El título es una verdad a medias, pero ¿verdad que queda bien? El Pong fue uno de los primeros videojuegos de la historia, y quizás el primero con importancia a nivel comercial, pero no fue el inicio de la industria del videojuego. Esa gesta hay que concedérsela a otros juegos, los cuales nacieron como experimentos o como pruebas para medir la potencia de diferentes ordenadores y no con funciones de entretenimiento. En cualquier caso, la clásica mecánica del Pong, aunque date del 1972, es atemporal y siempre hay desarrolladores dispuestos a cogerla y ponerla al día. Es el caso de Costantin Dragos, o Spirit Warrior en Twitter, quien se estrenó en la industria con Pongo17, un pequeño juego para Android basado en el clásico Pong.

El Pong espacial
Pongo17 no cambia el esquema clásico de juego: partidas 1 vs 1 en las que cada jugador mueve una paleta para golpear una esfera que viaja de un lado a otro hasta que uno falla, envueltas con una estética espacial. Siempre que vuelvo a uno de estos juegos clásicos me sorprendo con lo adictivas que son estas mecánicas que, a ojos de hoy, nos parecen simplísimas.
El elemento diferencial de Pongo17 es la presencia de constantes, y determinantes, power-ups. Las partidas son largas y constantemente por el escenario aparecen objetos que, aleatoriamente, irán hacia nosotros o hacia nuestro rival. Estos power-ups tienen efectos determinantes en el devenir de las partidas: construir muro detrás de la paleta para impedir que la bola caiga, aumentar el tamaño de la paleta o darnos la posibilidad de disparar al enemigo. También hay uno bastante molesto que nos ralentiza. Y son acumulativos; es decir, si tenemos suerte y recogemos todos los power-ups posibles podremos llegar a construir una muralla detrás de nuestra paleta. Pero también nuestro rival.

Otro elemento interesante del gameplay es que la bola, si toca los power-ups mientras éstos viajan de un lado a otro, también adquiere poderes: puede ir más rápido, moverse de forma aleatoria, darnos tres puntos extra o incluso restarlos. El resultado de tanto y tan frecuente potenciador es un gameplay intenso y divertido en el que tan importante es prestar atención a la esfera como a hacernos con un buen arsenal y evitar que el rival lo haga.
Aunque Pong17 ofrece una experiencia de juego muy sólida y divertida, no ofrece variedad al jugador. Sólo tenemos dos modalidades de juego: 1 vs 1, en el que dos personas pueden enfrentarse, cada una a un lado del dispositivo, por lo que hay que jugar con un móvil grande o con una tablet. Por otro lado, 1 vs IA, modalidad principal, pero que consta de un único nivel. No es fácil ganar a la IA porque está programada para no fallar casi nunca y coger todos los power-ups, pero cuando lo hagamos no encontraremos demasiados alicientes para volver a repetir la gesta. Ganando se nos recompensará con unos meteoritos que permiten desbloquear nuevos aspectos para la esfera, pero no termina de ser algo atractivo, al menos para mí. Habría deseado contar con varios niveles en los que la dificultad aumentara de forma progresiva porque ofrecer un solo nivel se me antoja demasiado poco.
Tampoco es un juego que destaque en lo visual o sonoro, pero sí que es digno de mención lo fluido que va Pong17 en todo momento. No he encontrado ni un solo problema en el control con la pantalla táctil, bugs durante las partidas o problemas de ralentizaciones -cosas típicas que suceden en los juegos para plataformas móviles- y eso que he jugado en un móvil que dentro de poco sólo servirá como pisapapeles.
Conclusión
El pong no puede defraudar y Pongo17 respeta el clásico juego al tiempo que incluye mecánicas nuevas para darle más intensidad y emoción a las partidas. No es la propuesta más original del mercado para plataformas móviles y seguramente le falta contenido, pero si ponemos todo en perspectiva y tenemos en cuenta que se trata de la primera experiencia del desarrollador, se trata de un videojuego para Android con un acabado muy sólido y que asegura pasar un rato muy divertido. Siempre es bueno tener un juego así en el dispositivo.
Autor
Pese a mi continua obsesión con la literatura, los videojuegos y el deporte, logré acabar mis estudios de filología. Resido en Italia y adoro la pizza.

