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Effie: un cuento hecho videojuego

24 junio, 2019 6 mins de lectura

Effie: un cuento hecho videojuego

Los cuentos y las fábulas han servido desde siempre para explicar cosas a los niños o transmitir valores que de otra manera serían más complicados de entender. Desde lecciones tan sencillas como que mentir está mal por parte de “Pinocho”, hasta enseñanzas más profundas como el significado del trabajo duro y la constancia de “La hormiga y la cigarra”. Como los otros tipos de narrativa, los cuentos han acompañado al hombre desde hace miles de años y han ido evolucionando y viendo su formato adaptado a los progresos de la humanidad. Estos progresos han ido de la simple transmisión oral a la escritura, el teatro y, más recientemente, el cine. Ahora, desde hace unos años, los videojuegos nos permiten disfrutar de forma interactiva de estas enseñanzas y manejar a los héroes y las heroínas que las protagonizan. Con esta mini-chapa pretendo introducir Effie, un auténtico juego-cuento sobre el que hay bastante que decir.

Effie es el último juego de Inverge Studios, un estudio valenciano que, tras haber desarrollado varios títulos para el mercado móvil, da el salto a consolas. En él controlaremos a Galand, un héroe que, en parte por la maldición de una bruja y en parte por su holgazanería, ha sido condenado a la vejez eterna. En consecuencia, deberá iniciar un viaje por un precioso mundo lleno de plataformas, puzles y enemigos para intentar vencer a su enemiga, demostrar que su corazón es puro, y recuperar su preciada juventud.

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Imágenes de postal tan bonitas como esta son el pan de cada día en el mundo de Effie.

En cuanto seleccionemos la opción de comenzar una nueva partida, se iniciará una pequeña cinemática. En un viejo salón iluminado solo por algunas velas y una chimenea, un hombre mayor sentado ante el fuego decide contarle un cuento a Effie, una niña muy bonica que corretea por la estancia. Según introduce nuestro nuevo narrador, “esta es una historia de caballeros, malvadas criaturas, esperanza, redención y, por encima de todo, de magia”. Con este ambiente tan acogedor y una maravillosa voz en inglés (y subtítulos en castellano), el hombre empieza a narrar las aventuras de Galand, el protagonista de su historia y de nuestro videojuego. No quiero entretenerme mucho con la trama, pero sí me gustaría dedicar unas líneas a comentar un detalle que me ha encantado: más allá de que la estructura narrativa sea la clásica en este tipo de relatos, y que la trama tenga una temática muy de cuento, explícitamente estamos jugando al cuento que un hombre le cuenta a una niña. Es una forma muy interesante de plantear la narrativa del juego y creo que este es uno de los detalles que hace que Effie funcione.

Ahora sí, empezando por el principio, Effie es un juego de plataformas en tres dimensiones. En su periplo, Galand deberá visitar diferentes ciudades para encontrar unas gemas que le permitan abrir la puerta del templo donde pueda enfrentarse a la bruja. Cada una de estas ciudades es un nivel que deberemos atravesar haciendo buen uso de los diferentes saltos que el héroe puede realizar y resolviendo algunos puzles que, sin ser complicados en ningún momento, añaden bastante dinamismo y variedad. Además, cabe destacar que debido a la marcada identidad de cada ciudad, y a que cada poco rato se presentan nuevos retos de plataformeo, en ningún momento se hace aburrido o repetitivo (aunque lo que estamos haciendo todo el rato es, esencialmente, saltar). De esta manera, y mediante un control bastante preciso y un buen diseño de niveles, Inverge Studios nos proporciona una experiencia muy disfrutable y fácil de jugar.

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Imagen de Galand resolviendo un puzle que le permitirá continuar su viaje.

