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Gigantosaurus: el juego: el análisis

3 junio, 2020 5 mins de lectura

Gigantosaurus: el juego: el análisis

Cuando supe por primera vez de Gigantosaurus: el juego, su marcado planteamiento como entretenimiento para el público infantil me hizo dudar sobre si debía animarme a analizarlo, porque si yo no era el target del producto, tal vez no podría desarrollar una buena valoración sobre él. Pero, al final, la cabra tira al monte, y yo me siento gustosamente obligado a consumir cualquier producto de entretenimiento que tenga que ver con dinosaurios. Para mi sorpresa, sin embargo, jugando a Gigantosaurus he descubierto un título que, a pesar de estar orientado a pequeños futuros paleontólogos, sabe ofrecer una experiencia agradable a jugadores de todas las edades.

Gigantosaurus: el juego es un videojuego desarrollado por Wild Sphere basado en la homónima serie de animación de Disney Channel. Partiendo de la misma trama que la serie, este título nos presenta a cuatro pequeños dinosaurios —Mazu, Rocky, Tiny y Bill— que tendrán que recuperar los huevos que un par de velociraptores con bastante mala leche se han dedicado a robar. Además, durante su aventura, descubrirán que un gran meteorito ha tapado un volcán a punto de erupcionar, y deberán ayudar a Giganto, el gigantosaurio, a evitar el gran desastre. En esta aventura de plataformeo jurásico tridimensional, recorreremos diversas zonas abiertas (cada una basada en un ecosistema diferente) donde deberemos explorar, brincar y resolver algunos puzles para ir recogiendo tanto los huevos robados como otros coleccionales. Estas áreas, sin tener ninguna de ellas una extensión abismal, sí presentan una gran cantidad de contenido, con mini-retos, secretitos y objetos que recoger en prácticamente cada rincón. Esto, además, se complementa muy bien con un control bastante pulido, que hace que moverse por la era Mesozoica sea agradable e intuitivo.

Me planteo seriamente darle una oportunidad a la serie. Estos bichillos son monísimos.

Durante la partida, podremos elegir a cuál de los cuatro protagonistas queremos controlar en todo momento. Aunque cada uno presenta una habilidad única que de vez en cuando servirá para resolver un puzle, la mecánica de alternar entre personajes no juega un papel fundamental en el diseño como sí lo hacía en, por ejemplo, Treasure Rangers (un título con un planteamiento bastante similar en algunos aspectos, por cierto). La existencia de cuatro dinosaurios jugables, por tanto, está más ligada al juego cooperativo, donde simplemente pulsando un botón del mando un segundo jugador puede unirse a la partida. Aunque no he podido probar este modo por mí mismo, el diseño de niveles parece muy enfocado a hacer del multijugador una experiencia genuinamente divertida.

Y, como podréis imaginar, otra de las partes más importantes de Gigantosaurus es la obtención de coleccionables. Por supuesto, los elementos principales a recoger son los ya mencionados huevos, puesto que es a través de estos que la historia irá avanzando y desbloquearemos las nuevas áreas, pero también podemos recoger semillas, nueces, y páginas de la Gigantopedia. La ubicación de estos objetos está bastante bien planteada, y la mayoría de ellos requieren resolver un pequeño reto plataformero para ser alcanzados. Además, aunque la mayoría de objetos aparecen señalados en el mapa, las páginas permanecen ocultas en todo momento, de modo que se establecen diferentes niveles de exigencia para el jugador en función de cómo quiera afrontar la partida. Aquellos que simplemente quieran recorrer los mundos y pegar algunos saltos alegremente podrán ir avanzando de zona en zona recogiendo cuatro de los diez huevos que hay en cada una de ellas. Los que quieran alargar un poco más la experiencia y disfrutar al completo del diseño de los escenarios, pueden recoger todos los coleccionables que aparecen marcados en el mapa, algunos de los cuales ya exigen darle un par de vueltas a la cabeza para deducir cómo alcanzarlos. Y, por último, quienes busquen exprimir al máximo tanto los escenarios como su sesera tienen la posibilidad de, además de todo lo anterior, registrar a fondo cada nivel en busca de las páginas ocultas.

