Praenaris nos ha sorprendido gratamente con esta corta experiencia. Nos ha logrado transmitir en todo momento esa sensación de tensión, de encontrarnos en medio de una guerra, aunque eso sí, acomodados en nuestro ascensor. Las conversaciones hemos vivido cómo progresivamente se volvían más nerviosas y tensas (nada comunes para ser de un ascensor).
Un punto que juega muy a favor de Arima Lodge es su ambientación, lograda tanto por su aspecto visual como en su música, que pese a encontrarnos dentro de las mismas cuatro paredes todo el rato (que dicen bastante del lugar), vamos escuchando poco a poco cómo las pulsaciones se aceleran, así como los sonidos de guerra que aparecen en escena.
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