Mentiría si no dijese que, su arte fue lo primero que me llamó la atención, pero… claramente su Gameplay me atrapo de principio a fin. Ese combate es tan artesanal con tanta personalidad que hace de su experiencia un cúmulo de emociones. Cada desliz de la katana es una explosión de colores, un festival de sangre, un viaje visceral hacia lo más retorcido. La idea de armar combos a placer hace que sus combates sean mucho más que machacar botones. Más bien, lo convierte en todo un arte con estampas entrañables gracias a ese majestuoso stop motion. Aunque tampoco puedo olvidar los dolores de cabeza que me han dejado sus secuencias de plataformeo, con ese gato que lleva algodones en lugar de garras. No es un mal juego, pero necesita algunos ajustes en sus controles, y una rigurosa prueba de calidad para depurar todos sus bugs… Ni siquiera pude terminar mi partida porque un enemigo no dropeo una llave sobre el final del juego… Me recordó a Hellblade Senua Sacrifice con la antorcha. Siento que, The Spirit of the Samurai intenta ser tantas cosas al mismo tiempo, que al final del día olvida por completo su identidad.
Leer artículo completo