En cuanto al apartado artístico, tanto visual como musicalmente, el tono del juego es agradable y muy bonico, con un estilo cartoon muy similar al de la serie.

En este sentido, sin embargo, hay un par de apuntes que no me han terminado de encajar. Uno de ellos es que, al recoger un huevo, deberemos devolverlo a una zona específica del mapa, donde irán quedando todos juntos. Este camino de vuelta se puede hacer un poco pesado, especialmente cuando hay varios de estos coleccionables relativamente juntos, pero no pueden recogerse todos de golpe. Por otro lado, en algún momento he echado en falta un minimapa en la pantalla para no tener que pausar el juego cada vez que quería comprobar mi ubicación. Aunque las zonas no son muy grandes, hasta que uno se familiariza con ellas, pueden ser algo laberínticas.

No sé muy bien por culpa de quién, pero desgraciadamente estamos acostumbrados a que los juegos que se orientan a un público más joven estén poco elaborados y pequen con frecuencia de tener un diseño insípido. «¡Qué más da! Total, son para niños, ¿no?» Pero lo cierto es que, en el caso de Gigantosaurus, nos encontramos ante un juego divertido en su desarrollo e imaginativo en su diseño. Para desplazarse entre los diferentes ecosistemas que podemos explorar, los dinosaurios coleguitas se montarán en sus karts y competirán en unas carreras que coinciden con el resto del juego tanto en dificultad accesible como en buen gusto. Por otro lado, los escenarios principales están salpicados con “juguetes” que permiten a nuestros reptiles prehistóricos moverse de formas especiales durante cortos periodos de tiempo (saltar muy alto, planear, correr mucho…). Ninguno de ellos supone un cambio rompedor para el género, pero todos son pequeñas sorpresitas, originales y bien pensadas. Con una gran cantidad de pequeñas buenas ideas, la gente de Wild Sphere ha sabido crear un juego que demuestra que no solo los juegos complicados pueden tener un buen diseño

Aquellos que busquen el nuevo Turok o Dino Crisis, evidentemente aquí no lo van a encontrar. Esta es una aventura para brincar por ahí con música pegadiza y dinosaurios bailongos. Y precisamente por esta unión entre accesibilidad y abundancia de contenido, me parece un juego que puede gustar mucho a los churumbeles. Además, aunque en ciertos puntos se plantea como un juego con tintes educativos, no supone una intrusión molesta en la experiencia de juego. Me explico: no es uno de esos títulos que simplemente consisten en ludificar las multiplicaciones o la ortografía, con menos profundidad que un charco en lo jugable y un rollazo a ojos de los niños. Aquí lo importante es que jugarlo sea divertido, pero a la vez integra pequeños detalles educativos en su gameplay. Por poner un ejemplo, en el mapa se utilizan curvas de nivel para representar el relieve de los escenarios. No te estampan una lección en la cara, pero sí te familiarizan con algo útil y que en la vida real funciona del mismo modo.

Finalmente, y ante la pregunta de si este es exclusivamente un título infantil, debo decir que yo, con 23 años y la cara llena de pelo, lo he disfrutado mucho durante las 12 horas que me ha durado. Gigantosaurus es un título tranquilo, que no plantea grandes retos, pero perfecto para jugar sin presiones mientras, por ejemplo, escuchas un podcast buenísimo sobre videojuegos españoles. Es, en esencia, un buen juego con una dificultad que se adapta a jugadores menos experimentados, pero que en ningún momento los trata como tontos ni les hace de menos ofreciéndoles un peor producto. Para todos los padres que tengan algún chiquillo en casa aburrido como una ostra, pocas opciones más divertidas y recomendables se me ocurren que Gigantosaurus: el juego, posiblemente una de las pocas obras que, aun juntando dinosaurios y un meteorito, termina con un final feliz.

Trailer de Gigantosaurus: el juego, Para este análisis he jugado la versión de PlayStation 4.
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Redactor | Web

Ambientólogo y camarero. Amante de lo japonés, los dinosaurios y la sanfaina con atún. Escribo y juego tumbado, normalmente desde Barcelona.