Bambas no es perfecto, pero hace su mejor esfuerzo. Los fallos ocasionales de la cámara ralentizan mi ritmo. El menú de personalización no usa los botones direccionales tradicionales, lo que añade una ligera curva de dificultad. Las escaleras son difíciles de subir. A veces, mi zapato atraviesa un peldaño sin decidir del todo si ha hecho contacto o no. Y la perspectiva ampliada —como si fueras una persona muy alta mirando hacia tus zapatos— a veces me deja confundido sobre mi entorno. Pero siempre hay otra lata que patear, alguien con quien hablar o una cerca sobre la que hacer equilibrio.