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Furwind: un homenaje a los clásicos

10 julio, 2019 4 mins de lectura

Furwind: un homenaje a los clásicos

Hubo un tiempo en que los videojuegos eran diferentes, ¿sabéis? Y no solo por la evidente diferencia gráfica o por el cambio en los géneros preferidos entre el público, sino por la dificultad. Hace 30 o 40 años, en las últimas décadas del siglo XX, ni las consolas ni los cartuchos tenían la potencia suficiente como para soportar juegos con grandes mapeados o largas listas de misiones. En consecuencia, muchos desarrolladores recurrían a estrategias como eliminar la posibilidad de guardar partida o colocar enemigos en los puntos más puñeteros para aumentar la dificultad y alargar las horas de vida de sus títulos. O, al menos, eso es lo que dice la Wikipedia. Yo soy un millennial y, por tanto, no he llegado a oler ningún juego de esa época. Por suerte, no hace falta que os fiéis de mí y mi inexistente capacidad de realizar búsquedas bibliográficas adecuadas para informarme al escribir un artículo. Existen juegos que, aun siendo actuales, pretenden mostrarnos a los más jóvenes y recordar a los más veteranos cómo eran las cosas hace unos años. Juegos como Furwind.

Furwind es un videojuego de plataformas en 2D desarrollado por Boomfire Games que, tras haberse lanzado inicialmente para PC, ha aterrizado este junio en PS4, PSVita, Switch y Xbox One. Y, además, Furwind es el protagonista de esta historia: un zorrito pixelado que debe derrotar a una entidad maligna para salvar el bosque donde vive de la destrucción. Para conseguirlo, tendrá que encontrar a los tres ancestros del bosque y conseguir de ellos habilidades que le faciliten su misión. La premisa parece bastante clásica y poco compleja y, ciertamente, lo es. Sin embargo, esto no es problema, puesto que la trama es un simple soporte para lo verdaderamente importante: la jugabilidad. El objetivo del título no es contarnos una historia que emocionaría al mismísimo Spielberg, sino hacernos disfrutar de cada uno de sus niveles. De este modo, aunque la historia puede disfrutarse sin problemas, termina siendo más bien como el marco de una pintura, el expositor de una escultura, o la caja de un DVD: el contenedor.

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¡Menuda encerrona! A veces tendremos que salvar a nuestros amigos de las garras de estos tipejos.

Los niveles, por su parte, son bastante variados y con una dificultad exigente. Los hay tanto de scroll lateral como vertical, y casi todos tienen un diseño poco lineal que invita a investigar tanto horizontal como verticalmente. Cada pantalla termina siendo una zona laberíntica repleta de plataformas, enemigos y trampas. Para superar las fases, normalmente hay que encontrar y derrotar a dos mid-bosses que custodian unos emblemas. Al obtenerlos, podremos abrir una puerta que permite acceder al siguiente nivel (y que también hay que encontrar en el mapa). Además, en cada stage hay algunos coleccionables (pergaminos ocultos) en zonas poco accesibles que, al obtenerlos, desbloquean retos (niveles extra, más cortitos y lineales, pero también más intensos).

Si bien este planteamiento no es para nada algo nuevo, siempre que lo encuentro en un videojuego me gusta dedicar un pequeño espacio a comentarlo. Este tipo de coleccionables es muy interesante porque el premio por exprimir a fondo cada nivel termina siendo poder jugar más rato. A los que les apasione el juego y exploren a tope cada fase tendrán como premio un ratillo más de Furwind, y a los que no, tampoco se perderán demasiado. Finalmente, tanto los minijefes antes mencionados como los jefes de cada mundo son un gran punto positivo. Están muy bien diseñados y son divertidos de jugar. Además, son bastante variados (cada uno propone mecánicas algo distintas) y complicadetes.

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¡Mucho ojo con este jefe, Furwind!

En cuanto a los controles, cabe decir que son bastante precisos, pero que si se hubiesen pulido un poquitín más seguramente se habrían podido evitar dos o tres caídas traicioneras. Como aclaración, añado que lo he jugado en PS4 y que recomiendo encarecidamente manejar a Furwind con la cruceta. Sé que estamos en pleno 2019 y que estas cosas ya deberían darse por supuestas, pero nunca está de más recordar los básicos: los joysticks no suelen funcionar bien en este tipo de juegos que exigen una cierta precisión. Aportan mucha fluidez en en control 3D, pero a costa de perder algo de exactitud. Y, como digo, el caso de Furwind no se sale de la norma. Si os ha quedado alguna duda sobre este tema, recordad el refrán: las cosas claras, el chocolate espeso, y los videojuegos 2D con la cruceta.

En lo referente a lo visual, Furwind da lo que se espera de él. Como ya habréis podido comprobar por las imágenes que acompañan este artículo, el juego utiliza un colorido estilo pixel art totalmente acorde con la época que pretende homenajear. Destacan especialmente los escenarios, bastante trabajados y muy bonitos todos. El diseño de los personajes, en cambio, es algo más sencillo. No obstante, algunas animaciones de Furwind son realmente adorables, como los saltitos que pega cuando derrota a un jefe. La música, por su parte, es muy de película de fantasía, y le queda al dedillo.

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Esta animación también está muy bien, pero os vais a tener que fiar de mi palabra o comprobarlo jugando.

Como he dicho al principio, Furwind es complicado, pero no es ni de lejos una tarea imposible, no os asustéis. Yo, siendo un completo negado, lo he completado en unas 10 horas. ¿Ha conseguido su objetivo de que disfrute de sus niveles durante todo ese tiempo? Desde luego que sí. Aunque se me haya atragantado un poco algún nivel, seguramente haya sido más por mi falta de destreza que por un mal diseño. Por tanto, estoy seguro de que este juego hará las delicias de los amantes de las plataformas y los nostálgicos de los 80. Puede que hayamos perdido la inocencia de cuando éramos niños y que haya sido sustituida por estrés, corbatas y responsabilidades, pero hay algo que nunca nos podrán quitar: ¡el placer de hacerse un buen bocata de nocilla para merendar y machacar los botones del mando enfundados en un pijama de Super Mario!

Tráiler de Furwind

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Redactor | Web

Ambientólogo y camarero. Amante de lo japonés, los dinosaurios y la sanfaina con atún. Escribo y juego tumbado, normalmente desde Barcelona.