Análisis Destacado

HyperParasite. Nuestro vecino y amigo Parásito-sama

6 abril, 2020 6 mins de lectura

HyperParasite. Nuestro vecino y amigo Parásito-sama

Nota: Durante la escritura de la review el juego estaba en Early Access. La versión final podría sufrir alguna leve modificación. Además, el título está pensando para ser jugado enteramente con mando. Para la elaboración de este análisis he usado uno de Xbox One.

Como aficionado a los roguelike hay un aspecto de éstos que me llama, siempre, poderosamente la atención. Se trata de un rasgo del diseño el cual me fascina y, a su vez, me ayuda a tener una experiencia mucho más inmersiva: el contexto narrativo. Me resulta muy interesante el tipo de balance que se establece entre esa experiencia a la que nos pueden tener volviendo en repetidas ocasiones y la posible historia que hay detrás. A veces nos lo sirven en bandeja, como ocurre en The Binding of Isaac (una historia en la que luego, debido a cómo se estructura el juego, si nos llama la atención, podemos profundizar), pero no siempre es así, siendo Nuclear Throne, tal vez, un ejemplo un tanto más confuso. En cualquier caso, HyperParasite no pasa por alto este aspecto. El hecho de que apenas le costara captar mi atención es debido a ello. Su estupenda propuesta se forja partiendo de este punto, y se nota. Quizá no sea lo que uno busca, sobre todo a nivel argumental, y eso está bien.

Al igual que The Binding of Isaac, HyperParasite ofrece un rico contexto justo al acceder al título: con lo primero que nos topamos es un vídeo de un presidente anunciado el estado de alerta. Sin embargo, hablamos de un peligro a escala mundial. La obra se sitúa en la década de los años ochenta y, más allá de conflictos mundiales, la raza humana tiene que lidiar con una nueva amenaza de «carácter orgánico»: un peligroso parásito, el cual es capaz de controlar a los seres humanos. ¿Y cuál es nuestro papel en tal escenario? Pues bien, como se dice en el tráiler, consiste en «ser el chico malo»: controlamos al parásito, al enemigo de la humanidad, quién puede llegar a provocar su desaparición. Para el tipo de obra que es HyperParasite no se trata de una premisa insulsa. Es más, en esta labor de construir una suerte de marco narrativo, como The Binding of Isaac, el título, ya digo, logra forjar una solidez muy particular.

No obstante, el juego de Troglobytes Games no resulta chocante solo por planteamiento, sino por cómo explora sus ideas disparatadas y, de igual modo, las enlaza al rollete de los roguelike modernos —efectivamente, en lo aleatorio del mapeado y lo irreversible de la muerte—. El juego consiste, básicamente, en avanzar por un total de cinco actos (sin contar los sub-niveles) en los que, paulatinamente, se nos van presentando todo tipo de retos y enemigos. Todo está diseñado alrededor del parásito, el eje central de la experiencia. La cosa, en términos generales, va de parasitar a los enemigos. Además, por obvio que pueda parecer, cabe destacar que, efectivamente, el juego «funciona mejor» en el momento en que mantenemos nuestra mente abierta al abanico de posibilidades que ofrecen tanto las dinámicas del parásito como los enemigos a los que podemos parasitar. Jugar a HyperParasite significa gestionar las directrices de la batalla tomando decisiones sin parar. Y aquí es donde uno se da cuenta de que está ante un título que, jugosamente, se atreve a ser distinto. Aunque puede que no siempre de la manera más óptima.

Cada uno de los enemigos a los que podamos parasitar (conforman, a su vez, el elenco de personajes posibles) nos proporcionará una forma de ataque básico y un ataque especial que se activa pulsando LT (espacio en el teclado) y que es infinito, empero tarda en cargarse. Luego también tenemos la posibilidad de contar con un objeto de un solo uso que se activan pulsando Y (L-CTRL en el teclado), el cual podremos obtener comprándolo en la tienda. Como comentan los propios desarrolladores, «“las vidas extra” son los propios enemigos». Cada vez que «muramos» volveremos a la forma de parásito. Si no tenemos enemigos a los que podamos adherirnos sufrimos horrores en avanzar. Hay que tener en cuenta que, mientras estemos en forma de parásito, seremos débiles, a menos que decidamos subir nuestra vida máxima mediante las mejoras que hallaremos esparcidas, de forma aleatoria, por el mapa. Esta clase de bonus nos permiten escoger entre tres opciones: aumentar la vida base del parásito, aumentar el índice de daño —tanto si estamos o no en posesión de un huésped— y mejorar nuestra resistencia. Asimismo, ya sea en la posición del parásito o en posesión de un enemigo, contamos con un dash el cual nos sirve para sortear ataques enemigos.

