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Dawn of Fear. Volvemos a la mansión del horror

3 abril, 2020 7 mins de lectura

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Dawn of Fear. Volvemos a la mansión del horror

Los survival horror de los años 90 nos marcaron a todos. Algunos nos quedamos con Resident Evil y otros prefieren Silent Hill o Alone in the Dark, pero parece existir un consenso no escrito que establece que estas tres sagas son los pilares sobre los que se edifica todo un género. Difícil tarea es la de encontrar un juego actual que no se nutra de las mecánicas que éstos establecieron. Pero si hay que elegir un juego que seguramente ha dejado su señal por encima del resto, quizás todos señalaríamos el Resident Evil original. La mansión Spencer es de esos escenarios míticos que todos los buenos gamers recuerdan; un lugar laberíntico, que llegábamos a conocer como nuestra propia casa y por el que nos perdíamos durante horas y horas con Jill o Chris. Emular esta experiencia es lo que busca el juego que analizamos hoy: Dawn of Fear.

Empecemos por el principio, Dawn of Fear es el primer título de la joven desarrolladora Brok3nSite. Aunque parten con la ambiciosa idea de ofrecer algo similar a Resident Evil hay que tener presente que se trata de un equipo humilde y que, pese a contar con el apoyo del programa PlayStation Talents, no cuenta con los recursos de un triple A.

He de confesar que he tenido que reflexionar mucho para poder escribir esta review. Dawn of Fear tiene una serie de defectos que es imposible pasar por alto, que afectan a la jugabilidad y emborronan notablemente la experiencia. Pero también se percibe que los desarrolladores conocen al dedillo Resident Evil y han conseguido emular con precisión algunas de las sensaciones que nos despertaba la saga de Capcom.

Hall Dawn of Fear
El vestíbulo y escenario principal de Dawn of Fear

Una mansión de locura.

Empecemos por lo mejor: la mansión. ¿Cuántos juegos de terror hay en el mercado con una mansión/casa/caserón como escenario principal? Decenas, no es un género que destaque por innovador. Sin ir más lejos, dentro del mercado nacional, en los últimos meses hemos tenido varios lanzamientos, como Song of Horror o Fear the Dark Unknown. La idea de ambientar tu juego en una mansión laberíntica repleta de zombies y pasadizos es apostar a lo fácil, pero que ésta sea interesante y transmita una verdadera sensación de agobio es otro cantar. Si hoy enchufo la Nintendo Gamecube y pongo el Resident Evil aún recordaría gran parte de la mansión Spencer y esto se debe al gran trabajo de diseño, a cómo se iban desbloqueando diferentes partes de la casa y a los largos paseos que, inevitablemente, tenía que pegarme. Estaba tan bien diseñado que, a pesar de las innumerables vueltas que te obligaba a dar, nunca tenías la sensación de tedio o repetición. Pues bien, Dawn of Fear revive esa sensación con mucha fidelidad.

Pero claro, la mansión necesita vida – y muerte – para acabar de convertirse en un verdadero horror. Resident Evil nos agobiaba desde el primer momento: había pocos zombies – al inicio -, pero también escaseaba la munición. Cada bala contaba y verse rodeado y condenado a la muerte era algo habitual. Dawn of Fear es algo más generoso en cuanto a munición, pero conviene no confiarse. Al inicio nos sentiremos cómodos y no lo pasaremos mal en exceso, pero durante el tramo final lamentaremos cada bala que hayamos malgastado. Y no lo digo por decir: me ha sucedido, las he pasado canutas para completar el final del juego, teniendo que esquivar a zombies monstruosos y muriendo más veces de las que me gusta admitir por haberme entretenido en acabar con enemigos que podría haber evitado. Sin duda, los desarrolladores han estudiado mucho este tema y han establecido un equilibrio entre cantidad de zombies, munición y botiquines casi perfecto.

El sistema de guardado es limitado, sustituyendo las cintas de tinta y máquinas de escribir por velas. Podremos guardar tantas veces como velas apagadas encontremos. Si morimos, nos tocará repetir todo. Un método clásico, pero que funciona a las mil maravillas en este género: pocas cosas mejores que esa tensión y nerviosismo que tenemos cuando hemos completado algo difícil, estamos heridos gravemente y no localizamos ningún lugar de guardado.

Dawn of Fear imagen 2. Enemigos en la morgue
Si es posible, siempre es mejor evitar a los enemigos para no gastar balas.

Visualmente el juego no es de lo mejor que vamos a encontrar en PS4, pero camufla sus carencias al apuntar directamente a nuestra nostalgia rescatando momentos, escenas, encuadres y hasta salas de Resident Evil. Podríamos decir que es lo esperable viniendo de un equipo indie con recursos limitados. Con todo, hay cosas que son sangrantes a la vista, como el robótico ataque de algunos enemigos o el movimiento de golpeo con el cuchillo, que nunca sabes si ha impactado o no. La iluminación también es mejorable, hay zonas oscuras en las que nuestro personaje, literalmente, desaparece.

