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Lo inquietante en Call of The Sea

10 febrero, 2021 4 mins de lectura

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Lo inquietante en Call of The Sea

Call of The Sea, el juego más reciente del estudio madrileño Out of the Blue Games, sabe alzarse y cimentarse como una de las obras que mejor comprende y adapta a un autor que, precisamente, es considerablemente arduo de sacar de la literatura para llevarlo a medios audiovisuales.

El esquivo, y recientemente notorio y más popular que en vida, Howard Phillips Lovecraft es, entre otras cosas, conocido por su destreza e imaginación creando una mitología onírica llena de simbología, criaturas de pesadilla, dioses arbitrarios, cultos horribles y primitivos, endriagos que trascienden el tiempo y el espacio y conciben a la humanidad como una raza inferior e indiferente por su fugacidad y precocidad aunque, en ocasiones, mantengan relaciones con ella para satisfacer sus caprichos.

El escritor de Providence, como ya se ha expuesto anteriormente, destaca por las complejidades con las que tienen que lidiar aquellos que anhelan llevarlo al cine o al videojuego. El terror lovecraftiano es caracterizado por constreñir y atemorizar a sus lectores a través, principalmente, de sensaciones, sugerencias, pensamientos que surgen en la mente tras invertir unos minutos en la lectura e inmersión.

Sus relatos son, ciertamente, luctuosos y deprimentes. Es, desde su óptica, duro de asimilar que nuestro tiempo sea tan efímero y nuestra existencia tan insignificante y fútil en comparación con la inmensidad del universo que nos rodea, de los seres atávicos que lo habitan y lo fatídico y nefasto que puede ser, para cualquiera de nosotros, tratar de entrar en contacto con aquellas entidades, averiguar más sobre las mismas o buscar conocimientos prohibidos que deberían permanecer alejados de nuestros ojos.

Habitualmente, los taciturnos protagonistas de los mitos son sujetos que, tarde o temprano, como producto del libre albedrio o antojo de algo superior, acaban siendo testigos de arquitecturas imposibles y colosales y hechos delirantes e inenarrables para una convicción racional y, finalmente, tratan de negar que algo así sea posible hasta que pierden toda cordura.

La otra corriente gira en torno a aquellos que se enfrentan a un destino inexorable e inescapable: una transformación, un cambio enfermizo y total, la visita a una villa profana e impía a la que siempre han pertenecido y el descubrimiento de lugares inhóspitos y corruptos.

Call of the Sea gira en torno a ambas vertientes. La protagonista, Norah, sufre una extraña y atípica aflicción que escapa al control y alcance de toda ciencia médica y que, por algún motivo, la hace sentir ligada al mar. Su marido, un intrépido y galante aventurero llamado Harry, no dispuesto a aceptar el fatídico y ominoso final de su amada, decide dirigirse a una isla donde, tras semanas de revisión literaria y estudio intensivo, cree que podría encontrar una cura para el mal que asola sus vidas. Allí viaja con una envidiable seguridad y convencimiento aunque, eventualmente, deja de dar señales de vida.

Norah, preocupada ante la ausencia de cartas y noticias, toma la decisión de buscar y encontrar esa huidiza y esquiva tierra profana para hallar los misterios que buscaba su esposo. Una vez allí, nos encontraremos con unas horas de resolución de puzles, exploración, búsqueda de pistas y documentos cuya finalidad es recabar información. No quiero perder demasiado tiempo con esto, puesto que este texto no es un análisis pero, puedo decir, sin atisbos de duda o cohibiciones, que esta obra es tremendamente disfrutable y satisfactoria.

Dicho eso, volvamos a Lovecraft. Suele contarse que, un joven Howard, estuvo a punto de ahogarse una vez y, a raíz de ese incidente, surgió su instintiva e incontrolable aversión al océano y todo lo que hay en él. En su trabajo, es un tema considerablemente recurrente asociado, normalmente, a destinos indefectibles y, a su vez, símbolo de nacimiento, transformación y resurrección.

Durante nuestro periplo, los elementos acuáticos son parte del escenario. Seres con rasgos anfibios y branquias nos acompañarán constantemente.

Norah siente una morbosa y obscena atracción hacia el mar. De alguna manera, se encuentra menos enferma cuando llega a la isla. Por algún motivo, en aquel idílico pero inquietante lugar, tiene el presentimiento de estar como en casa. Todo le es familiar, aunque no sabe la razón. En cierto sentido, quizá derivado de un recuerdo remoto o un pensamiento grotesco, tiene la impresión de conocer todo lo que está viendo.

Lo más insólito de nuestra Odisea, junto a las construcciones arquitectónicas apoteósicas y megalómanas, las formas sugerentes y sombrías y la certeza de estar enfrentándonos a algo inevitable, es la horrenda y repugnante quietud y tranquilidad con la que todas esas visiones son aceptadas y asimiladas.

Jamás nos abandona el sutil e intranquilizador pensamiento de que un ojo corrupto e incansable nos está observando, un demiurgo que se asegura de que nuestro camino hacia lo insoslayable sea firme y recto, un ser al que jamás podremos comprender y que, sin embargo, parece esperarnos para darnos una bienvenida cálida una vez que alcancemos nuestro destino.

Los terrenos y escenarios fantásticos resultan tan sobrecogedores como preciosos y tenebrosos.

Como amante incondicional de la obra del esquivo Lovecraft, puedo señalar y aplaudir los infinitos y loables logros de este título adaptando al autor tanto en sus aspectos más superficiales, a través de una envidiable, elocuente y atractiva atmósfera y otros más complejos, como su destreza para entender y plasmar las bondades y complejidades del horror cósmico.

Seáis neófitos o no en la mitología lovecraftiana, deberías darle una oportunidad a Call of The Sea.

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Autor

Me gustan las buenas historias, independientemente del formato. El videojuego es una de mis pasiones, y suelo hablar de ella con frecuencia.