Awe. Relajémonos mientras jugamos a ser Dios

Comentario

Awe” es una palabra inglesa que tiene un complicado origen y definición. Intenta definir un sentimiento que está entre el asombro, la admiración y hasta el miedo, despertado por algo sublime o poderoso, como Dios (in awe of God). Obviamente el nombre no ha sido elegido de forma aleatoria, ya que define a la perfección el carácter y la intención del juego: ser un dios creador.

El estudio Oddly Shaped Pixels, compuesto por Renaud Despinois, un francés afincado en España, nos ofrece una mecánica simple y minimalista, diferente a lo que estamos habituados a encontrar en los God-Game. El juego no busca enganchar al jugador a través de un sinfín de posibilidades, puzzles o retos, sino que intenta captarnos a través de su atmósfera de relax, descubrimiento y creación.

Nuestra tarea, como dioses, será la de llenar de vida los planetas que componen las diferentes galaxias. Cada planeta estará dividido en pequeñas zonas que podremos rellenar con diferentes elementos, con una variedad de 5 en cada mundo. Estos elementos los podremos colocar de la forma que queramos, aunque si queremos “completar” el planeta tendremos que poner un mínimo de cada uno.

Pero hay un problema: aunque seamos dioses nuestro poder no es ilimitado y, por tanto, tendremos que ir recargando nuestras reservas con AWE para poder seguir construyendo nuestro mundo. Podremos ir cogiendo awe haciendo click en los colores del planeta siguiendo las combinaciones que nos indica cada nivel.

En pocos movimientos nuestros planetas pasarán de ser simples piedras a ser unos pequeños mundos llenos de vida y color. Hay que tener cuidado pues una mala distribución puede dar lugar a planetas bastante poco vistosos (como el 99% de los que he hecho yo), pero una distribución con un mínimo de lógica y buen gusto puede dar lugar a mundos muy bonitos y agradables. Y este es uno de los puntos claves del juego: la creación. El juego se disfruta cuando te sientas, con paciencia y sin prisa y te planteas seriamente cada movimiento y cada objeto que colocas. Si intentas jugarlo a toda prisa para pasar de planeta en planeta acabarás todas las galaxias sin haber disfrutado nada. Es un juego que premia la paciencia y la creatividad.

Precisamente cuando el juego intenta abandonar su simplicidad y tranquilidad para buscar algo de dificultad es cuando comienza a bajar en calidad. A partir de la cuarta galaxia aparecen las estaciones y tendremos que esperar en muchas ocasiones a que llegue la que necesitamos para que aparezca un determinado color. Y, además, rezar para que el color aparezca en una zona que nos favorezca. De repente el juego deja de ser un camino de calma y relax para ponernos en un contexto de velocidad que no le favorece nada.

No es que llegue a ser difícil, porque se trata solo de tener paciencia, pero la creatividad desaparece y nos limitaremos a poner los objetos de forma aleatoria para poder superar el nivel. El aumento de dificultad las combinaciones para obtener awe no es el problema; el problema es el azar de tener que esperar a que el propio juego te aporte lo que necesitas.

Graficamente el juego apuesta por un estilo 3D muy simple y colorido. Busca entrar por los ojos de una forma directa, sin adornarse y sin ningún alarde, algo que le favorece totalmente. El único problema que encontraremos será diferenciar los colores en algunas galaxias; por ejemplo, en la galaxia helada a veces tendremos problemas con las variedades de tonalidad azul.

Tendremos un total de 5 galaxias, cada una con su sol y sus 5 planetas orbitando alrededor. Cada uno de estos sistemas solares tiene una temática muy diferenciada de los demás: encontraremos uno más primitivo, otro invernal, otro más apocalíptico… Los objetos a colocar son diferentes en cada uno de los planetas, pero siempre siguiendo un mismo patrón fácilmente identificable: siempre habrá algo similar a un árbol a una montaña…

Contaremos, como añadido, con dos galaxias extra: una con una temática de Halloween y otra navideña, bastante divertidas. En total 35 planetas, un número bastante aceptable que nos dará unas 4h de entretenimiento si vamos directamente al grano, aunque la gracia es no hacerlo

Uno de los planetas de Halloween

El juego no sería una gran experiencia y no tendría la atmósfera que tiene de no ser por su gran apartado sonoro. En todo momento estará sonando una música lenta con un fondo más grave y pequeños golpes de notas agudas, muy similar a la que se escucha en las clases de meditación o relajación. Awe te invita a liberar tu mente mientras vas construyendo.

El punto negativo es que se hace repetitiva, apenas hay variaciones en la melodía de fondo. No varía al pasar de una galaxia a otra, ni si quiera cuando entramos en las galaxias de Halloween o navidad. Una misma melodía, eterna, constante, que cumple con creces pero acaba cansando al cabo de una hora.

Junto a esta banda sonora constante tendremos la música que nosotros creamos. Cada elemento que colocamos en el planeta tiene una nota asociada, de modo que cada vez que realizamos una combinación para conseguir awe generamos una pequeña y breve musiquita. Si somos hábiles podremos enlazar varias combinaciones y generar diferentes melodías para acompañar nuestra tarea de creación. Más de una vez me he detenido a juntar diferentes combinaciones para ver que sonido producían.  Obviamente cuanto más avanzamos y más complejas son las combinaciones, más importancia e impacto tiene la música.

Conclusiones. Awe es blanco o es negro. Es un juego que gustará a los que busquen una experiencia con estas características tan concretas y no gustará a los que busquen un videojuego normal. Es un juego que nos invita a sumergirnos en su música, en su estilo colorido y minimalista y a pasar un rato “diferente”. Tendremos que olvidarnos de que es un videojuego y simplemente dejarnos llevar.

Si alguien está dudoso yo invito a comprarlo, ya que se puede adquirir a un precio inmejorable: 0,99€


Versión analizada: PC (Steam)

GDejota

Autor

GDejota

Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.

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