Donde sí encontramos algo más de personalidad es en el apartado sonoro, que si bien puede tener demasiada presencia en algunos momentos y llegan a ser bruscos algunos cambios de melodía, acompaña muy bien a la acción y contribuye a pegarnos algún que otro susto. Por ejemplo, hay un enemigo que camina sobre unas patas muy afiladas y hace ruido en el suelo, pues bien, cuando escuchas que ese sonido se acelera porque se va acercando es imposible que no se te pongan los pelos de punta.

Dawn of Fear imagen sala de alquimia

Buenas ideas, regular ejecución.

Aunque las buenas ideas están ahí y en todo momento se percibe que podría ser un gran juego, a Dawn of Fear se le comienzan a ver las costuras muy pronto. En primer lugar, la historia es típica y carente de interés. Controlamos a Alex, un hombre con un pasado traumático que recibe una carta en la que le informan de la muerte de su madrastra y decide visitar su casa para recoger unas cosas; allí se encuentra con un percal sobrenatural. Sinceramente, si simplemente nos soltaran en la casa y nos dijeran que tenemos que buscar la salida, no cambiaría nada. A lo largo de la aventura encontramos a algún que otro personaje y unas cuantas cartas y notas que nos “resuelven” el misterio, pero da igual, no deja de ser una historia vista mil y una veces que olvidaremos en cuestión de horas.

De nuevo se rescata el sistema de cámaras fijas que cambian cuando nos desplazamos por las habitaciones. Es un método que sienta muy bien al género pues nos oculta deliberadamente zonas por las que puede haber enemigos e intensifica el sentimiento de estar indefensos y perdidos. Ahora bien, hay que ponerlas con sentido. En Dawn of Fear hay varios cambios bruscos de cámara, carentes de lógica que nos despistarán; algunos tan antinaturales que, incluso dentro de la misma habitación, puedes llegar a desorientarte. No es un problema menor, pues a veces estás corriendo en una dirección, cambia la cámara y sin darte cuenta estás corriendo en la contraria y te acaba por pillar un zombie random. Todo sea dicho, en la mayor parte de las ocasiones el sistema funciona bastante bien, pero cuando falla, se hace notar.

Como buen survival horror, los puzles están presentes, aunque en Dawn of Fear no son demasiado complejos. Hay llaves que buscar, objetos que encontrar y pequeños acertijos que resolver, pero no son el atractivo principal. Siempre tendremos claro dónde ir, lo complejo será hacerlo. La dificultad viene dada por los enemigos, la escasez de balas y los pocos puntos de guardado, que nos harán andar con mucho ojo. En global, no diría que es difícil para los estándares del género, pero nos puede poner en aprietos en más de una ocasión.

Dawn of Fear enemigo grande
Las balas de escopeta hay que reservarlas para estos bichos.

Un juego sin pulir.

Todo lo dicho hasta el momento son problemas menores que sumados pueden llegar a empañar la experiencia, pero también comprensibles tratándose de un estudio novato que quizás ha intentado apuntar demasiado alto. En cualquier caso, son errores perdonables que no nos impedirían de disfrutar del juego. El lastre gordo, que verdaderamente puede hacerte aparcar el mando, es la enorme y alarmante cantidad de bugs.

Los hay de todo tipo: escenarios que no cargan, enemigos que te golpean a pesar de estar a quince metros, erráticos cambios de cámara y, en el peor de los casos, momentos en que se congela el juego. Si sucedieran de forma esporádica podríamos intentar ignorarlos, pero raro es que puedas jugar 5 minutos sin que algo raro pase por la pantalla. Tampoco quiero hacer más sangre de la necesaria en este aspecto, ya que los desarrolladores han atendido al feedback y, por lo que he leído, están preparando algún que otro parche.

No digo que sin estos problemas Dawn of Fear pasaría a ser una obra maestra, ya que sigue siendo un survival horror algo clásico – y genérico -, con aspectos que difícilmente van a quedar subsanados, pero seguramente sería una opción cercana al notable. En estos momentos está al precio de 20€ y nos puede ofrecer unas 4h de entretenimiento si somos hábiles y vamos al grano. Mi consejo, si sois fans del género, es tener un poquito de paciencia y esperar al parche.

Conclusión

Me resulta muy difícil sacar una conclusión limpia y clara de Dawn of Fear. El amor de los desarrolladores por el género se percibe y es evidente que hay talento detrás del juego. Hay cosas que me han encantado como la mansión o la sensación de estar indefensos ante un gran peligro, pero otros aspectos como la cámara, el control o el combate están muy por debajo de lo deseable. Por no hablar de la enorme cantidad de bugs que puebla el juego. Pese a estos problemas y a la gran dosis de paciencia que es necesario tener, Dawn of Fear me ha gustado. Recuerda mucho a la experiencia del primer Resident Evil y, a fin de cuentas, esto es lo mejor que se puede decir de cualquier juego del género.  

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Autor

Jefe de Redacción en

Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.