Aquellos que quieran ver sus límites con la disociación entre ambas manos tienen un desafío extremo con la obra de Alva Majo. Su jugabilidad es concisa y simple, pero a su vez compleja e intrincada. Controlar a medio mago con un stick, y otro medio mago con el otro stick parece pan comido, pero se complica por los saltos, trampas y recovecos que esconden las 100 fases que deberemos completar. Puede que visualmente no llame especialmente la atención, pero si queréis algo diferente y que os haga pensar de manera completamente distinta, aquí tenéis un claro ejemplo. No nos hacemos responsables de los dolores de cabeza causados por Ambidextro.
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