiene desnudos parciales y cierto tipo de lenguaje que no es adecuado para los más pequeños de la casa, aunque viendo las capturas y su página de Steam, es más que obvio. Este juego representa la mafia que siempre hemos visto en la televisión: sin escrúpulos, con alianzas y extorsiones peligrosas e intentando acabar con todo y con todos si con eso se consiguen los objetivos, sin importar si es familia.

Tu objetivo es simple pero complicado: investiga a los lugartenientes para ver qué traman, gestiona la organización reclutando a nuevos integrantes y haz lo que mejor sabes hacer: hackear teléfonos.

Nuestra pantalla de juego es la pantalla del ordenador del hacker. Abajo tendremos la agenda, donde se apuntan automáticamente las reuniones que vamos sacando de las conversaciones telefónicas, la carpeta donde recibimos los currículos de los que se quieren unir, un bloc de notas y los teléfonos pinchados que nos avisa cuando hay una conversación nueva de alguno de los lugartenientes.

Todas estas funcionalidades están bien integradas y se complementan a la perfección. Mientras hackeas los teléfonos (si hay) de los que se postulan al puesto de matón, veremos que hay ciertas cualidades y preferencias que tendremos que averiguar de los lugartenientes gracias a los eventos y las conversaciones privadas. ¿Por qué es importante? Porque de ello depende que no te rompan los huesos.

Los lugartenientes tienen una barra de estrés que va subiendo cada hora y los reclutas son nuestra única forma de bajar ese estrés para que no llamen al jefe, que está de retiro y descansando. Si llaman al jefe, que tiene una barra en forma de bate, este se cabrea y cuando se llena el bate… bueno, digamos que no quieres que se llene.

Yo me propuse acabar el juego con cero huesos rotos, pero no presté demasiada atención en los puntos de control y, en fin, me visitaron unos matones que me dejaron la pierna hecha un cristo. Y aquí viene un pero, y es que aunque lo intenté con todas mis fuerzas, llega un momento, sobre todo en la segunda semana, donde los niveles de estrés aumentan en todos muy seguido (por cosas de las que os vais enterando y oh, boy), pero no te entra la cantidad suficiente de currículums como para poder rebajarlo y que no llamen al jefe.

No todo es leer, claro. Las mecánicas que presentan son muy simples pero necesarias en el trabajo de hacker y al final de cada conversación te da entre dos y cuatro opciones de entre las que elegir que, si has prestado un mínimo de atención, son muy simples ya que son muy contrarias y no dejan mucho lugar a dudas. Todo depende de la atención que prestas, porque si no aciertas, no podrás descubrir las preferencias y si eliges mal a un recluta, los niveles de estrés aumentan y con ellos las posibilidades de que te rompan la cara.

Podemos hackear los móviles de los reclutas y conseguir más información de la que nos viene en la solicitud de tres formas:

1. tenemos una especie de sudoku donde tenemos que poner la suma exacta que nos piden y solo cabe un 1 en cada recuadro.

2. Tenemos que fijarnos en qué paneles se encuentra el número que nos indican.

3. Tenemos que descubrir un número de 5 dígitos.

No son nada complicadas y hacen que rompa la monotonía constante de lectura del juego, que en ciertos días se me hizo algo pesada. Pese a estar claro, yo siempre hackeaba los teléfonos, porque entre reunión y reunión de matones, había que matar tiempo.

Y aquí viene un buen toque: podemos acelerar el tiempo. No hay que estar esperando y esperando, le das al botón y el tiempo avanza más rápido, también vuelve a su paso normal automáticamente cuando empieza un evento o lo paras cuando recibes CVs o comunicaciones.

Las historias y lo que vas descubriendo cada vez son más rocambolescas y quiero destacar lo bien que está escrito, porque es difícil crear un juego así y que no haga aguas por algún lado, pero tiene unos toques de humor muy frescos y unas historias entrelazadas con las que solo podías pensar «la que se va a liar».

Como conclusión, Two weeks in Painland es un juego muy completo, que te mantiene en tensión en algunos puntos de control, ya que debes tener mucho cuidado con lo que dices y cómo lo dices, y que se apoya en esa narrativa casual y desenfadada para presentarnos a una panda de mafiosos que solo miran por sus intereses. El final es muy redondo y ves cómo se resuelve todo lo que se ha ido tramando durante estas semanas (y todo lo que ha salido mal), aunque me hubiera gustado que se me hubiera dicho con más claridad y que me hubieran mostrado mejor la sexualidad de uno de los personajes. Con todo ello, y estando gratis en Steam, me gustaría que todos le dierais una oportunidad a este primer título de Unusual Games, porque se nota que le han puesto mucho cariño.

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Autor

Localizadora de videojuegos. Cuando no los traduzco, escribo sobre ellos.
He cometido el (dulce) error de comenzar Bloodborne.