«La dualidad del ser humano es las dos caras de una misma moneda, el bien y el mal coexistiendo en un mismo ser. Un ninja con dos almas y un único destino» – El regreso a los inicios de Ninja Gaiden-
El noble arte del Ninjutsu tiene como objetivo vital alcanzar un «corazón benévolo», y para lograrlo hay que vivir bajo el dogma de 17 preceptos o principios entre los que se incluye la serenidad, la sinceridad, la adaptabilidad, la nobleza o la generosidad. Pero lograr el Ninniku no kokoro (El corazón de la perseverancia a través de la adversidad), que dirían en la tierra del sol naciente, no es una tarea sencilla.
El día que Dotemu llamó a la puerta de los creadores de Blasphemous, lo hizo con las ideas muy claras de lo que quería. Su propuesta era la de crear una nueva entrega en 2D de una de las IP más icónicas de TECMO, Ninja Gaiden. Un nuevo título que reviviese la saga contentando a los fans más nostálgicos, pero también abriendo la puerta al nuevo público. The Game Kitchen tenía una misión muy clara: Actualizar la fórmula de Ninja Gaiden a la jugabilidad actual pero con el nivel de calidad y artístico demostrado en Blasphemous. Una vuelta a los orígenes, pero con los estándares de hoy en día.

La escena de la introducción es un verdadero homenaje al primer título de la saga.
Para lograrlo se marcaron unos pilares, unas pautas que han guiado el proyecto desde su concepción hasta el día de su lanzamiento. The Game Kitchen recogió el testigo y asumió el reto de hacer lo que mejor se le da: darle vida a un mundo pixelado, llenarlo de acción ninja y seres del averno y crear un videojuego sobresaliente. Un juego que disfrutarán todo tipo de jugadores y en el que los más veteranos del lugar, como un servidor, encontrarán referencias a los primeros títulos de las consolas domésticas de 8 bits de Nintendo y SEGA, y notarán algo calentito en el corazón, la nostalgia.
Una historia paralela al primer Ninja Gaiden
El primer título de la saga nos cuenta que un ninja llamado Ryū Hayabusa debe emprender un viaje hasta los Estados Unidos para vengar la muerte de su padre. Allí, descubre un complot para dominar el mundo liberando a un antiguo demonio. Al mismo tiempo que ocurren estos hechos, Ninja Gaiden: Ragebound nos emplaza en la aldea japonesa de Ryū, donde uno de sus alumnos más aventajados, Kenji, deberá hacer frente a un ejército de seres provenientes del infierno. La puerta que separa el mundo de los demonios y el de los humanos se ha abierto de forma repentina, y él es el único capaz de detener la amenaza.
Al poco de empezar su aventura el joven ninja se verá en una encrucijada moral. Con la muerte acechándole deberá elegir entre morir o sellar un pacto con una ninja llamada Kumori, miembro del Clan de la Araña Negra, sus enemigos desde hace siglos, y tener una oportunidad de proteger al mundo del mal absoluto.
Lo que empieza siendo una lucha entre el bien y el mal, termina siendo una travesía epopéyica de dos personas totalmente opuestas pero con un objetivo común, salvar a la humanidad. Un viaje en el que la empatía y el entendimiento provocarán que el rencor y el odio den paso a la comprensión y la humanidad. De la mano de Jordi de Paco, ambos evolucionan a través de diálogos con un mensaje poderoso y cargados de toques de humor. Los textos en este tipo de juegos frenéticos y de acción, raramente tienen un peso específico y relevante, pero en este caso enriquecen el título y le dan madurez.

