Blasphemous II se parece mucho más a un Metroidvania que su predecesor, con un mundo que te ruega que lo explores. Las peleas siguen siendo brutales, y el mundo sigue siendo una obra maestra de pixel art meticulosamente detallada, acompañado de gran forma por un apartado sonoro notable. No cabe duda que Blasphemous II hace todo bien como secuela, y todos los amantes de los Metroidvania deberían jugarlo.