Análisis

Neonwall: atrapados entre luces de neón

Neonwall es un puzle desarrollado por Norain Games y Jandusoft para Nintendo Switch y publicado en marzo de este año que nos traslada a un universo digital hecho de neones. En un mes aparecerá también en Steam e incluirá funciones de realidad virtual

Suele ser típico al ver un juego o película con una gran presencia de luces de neón realizar una comparación casi instantánea con la mítica película Tron. En este caso cualquier comentario al respecto está más que justificado. No sólo el aspecto gráfico y sonoro pueden recordarnos a la película de 1982, el “argumento” de Neonwall también es un guiño bastante evidente.

Si recordamos la película de Lisbesger (la versión de 2010 tampoco estaba del todo mal) el protagonista acaba, por diversas razones, dentro de una máquina recreativa de la que no será nada fácil salir. Neonwall parte de una premisa muy similar: estamos jugando al pinball hasta que un trueno cae sobre nosotros y nos introduce en el juego. Sin saber cómo, ni por qué, nos encontramos armados con dos pistolas y una esfera gigante aparece delante de nosotros. A jugar.

Aunque se puede jugar de varias maneras, la mejor es apuntar con los Joy-Con

 

El objetivo de Neonwall es sencillo: tenemos que llevar la esfera hasta el final del recorrido. Para lograrlo contaremos con dos pistolas que podrán modificar el color de la bola o ciertos elementos del escenario. Si la esfera es del mismo color que la superficie irá más deprisa, algo que no siempre nos interesará pues tendremos menos tiempo para reaccionar.

Poco a poco se nos van introduciendo nuevas mecánicas: destruir obstáculos, mover objetos, activar puentes o combinar diferentes acciones. Es algo complicado de explicar, pero una vez estamos jugando las diversas opciones son bastante intuitivas y fáciles de aprender.

Las dos pistolas las controlaremos con los Joy-Con apuntando a la pantalla de una forma bastante intuitiva (y que no se está explotando lo suficiente dentro del catálogo) y la esfera avanzará sola. Es posible jugar también apuntando con los sticks, aunque es bastante más complejo de controlar con precisión.

No es fácil estar atentos a la esfera y al mismo tiempo eliminar obstáculos

 

Al inicio los niveles serán simples y simplemente tendremos que cambiar de color y destruir algún que otro bloque. Pero Neonwall se complica bastante. Acabaremos en niveles laberínticos, largos y complejos en los que tendremos que mover objetos, vigilar que la bola no caiga y tener un ojo puesto en el tiempo.

Es un juego que demanda mucha habilidad. Las mecánicas son sencillas, pero a la hora de ponernos delante de la televisión veremos que no es nada fácil realizar dos tareas diferentes al mismo tiempo, cada una con una mano. Además, tendremos que recordar de qué color es cada pistola y la esfera en todo momento para no equivocarnos a la hora de cambiar, cosa que exige mucha concentración. Es posible que el jugador en los primeros niveles se vea algo perdido y errático, pero es una simple cuestión de práctica.

La dificultad, por tanto, depende totalmente del jugador y de su adaptación a los contoles. Los desarrolladores de Neonwall han sabido crear una curva de dificultad muy bien medida para que el usuario vaya progresando poco a poco sin que llegue a ser frustrante desde el inicio. Hasta el nivel 15 los niveles son relativamente asequibles, pero llegar a completar los más de 30 supondrá todo un reto. Cada nivel puede ser completado en unos 3-4 minutos o menos, pero nos destruirán tantas veces que el tiempo se alarga considerablemente.

Hay niveles en los que nos podremos desorientar

 

Al exigir tanta habilidad y precisión al jugador, Neonwall sólo podía funcionar si aportaba unos controles y una jugabilidad a la altura de la dificultad. En su mayor parte cumple, pero hay momentos en que el juego no responde todo lo bien que debería.

El primer problema con los controles lo encontré al mover ciertos bloques en los escenarios. Suelen quedarse bloqueados sin razón alguna o incluso avanzan a demasiada velocidad. Por momentos resulta muy complicado mantener el control de éstos, especialmente cuando la esfera está encima.

El segundo, y más molesto, sucede en los niveles avanzados, cuando los escenarios tienen más de un pasillo por el que circular. Suele ocurrir que la cámara no se posiciona bien y no podemos visualizar claramente el color del suelo que pisamos o el tipo de superficie, convirtiendo algunos pedazos de nivel en una cuestión de azar. En ocasiones he llegado a caer al vacío simplemente porque la cámara, mal colocada, no dejaba ver que el camino no tenía continuación.

Son errores puntuales que no tienen una influencia demasiado grande en el cómputo global del juego, pero son molestos, especialmente cuando estamos en los niveles más complejos.

Mover las plataformas supone un problema en algunos momentos

 

Neonwall cuenta con tres modos que se intercalan durante el avance del juego:

Puzle. Simplemente tenemos que llegar al final, sin ningún tipo de límite de tiempo, aunque sólo tendremos 4 vidas. Suelen ser niveles de diseño complejo en los que puede que nos perdamos, especialmente cuando llegamos al final del juego.

Contrarreloj. Escenarios en los que tenemos una cuenta atrás y cuatro vidas. Tendremos que llegar lo más rápido posible a los puntos de recarga de tiempo.

Carrera. Sólo tenemos una vida y tenemos que avanzar rápidamente pues el escenario se va destruyendo detrás de nosotros. Son los niveles más difíciles y exigentes.

Es una lástima que, una vez completados los 30 niveles del juego, Neonwall no nos ofrezca ningún tipo de modo extra. Podemos rejugarlo para mejorar nuestros tiempos, pero nada más. Es cierto que en algún momento llegarán más niveles para descargar, pero hasta entonces el juego queda algo corto de contenido.

Un apartado técnico simple, pero molón

 

En cuanto a estética es un juego bastante simple, pero con un uso del color muy inteligente. Al ojo llegan sólo las luces de neón del escenario y es complicado prestar atención al resto. La esfera avanza de forma fluida y, quitando algunos pequeños problemas de la cámara, el juego cumple a nivel gráfico. Se podría haber exigido algo más de variedad o de detalle en los entornos, pero tampoco es algo que afecte en exceso, pues el gameplay nos mantendrá demasiado concentrados como para fijarnos.

A nivel sonoro tampoco desentona. Las diferentes melodías tecno, en ocasiones algo tétricas, cumplen y nos mantienen en tensión, pero parecen sonar sin ningún tipo de criterio. Ayudan a que el acabado final sea aún más ochentero y similar a Tron.

 

Conclusion.  Neonwall es un puzle muy interesante y que ha logrado engancharme hasta que lo he completado. Su estética ochentera, alta dificultad, buenas mecánicas e interesante uso del Joy-Con hacen de él una muy buena opción pese a quedarse algo corto de contenido. Si queremos jugar a algo diferente en nuestra Nintendo Switch, Neonwall es el juego.

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