En este fantástico mundo, sin embargo, además de inofensivas plataformas, también encontraremos a los esbirros de la bruja. Como suele pasar con los malos, intentarán impedir que avancemos en nuestra ardua tarea, y como suele suceder también, nosotros tendremos que darles pal pelo. En este caso, nuestro protagonista dispone de un escudo mágico que, entre muchas otras cosas, le sirve para combatir. Alternando golpes flojos y fuertes, podremos enlazar sencillos combos con los que mantener a raya a los esbirros más débiles, los comúnmente denominados “masillas”. Los enemigos más grandes, sin llegar a suponer un reto en ningún momento, requieren algo más de estrategia para decidir cuándo y cómo atacar. Además, cada vez que entremos a una nueva ciudad aprenderemos un nuevo ataque que añadirá un poco más de variedad al combate y nos facilitará considerablemente las cosas. Los mejores momentos en este aspecto son, sin duda, cuando se junta un grupo más o menos grande y heterogéneo de enemigos y toca decidir cómo lidiar con él. Como digo, la dificultad en el combate apenas hace presencia en un par de ocasiones, y este tipo de situaciones con diferentes enemigos en pantalla se hacen interesantes, pero también algo escasas. Por desgracia, es en estos momentos con varios enemigos en pantalla cuando el framerate del juego se ve afectado, dando algunas bajadas que, sin ser tampoco nada escandaloso, sí harán arquear una ceja a los más puristas.

Si bien estas dos mecánicas son los pilares principales de Effie, lo cierto es que existen otras que, aunque no reciban tanta importancia, son igual de disfrutables. Estas son la conducción (o surfeo) y la exploración. Las dos son acciones que sobre todo desarrollaremos en los Llanos Rojos de Oblena, una gran extensión de terreno a la que accedemos después del primer nivel y que hace las funciones de mundo abierto. Comenzando por el surf, Galand puede montarse sobre su escudo y desplazarse por los llanos a gran velocidad para cubrir rápidamente las distancias que separan los puntos de interés. ¿Cuáles son esos puntos de interés? Os preguntaréis. Pues bien, aquí es donde entra el otro factor: la exploración.

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Surfear por los Llanos Rojos de Oblena es una experiencia relajante y muy bonita.

Como ya he dicho, estos campos rojos son una especie de mundo abierto por el que podemos movernos libremente y desde el cual accederemos a las ciudades antes mencionadas. Pero eso no es todo, porque además, dispersos por el mapa se encuentran bastantes coleccionables y retos de plataformeo, combate y surfeo. Estos son totalmente opcionales, y depende enteramente de nosotros que los encontremos o no (algunos son más visibles que otros). Como único apunte negativo, debo decir que estaría bien poder hacer más desafíos de combate y más carreras, puesto que solo hay uno de cada y, teniendo en cuenta lo bien que están, uno se queda con ganas de más.

En lo que se refiere al apartado artístico, debo decir que me encanta. Tiene un aire de película de animación que le sienta genial, y tanto los escenarios como algunos detalles de la iluminación o de reflejos en los líquidos son simplemente preciosos. Las animaciones de Galand también están muy trabajadas, y en todo momento se mueve de forma muy fluida y convincente. La música también acompaña genial con melodías que, aunque ninguna sea especialmente recordable, todas cumplen con creces.

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¡Menudo tortazo se ha llevado! Algo habrá hecho para merecerlo…

Effie ha sido una grata sorpresa y lo he disfrutado mucho pero, sinceramente, creo que es necesario mirarlo con ojo crítico antes de lanzarse a comprarlo. Algunos detallitos como las ocasionales bajadas de frames, su reducida dificultad  y una duración que para algunos puede hacerse corta (a mí me ha durado 7 horas parándome a buscar todos los coleccionables) puede que eche a más de uno para atrás. Pero, por otro lado, es posible que ese no sea el público más adecuado para Effie. Mientras lo jugaba, no paraba de pensar que este es el juego perfecto para los padres y madres que quieran revivir la experiencia de jugar a un plataformas de su infancia, pero ahora junto a sus hijos. Es un juego bonito, divertido, y que precisamente por su condición de cuento, transmite muy bien valores como el aceptarse a uno mismo, la valentía, el saber perdonar o la humildad. Con esto no quiero decir que sea un juego que solo puedan disfrutar los niños, pero sí creo que estos siempre han sido y siempre van a ser el público objetivo de los cuentos.

Y colorín colorado, este análisis se ha acabado.

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Ambientólogo y camarero. Amante de lo japonés, los dinosaurios y la sanfaina con atún. Escribo y juego tumbado, normalmente desde Barcelona.