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Deadlight. Un apocalipsis con luces y sombras

13 febrero, 2020 5 mins de lectura

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Deadlight. Un apocalipsis con luces y sombras

La moral. La moral es un concepto curioso. La clásica pugna entre el bien y el mal, entre lo que social y popularmente se entiende como correcto e incorrecto, ha sido un tema recurrente en cualquier medio de expresión usado por la humanidad para plasmar sus inquietudes y conflictos internos y externos.

El videojuego ha sabido aprovecharse de esta dicotomía de una forma, en mi opinión, encomiable, coherente y magistral. Al implicar de forma directa al espectador, exigiendo de él compromiso y atención de manera continua, consigue que sean los propios jugadores quienes deban experimentar las contrariedades y contrastes de la ética y moral a través de sus decisiones. Es frecuente que muchas obras y títulos saquen partido de estas nociones a través de vías meramente someras y escuetas, sin ahondar demasiado en las motivaciones o razones que guían a los afectados en su manera de actuar y proceder ante la problemática y el contexto en el que se ven envueltos.

Héroes magnánimos, gallardos y virtuosos que se enfrentan a malvados cuya razón de ser es la consecución de su perniciosa e inicua meta, sin explorar demasiado las características y motivos de ambos bandos. Reduciendo la moralidad a una pequeña y sucinta categorización de blancos y negros, olvidando que la realidad es mucho más compleja y exuberante.

Los matices grises dan a los personajes capas extra de profundidad, interés y riqueza. Quizá los buenos y ejemplares no lo sean tanto como parecen, y tal vez los injustos e indeseables sean presos de una circunstancia que les supera y coarta, obligándoles a impulsar sus acciones, aparentemente dañinas y coercitivas, justificándose en un pretexto con el que podemos llegar a empatizar.

Imagen de acompañamiento para Deadlight

Algunas de mis títulos favoritos, como The Witcher 3, Red Dead Redemption 2 o Lisa, son profusos en escalas de grises, y ostentan una especial destreza y precisión a la hora de presentar estas cuestiones a aquellos que se encuentran al otro lado de la pantalla. En ocasiones, el efecto de inmersión es tan brillante y la capacidad de evocar sentimientos y emociones complejas tan loable que resulta arduo no sentirnos atormentados o afligidos al reflexionar sobre si hemos hecho lo correcto.

Este planteamiento es extrapolable a casi cualquier escenario. No siendo, por analogía a esta regla, los mundos postapocalípticos una excepción a la regla.

Deadlight, desarrollado en el seno de Tequila Works, y lanzado al mercado en agosto de 2012, nos sitúa en medio de una infección cuyos devastadores efectos han provocado que gran parte de la población mundial sucumba a una enfermedad que les reduce a una condición ignominiosa: la del no muerto. Zombies hambrientos de carne, entrañas y sangre deambulan por las calles de las antiguas opulentas ciudades, ocupando sus ciclópeos edificios.

Deadlight imagen 1

Empecemos por las cuestiones más superficiales: durante sus 4-5 horas de duración, Deadlight se me ha antojado como una experiencia bastante agridulce.

Durante nuestro periplo por los cochambrosos y ruinosos restos de Seattle, nos encontraremos con decenas de coleccionables. En principio, esto puede ser algo positivo para auspiciar la exploración más meticulosa y conseguir que nos sintamos inmersos en el mundo que presenta. El problema es que no alcanza esta meta. Dichos objetos, que suelen ser carnets o identificaciones militares, no tienen ninguna recompensa narrativa o jugable. No aportan nada más allá del placer prosaico de buscarlos y encontrarlos, en el caso de que seas uno de esos jugadores “completistas”.

Por lo demás, es una obra que en sus sistemas más mecánicos mezcla plataformeo, puzles y persecuciones con una lograda sensación de indefensión que se materializa en darle al jugador los recursos justos para sobrevivir, “ir tirando”. Los enemigos son particularmente resistentes, y suelen congregarse en un número considerable, por lo que la mejor estrategia tiende a ser huir o hacerles caer.

El apartado de puzles llega a ser ciertamente gratificante. En ningún momento se convierten en algo frustrante o tosco, sino todo lo contrario: es satisfactorio resolverlos, y consiguen que nos veamos en la obligación de interactuar con todo lo que nos rodea.

Deadlight gameplay imagen

La historia de Deadlight es conservadora dentro del género, sin demasiadas pretensiones. Se nos narra la odisea de Randall Wayne, un hombre atormentado y lleno de defectos, en la búsqueda de su mujer y su hija. Su familia. El único atisbo de cordura, humanidad y esperanza que le queda en un mundo que se desmorona paulatinamente, conforme la maldad purulenta avanza. Puede sonar típico, y lo es, pero lo importante en este título no está en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. En la narrativa, y en como involucra al jugador.

Resulta que Randall tenía un diario donde exponía sus anhelos, pensamientos y sentimientos más íntimos y reservados. Conforme juguemos, iremos encontrando las páginas que lo componen y, en el caso de que las encontremos todas, desbloquearemos un final secreto. Es en su contenido donde encontraremos unas anotaciones precisas, detalladas y, en ocasiones, tendenciosas sobre como era el mundo antes del incidente vírico, como la infección empezó a expandirse hasta asentarse y, lo más trascendente, los matices y contrariedades de nuestro protagonista y del contexto que le rodea.

Randall es un misántropo. Un hombre perdido en un mundo que avanza muy rápido. Su respuesta a este hecho es buscar en las ofertas de empleo hasta hallar un oficio que supla su necesidad de soledad y paz. Afortunadamente para él, lo consigue: ostentar la posición de guardabosques parece redundar en su dicha. Podremos ver en su diario su desempeño en este puesto, y como su carácter huraño y gruñón dificulta su trato con los turistas que visitan el bosque.

Además, podremos vislumbrar su amistad con otros individuos aislados, el amor que sentía por su familia y como empezó el caos. No solo su comienzo, sino también la respuesta social que tuvo. La gente priorizó la supervivencia frente a los debates o convicciones morales. Surgieron muchos grupos armados y resabiados, que desconfiaban de vivos y muertos. Asesinaban si era necesario, y hostigaban a quien hiciera falta para subsistir un día más. Es realmente interesante, y considero que aprovechar este documento para profundizar en la personalidad del protagonista es lo mejor que hace Deadlight.

Deadlight es, indudablemente, una experiencia agridulce. Con luces y sombras, pero, al mismo tiempo, pienso que cada juego es mucho más que la suma individual de sus partes. Deadlight presenta un apocalipsis genérico y desaprovechado en algunos de sus aspectos, pero funciona en computo general.

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Autor

Me gustan las buenas historias, independientemente del formato. El videojuego es una de mis pasiones, y suelo hablar de ella con frecuencia.