DestacadoAnálisis

Drinder: donde ligar con dragones es más fácil que en Tinder

Octavo videojuego de las Campanadas DeVuego 2025

Algunas veces el ingenio aprieta cuando estás bajo algún tipo de limitación. Es aquí donde está la magia de las jam de videojuegos en la que equipos de conocidos o desconocidos se unen para crear un videojuego con unas reglas claras, un límite de tiempo y una temática común.  

Y es de una de estas jam, la Sant Jordi Jam de 2025, de la que surge esta propuesta tan divertida llamada Drinder. Este jueguito ha decidido mirar a los ojos a Tinder, ponerse una capa de fantasía por encima y reírse un poco de todo por el camino. Porque sí, esto es básicamente Tinder, pero en vez de personas con fotos de viajes y frases motivacionales, aquí ligas con seres fantásticos. Y, curiosamente, es tan raro y familiar como parece. 

La premisa es sencilla: conversar con estos seres con el objetivo de no aburrirlos y conseguir una cita. Nada de juegos enrevesados, estadísticas o planificaciones previas. Aquí todo se reduce a elegir bien qué dices y cuándo lo dices. Exactamente igual que en Tinder, solo que sin el miedo real a que te dejen en visto de por vida. 

La comparación es inevitable, lo siento. Tinder se vende como una app para conocer gente, pero acaba siendo un minijuego de resistencia emocional donde cualquier frase mal medida puede acabar con la conversación. Drinder entiende que esa es la parte desoladora y lo convierte en su mecánica: si la charla no fluye, se repite tema o no os entendéis bien, la cita se acaba y a otra cosa. No hay segundas oportunidades ni ghosting progresivo. Aquí el rechazo es rápido y limpio. Se agradece ese nivel de compasión. 

El tono humorístico es clave. Drinder no pretende engañar a nadie ni que lo tomes en serio. Todo está exagerado, desde las conversaciones hasta los estereotipos. Usa la parodia y la exageración para retratar un panorama muy variado de gente que a la postre no dista tanto de los que nos encontramos en las aplicaciones de citas reales. 

Eso sí, también hereda las limitaciones de un juego de jam. Es una experiencia corta, directa y con la profundidad mínima. No busca un desarrollo complejo ni encuentros memorables. Juegas una partida, te ríes, reconoces situaciones incómodas y familiares… y poco más. Tras coincidir con el obseso de los trenes, te cansas de intentar conocer a alguien por un tiempo y ya te dará por ahí otro día. 

Drinder no es un gran juego de citas, ni lo pretende. Es una broma bien entendida, una parodia de cómo se relacionan este tipo de aplicaciones y la interacción entre las personas a través de ellas. Y creo que consigue recordarte que muchas veces enfrentarte a un dragón a espadazos es más sencillo que exponerse a estas aplicaciones. 

Autor

Mercenario de la Salud

Sanitario de amplio espectro con más cafés que turnos, diseñador de videojuegos en fase alfa (y en modo pausa), y papá reciente a tiempo completo.
Lo demás, sinceramente, puede esperar.

CristianRD

Sanitario de amplio espectro con más cafés que turnos, diseñador de videojuegos en fase alfa (y en modo pausa), y papá reciente a tiempo completo. Lo demás, sinceramente, puede esperar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.