¿Será cierto eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor? Con toda seguridad, la nostalgia juega un papel importante en cómo nuestro cerebro recuerda momentos de la infancia y, si me preguntáis, sin duda daría mucho por poder revivir aquella época en la que simplemente recorrer las calles de nuestro barrio dándole patadas a una piedra podía convertirse en una aventura épica. Bambas!, el videojuego del estudio alicantino Devilish Games busca revivir esos tiempos en los que un bordillo, un paso de cebra, una pelota de papel o una piedra eran sinónimo de diversión.
Bambas! quizás sea el walking simulator más literal que hay en el mercado. No hay personaje, sólo unas zapatillas -por una cuestión de comodidad, yo he elegido las crocs- y el objetivo es darles uso: caminar y que sean nuestros pies los que encuentren entretenimiento con el material que el barrio ofrece. Con cada stick del mando (yo he jugado en switch) controlamos una de las zapatillas y, como si fuéramos niños pequeños, tendremos que aprender a caminar. Al inicio seremos torpes y nos costará, pero a los pocos minutos le pillaremos el tranquillo y nos resultará satisfactorio mantener el ritmo con los dedos mientras caminamos por las reconocibles calles del vecindario de Bambas!

Cada jugador percibirá Bambas! de un modo diferente, pero la atmósfera que se respira es la de cultura urbana de inicios de milenio. Calzando estas zapatillas he podido visualizarme a mí mismo caminando a casa al salir de la escuela -excepto por el mar, de eso en mi zona no tenemos- en compañía de amigos. No es mi pueblo, pero podría serlo. Esos bancos, esas mesas, esas sillas, esos pequeños juguetes de los parques… mobiliario al que con toda seguridad ahora cuando caminas no le prestas atención, en este juego te recuerdan que hubo un tiempo en el que eran todo lo que necesitabas para pasarlo bien.
¿Y en qué consiste el videojuego? En hacer lo que haríamos si fuéramos críos, pero gamificado: subir por bancos, barandillas, saltar de un poste a otro, golpear piedras, aplastar papeles, pisar chicles, jugar al tejo -que vendría a ser la Rayuela, pero es mi análisis y yo uso el nombre que le damos en Albacete-, pisar alcantarillas, montar en monopatín, saltar en las colchonetas, golpear globos, etc. Muchos de estos desafíos se activarán automaticamente cuando nuestros pies entren en la zona clave o hagan una acción concreta, otros más complicadas nos los encargarán los pares de zapatillas NPC que encontraremos por el mapa, los cuales, además, nos cuentan historias del barrio, incluyendo muchos guiños a la cultura popular y alguna que otra crítica social.

No hay misión final, ni asistiremos a una gran historia. En Bambas! se nos suelta en la calle y que la experiencia sea un éxito o un fracaso dependerá de nuestra inventiva. En este sandbox callejero se nos da total libertad para recorrer el mapa y afrontar los desafíos como y cuando deseemos. ¿Queremos pasar la tarde dándole patadas a una piedra? Pues vale. ¿Queremos ponernos a superar desafíos para desbloquear «skins»? Valiendo. Cada uno afronta Bambas! a su gusto. No hay estrés, no hay penalización, no hay prisa. Por suerte, estas zapatillas no se rompen.
Sin embargo, y pese a que el potente combo de estética noventa, narrativa no lineal, juego cozy y nostalgia es capaz de derribar las murallas emotivas de cualquier gamer, el efecto se diluye con el paso del tiempo debido a lo tosco de su jugabilidad. Caminar es divertido y satisfactorio, eso sí, en línea recta. En cuanto intentamos hacer un movimiento diferente aparecen los problemas: es dificilísimo coordinar las zapatillas para dar un golpe a una piedra o lata -sin querer igual la desplazamos siete metros y luego intentando darle fuerte no pasan de medio-, también saltar por plataformas, subir barandillas o mantener el equilibrio se convierten en tareas frustrantes debido a que nuestra zapatilla no va donde queremos, la cámara no se mueve como sería deseable, las físicas no responden de forma coherente y otros tantos problemas. Igual con paciencia y entrenamiento se puede dominar el error de algún modo, pero, al menos en Switch, falta mucho por pulir y he terminado por abandonarlo antes de llegar a ese punto, dejando los desafíos más complejos sin terminar debido a la frustración que generaban.

Devilish Games sigue en su tendencia de desarrollar juegos que van mucho más allá de lo lúdico, que invitan a la reflexión y buscan despertar intensas emociones en el jugador, en este caso aludiendo a la nostalgia. La construcción de toda la parte narrativa, reflexiva y emotiva es algo que tienen muy bien trabajado, pero, y es algo que ya sucedía con Minabo, la parte jugable se les ha quedado muy por debajo, resultando en un videojuego desequilibrado. Al final, Bambas! es un juego muy interesante por su estética y por el mensaje que transmite, pero a los mandos no es demasiado entretenido y sólo el impacto de su mensaje y atmósfera mantiene al jugador en los mandos.
En mi caso, un par de horas muy bonitas me las ha dado, pero creo que con una jugabilidad más pulida, le habría dedicado más tiempo. Dicho esto, es un juego, como lo eran los anteriores del estudio (Minabo, Path to Mnemosyne, Onirike), que sé que permanecerá en mi memoria, por lo diferente y especial de su idea, y esto es algo de lo que muy pocos videojuegos actualmente pueden presumir.
Conclusión
Lo mejor que se puede decir de Bambas! es que resucita ese sentimiento de bajar a la calle a jugar sin saber exactamente a qué, dónde o con quién. Aquello de llamar a un timbre y preguntar «¿puede bajar Diego a jugar?» que las generaciones de hoy probablemente no conocen, o conocen menos. Y no por las nuevas tecnologías -que también- sino porque cada vez es más difícil moverse con libertad y tranquilidad por las calles de cualquier barrio. Perderse por las calles de Bambas!, que podrían ser las de nuestra infancia, por sus aceras, bancos y parques; caminar, patear, saltar y explorar sin prisas, descubriendo a nuestro ritmo -y al de la radio – las historias de los vecinos es una agradable tarea que puede dar horas de diversión, siempre y cuando pasemos por alto algunas imprecisiones en los controles, cámara y físicas.
Autor
Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.

