Incluso dentro de la industria independiente española, sector que de base acapara menos focos de los que merece, también hay niveles. Hay juegos que, dentro de esta realidad, tienen relativa difusión y notoriedad, ya sea por un mejor trabajo de marketing, por haber generado más movimiento en redes sociales y prensa o por el motivo que sea. Otros, sin embargo, pasan completamente desapercibidos y en demasiadas ocasiones nos perdemos verdaderas joyas. Una de las actividades que más me gusta hacer en DeVuego es, cuando se acerca el final del año, repasar todo lo que tenemos registrado en la web porque siempre acabo dando con uno de estos juegos que han terminado «enterrados» entre la vorágine de lanzamientos. El año pasado fue Astrodelia; este año el juego que merece rescatar y poner en primer plano es Membal, de Goca Games, disponible Switch, Steam y plataformas móviles

Un divertido serious game
Membal es un videojuego diferente. Se enmarcaría en lo que se conoce como serious game, es decir, un juego que, sin renunciar a ofrecer entretenimiento y diversión, tiene otros objetivos igual de importantes, en este caso el de entrenar la memoria del jugador. Según cuenta el desarrollador en la página de Steam, la idea de Membal surgió hace años, del deseo de querer ayudar a su tía, diagnosticada con Alzheimer.
La aventura comienza en un pequeño pueblo casi desierto y nuestro objetivo, con ayuda de Tieta, será el de llenarlo de vida. Para ello tendremos que construir diferentes edificios como la peluquería, la frutería o pescadería que nos permitirán desbloquear Membals, un variado grupo de furros que se convertirán en nuestros vecinos. Poco a poco, y sin ningún tipo de prisa, a medida que jugamos el pueblo irá creciendo y los animales, que hay más de 150, poblarán unas calles que no tardarán en rebosar vida.

Tener buen gusto contribuye a que el pueblo luzca mejor ya que iremos desbloqueando mobiliario y objetos para decorarlo, así como outfits y peinados para nuestro personaje. Sin tratarse de un videojuego que llegue a la complejidad de los referentes del Village Builder (¿se puede considerar esto un género?), como podría ser Animal Crossing, lo cierto es que es muy satisfactorio recorrer las pequeñas calles de Membal e ir posicionando los objetos donde queremos o hablar con los diferentes animales, los cuales, a pesar de que sólo tienen un par de líneas de diálogo (una antes y otra después de la misión que cada uno de ellos nos encargará), seguro que nos sacarán más de una sonrisa. No podemos entrar en las diferentes casas, ni nos van a sorprender con alocados recados, pero el saber que todo esto lo hemos construido nosotros tras muchas horas de juego y con mucha paciencia dan como resultado una armoniosa sensación de paz y tranquilidad, acercando mucho la experiencia de juego al tan famoso hoy en día Wholesome Game.

Pero lleguemos al punto de la cuestión: podemos desbloquear objetos, edificios, vecinos, ropa, peinados… ¿pero cómo? Jugando a minijuegos que pondrán a prueba nuestra memoria de variadas formas. Al inicio de la aventura se nos dará un móvil en el que podremos descargar juegos que, al ir completándolos, nos recompensarán con monedas y diamantes que servirán para desbloquear contenido para la ciudad, el cual, al final, nos da acceso a más minijuegos. De una forma muy orgánica se combina la resolución de actividades de memoria con la construcción del pueblo, ya que no podremos avanzar en un aspecto sin dedicar tiempo al otro.
El plantel de minijuegos es variado y pondrá a prueba nuestro cerebro de diferentes maneras. Al final, todo se basa en memorizar números, formas, colores, patrones y secuencias, pero es muy curioso ver como un pequeño cambio en la estructura de un juego puede generar una dificultad enorme en el jugador. Por ejemplo, los minijuegos con los que iniciamos para mí eran muy simples: uno de memorizar secuencias de números que luego hay que repetir y otro de recordar unas frutas que luego hay que encontrar dentro de una lista. Fácil, incluso en los niveles más avanzados del minijuego no he tenido demasiados problemas. Fácil hasta el punto que he llegado a pensar que quizás la dificultad no estaba bien medida. La sensación ha durado poco, el tiempo que he tardado en desbloquear un juego de emparejar cartas, donde he descubierto ser absolutamente terrible en memorizar, al mismo tiempo, formas complejas y su ubicación. Puedo afirmar con satisfacción, después de un par de semanas jugando a Membal y dedicando tiempo a este desafío en concreto, que he mejorado. Sigo siendo pésimo, pero menos.

Pero más interesante que mi evidente progresión ha sido descubrir puntos débiles -y fuertes- que desconocía de mí mismo, así como identificar los mecanismos que mi averiado cerebro usa para superar determinados puzles. Por ejemplo, hay un minijuego muy interesante que consiste en memorizar un trazado y, tras unos segundos, dibujarlo en una cuadricula. No sé si todos los jugadores actuarán igual, pero mi ‘método’ no ha sido el de memorizar el trazado, sino los huecos vacíos. Otro caso ha sido descubrir que, a la hora de recordar objetos o colores, necesito verbalizarlos en voz alta, algo que quizás sea frecuente, pero en lo que no había reparado; por lo que ahora me estoy esforzando en repetir los minijuegos en completo silencio.
Membal se juega con calma y con paciencia y el diseño del juego nos obliga a ello. No tiene sentido sentarse delante de la consola y superar todos los niveles de todos los minijuegos en una tarde; además de que el mismo videojuego nos lo impide: llegará un momento en que no habrá animales que invitar o juegos que desbloquear y tendremos que dejarlo hasta el día siguiente (incluso hay una prueba que nos obliga a jugar en días diferentes).

Membal pretende que seamos constantes y que dediquemos al juego unos minutos cada día para ir construyendo y desarrollando estrategias mentales que nos permitan entrenar nuestra capacidad de memoria. Bajo mi punto de vista, jugarlo de otra manera sería no aprovechar la experiencia en su totalidad. Membal nos pone presión, no nos exige completar el máximo nivel de cada prueba, no nos asfixia con misiones imposibles o con grandes retos: sólo nos «invita» a jugar y los resultados llegarán solos.
Llevo jugando unas tres semanas, siempre antes o después de una partida a un juego más intenso, y seguiré, ya que aún me queda mucho por desbloquear. Además, un aliciente interesante que seguro nos empuja a reabrir el juego es que, como sucede con Animal Crossing, hay eventos especiales reservados para los días especiales del año.
Conclusión
No sé cómo estará funcionando Membal en el mercado, pero es una pena que un juego tan bien hecho, que tras un arte naíf y encantador esconde un complejo diseño con mecánicas bien entrelazadas y con un aura tan positiva pueda pasar desapercibido en nuestra industria. Los minijuegos son variados, divertidos y activan nuestra materia gris, el componente de creación de un pueblo es lo suficiente detallado y cuenta con el contenido necesario como para empujarnos a jugarlo a diario, pero lo más importante es la atmósfera de positivismo que destila el juego. Es imposible no sentir paz o felicidad al cruzarte un vecino, al cambiar de peinado o simplemente recorriendo la pequeña aldea que habremos decorado a nuestro gusto. En definitiva, Membal tiene muchas papeletas para convertirse en un ‘juego refugio’ para el jugador y, de paso, mejorar su memoria.
Autor
Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.