Dos ninjas entre saltos y katanazos
NINJA GAIDEN: Ragebound es un juego de plataformas y acción tipo hack & slash con un ritmo frenético donde se avanza casi sin descanso. Se apoya en una jugabilidad arcade de la vieja escuela, de las que vivimos en los salones recreativos. Saltos medidos al milímetro, eliminar a cientos de enemigos de un solo golpe y escapar por los pelos de una muerte agónica. Pero introduce una serie de mecánicas que revitalizan y actualizan la fórmula: golpes especiales, armas secundarias, equipo potenciador, intercambio entre dos personajes… no revolucionan el género pero toman elementos de otros grandes juegos y lo unen creando una experiencia divertida y gratificante.
Lo primero que notas al ponerte al mando de los controles es la sensación de que todo va fluido, que responde a la perfección, un game feel impresionante que diría mi querido Alex. Da igual que manejes a Kenji, especialista en el cuerpo a cuerpo, o a Kumori, rápida y mortal en la distancia, todo funciona bien y se adapta a la mano del jugador. El juego te crea la sensación de que al morir es por un error tuyo y no por una injusticia o un mal diseño, algo que se agradece.
El número de fases de NINJA GAIDEN: Ragebound no es muy elevado, lo que te puede dar la sensación de ser un poco corto, pero tiene tantas opciones, secretos y coleccionables, que la rejugabilidad es bastante alta. Incluso se puede competir por ser el más rápido terminando fases, ideal para speedrunners. Una de las cosas más destacables es la gran variedad entre los niveles, no falta de nada, ir en moto, lancha, encima de un tren… todos los clásicos del género para disfrute del personal.

La eterna lucha contra el mal
En un juego de acción y plataformas firmado por The Game Kitchen, los combates deben estar a la altura. Y lo están. Deshacerse de enemigos (muchos de ellos homenajes a los títulos antiguos) a golpe de katana o kunais mientras avanzas esquivando trampas y precipicios se siente genial. Esquiva, salta, golpea, bloquea un ataque… tus reflejos y habilidad serán puestos a prueba, pero no te preocupes que la dificultad aunque exige no es abrasiva, salvo en un par de enemigos finales.
La cantidad de rivales a abatir es muy alta, pero destacan sobre todo por su originalidad y diseño los jefes del final de cada pantalla. Desde demonios infernales hasta enormes máquinas de guerra, la variedad hace que cada uno de ellos se sienta único. Aprender sus mecánicas de golpes, estudiar sus patrones de movimiento y golpear sus puntos débiles son las claves para vencerlos y vivir para contarlo. Sin duda, uno de los puntos más fuertes de Ninja Gaiden: Ragebound.

La cumbre del píxel
Acostumbrados al espectacular pixel art del estudio sevillano en títulos como Blasphemous o The Last Door no nos puede sorprender el nivel altísimo alcanzado en su último título. Incluso parece que hacen fácil lo difícil, consiguen dominar una técnica aparentemente sencilla y crean verdaderas obras de arte. Los fondos y los escenarios rebosan belleza y esconden cientos de detalles, de esos que marcan la diferencia. El diseño de personajes y enemigos es exquisito, un trabajo exhaustivo donde cada píxel busca una intención, la de llenar el ojo humano, pero sin alardes. Que se note la musculatura de los protagonistas o que las cintas que portan ondeen al viento es casi brujería digital.
En cuanto al apartado sonoro no se queda a la zaga, su banda sonora es posiblemente una de las mejores de este 2025, compuesta con maestría por el prolífico compositor español Sergio de Prado. Sus melodías contienen energía en estado puro, son épicas y valientes a partes iguales, y hacen que el jugador disfrute de una experiencia completa. Además, también contiene grandes temas de dos autores reconocidos en esta industria a nivel internacional: Ryuichi Nitta y Kaori Nakabai, ambos participaron en los títulos más clásicos y aportan un toque que enamorará a los fans más antiguos de la saga.

Conclusión
NINJA GAIDEN: Ragebound no solo recupera una saga legendaria; la reinterpreta con respeto, técnica y corazón. Es, por méritos propios, uno de los grandes títulos de este 2025: un juego de acción y plataformas divertido, frenético y con un apartado artístico que impresiona. Y además, tiene ninjas; algo que siempre suma puntos.
Hemos realizado este análisis en PC con un código proporcionado por The Game Kitchen
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Autor
Pasión por los videojuegos en Retro & Pixel Press y DeVuego
Podcaster en NESbuscando en la Basura, A Link To The Podcast y El Indiario
En mis ratos libres comando la Normandía.



Genial. Nos encanta