HyperParasite, como todo buen roguelike, es un reto complicado; pero también he de reconocer que, a menudo, un poco fastidioso. Me atrevería a decir que, de primeras, no se deja querer fácilmente. Al menos en lo jugable, a pesar de su frescor. Porque la «exigencia» que se incrusta en su progresión no reside tanto en su grado de dificultad, sino, más bien, en su densidad. Esto podemos apreciarlo, concretamente, en la relación que se establece entre las dinámicas del parásito y los enemigos. Para poder parasitar a los adversarios debemos, antes de nada, desbloquear esa posibilidad. A medida que vayamos avanzando obtendremos unos hologramas de los cerebros del enemigo. Al depositar alguno de ellos en el laboratorio, que está junto a la tienda, podremos ir abonando monedas hasta desbloquear la opción de parasitar a tal o cual contrincante. Se trata de un proceso, honestamente, tedioso. Y el hecho de que esto sea así, sin duda, complica las cosas al llegar a zonas nuevas, debido a que si nos matan al huésped que portamos del recinto anterior nos quedamos sin nada.

De todas maneras, para los instantes en los que no tenemos ningún personaje desbloqueado (ningún enemigo al que controlar) existen dos ventajas que tratan de facilitar todo este desarrollo. El primer punto ventajoso —para mí el más «cómodo»— es el de guardar hasta tres cuerpos que sí podamos pillar en las capsulas de almacenamiento, de nuevo al lado de la tienda. Esto lo que permite es, una vez alcanzamos la zona de turno, si resulta necesario, llegar hasta allí y volver a cogerlos. Y, por otro lado, contamos con la posibilidad de desbloquear los personajes con el descuento del personaje del mes.

En otro orden de ideas, su estética podría parecer que lo hace una pieza anodina, empero, al final del día, el interés genuino que logra despertar nace de su jugabilidad porque, con todo, hay bastante a lo que agarrarse. Aun siendo un early access, hoy por hoy, está repleto de contenido, personajes jugables (en total unos sesenta enemigos a los que podemos controlar), bosses tremendos, mini-jefes, objetos y más. Ese es el verdadero atractivo de la obra de Troglobytes Games, un encanto que, esporádicamente, decir que me costó reconocer.

Conclusión:

Si somos amantes de esta clase de juegos, HyperParasite es una experiencia que merece la pena degustar. Si bien es cierto, como decía, por cómo está planteada su curva de dificultad el juego, de vez en cuando, puede devenir una aventura un poco… pesada. Aun así, me es difícil olvidar el conjunto de acertadas decisiones —relativamente pequeñas dentro de la dinámica general de la experiencia— que permiten que jugar a HyperParasite sea, a la larga, tan y tan agradable. Pese a no desprender el aroma que sí dejan otros, el título es, honestamente, gustoso de jugar y está resuelto de una manera, por encima de todo, satisfactoria. Uno podría pensar que Troglobytes Games no sabe reconocer lo que se lleva entre manos, pero se nota que el equipo entiende bien sus referentes (Enter de Gungeon, Nuclear Throne, The Binding of Isaac, entre otros). Esto les ha permitido, en efecto, entablar una obra la cual deja un sabor de boca, en fin, muy decente. HyperParasite navega por aguas turbias, franqueadas por buques inmensos; a pesar de ello, aun siendo una pequeña balsa, sus materiales son resistentes. Al final del día, las maniobras que lleva a cabo para tratar de suplir sus «tropiezos» terminan por dilucidar todo aquello que, en mayor o menor medida, lo hace especial.

¿Te ha gustado? Apóyanos en Patreon para seguir creciendo y obtén acceso a contenidos exclusivos

Autor

Escritor aficionado y artista frustrado. Apasionado por la filosofía y las buenas historias. Entusiasta de la narrativa y la estética. Mi obsesión por H.P. Lovecraft me trasladó al mundo del rol y, desde entonces, no puedo salir de él. «Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn».