En los últimos meses, el debate sobre la IA generativa en videojuegos ha pasado de ser una conversación técnica a convertirse en una guerra cultural. El punto de inflexión, para muchos, ha sido Expedition 33, ganador del GOTY de este año, después de que parte del equipo afirmara que habían utilizado IA generativa “solo un poco” durante el desarrollo.
Desde entonces, el discurso se ha polarizado:
o estás “a favor del progreso” o eres “una persona anclada en el pasado”.
Pero como game designer (y como alguien que entiende cómo se hace un videojuego desde dentro) creo que este debate está mal planteado desde la base.
Mi postura es clara: no justifico el uso de la IA generativa en el desarrollo artístico de videojuegos, y menos aún cuando hablamos de estudios con presupuesto, experiencia y capacidad humana suficiente para no depender de ella.
Y no, esto no va de tecnofobia. Va de ética, industria y futuro profesional.