Análisis

Legendary Eleven: “Un buen tiro que ha dado en el larguero”

Cuando estamos a las puertas de una cita deportiva tan importante como el Mundial de Fútbol, son muchos los que quieren disfrutar de estos eventos de una manera especial. En ocasiones como esta, no sólo viendo cada partido, sino que también quieren participar de una manera más activa, por lo que los videojuegos de fútbol viven una segunda juventud tras la tradicional al comienzo de la temporada.

De hecho, estoy seguro de que a muchos, como yo, que han dejado de lado su afición futbolera hace ya años, en ocasiones especiales como es el Mundial, desean revivir de algún modo esta olvidada pasión: nos animamos a ver algún partido -aunque sólo sean los de España- y también nos apetece retomar también algún juego de fútbol.

Lo que suele suceder, al menos a mi, es que nos da pereza meternos de lleno en los simuladores que dominan ahora mismo el mercado, FIFA y PES, que requieren quizás de más dedicación, y a menudo nos desbordan con tantas opciones, configuraciones y barreras para disfrutar simplemente de unos partidos directos. Por eso se echan de menos opciones más directas, arcade, sencillas y pensadas para los que ya no conocemos la alineación de nuestra selección.

Por eso, cuando vi que Eclipse Games estaba desarrollando un videojuego de fútbol arcade, y además con una estética tan pintoresca y distintiva, creí que sería una excelente opción para acompañarme en este Mundial. Que llegase a Switch, ya era la guinda del pastel.

Legendary Eleven es una recreación totalmente arcade y directa del fútbol, con controles sencillos, jugabilidad directa y un ligero toque de humor en su estética

No es que estemos ante un Mario Strikers, con habilidades imposibles, escenarios fantásticos, potenciadores o reglas inexistentes. En realidad el juego de Eclipse Games es más bien una especie de caricaturización del fútbol. Empezando por la época elegida, los años 70, donde los jugadores lucían una estética muy caricaturizable: pelos afro, grandes bigotes y barbas, y unos diminutos pantalones y camisetas que, vistos hoy, ya parecían bastante ridículos de por sí, con el toque que le ha dado el estudio al juego, sin duda completan un apartado visual agradable y muy simpático, adecuado para el tono general del juego.

Los controles por supuesto están simplificados. En ataque, un botón de pase, otro que sirve para tirar y centrar, un botón para correr, otro para regatear y otro para pase al hueco. En defensa, un botón para quitar la pelota de manera limpia y otro para hacer una entrada más fuerte. No necesitamos nada más. Lejos quedan los controles de los grandes exponentes del género donde controlar a un jugador nos dispone ante una amalgama de botones más amplia que en una nave espacial. Se agradece la sencillez y no se echa en falta ningún botón a mayores.

Si bien, aunque el control es correcto en su sencillez, una vez nos ponemos a jugar el partido se echan en falta una mayor diversidad de acciones, así como una mayor dificultad para, por ejemplo, robar el balón al contrario, algo que, al menos en los niveles intermedios, se realiza quizás con demasiada facilidad. A la larga los partidos se nos pueden hacer monótonos.

El único “efecto especial” que hay es el denominado Super Shot, un disparo prácticamente imparable que nuestros delanteros ejecutarán de manera espectacular y automática cuando esté disponible

Como comentaba no estamos ante un arcade de fantasía. En realidad, el único “efecto especial” que hay es el denominado Super Shot, un disparo prácticamente imparable que nuestros delanteros ejecutarán de manera espectacular y automática cuando esté disponible. Para poder realizarlo, debemos mantener la posesión de la pelota el tiempo necesario hasta llenar la barra de energía correspondiente. Si perdemos la posesión, la barra comenzará a bajar, y por supuesto comenzará a subir la del oponente, que puede terminar en un Super Shot por su parte.

Esta situación añade un elemento jugable interesante y muy importante para el desarrollo de los partidos. Así, el juego nos invita a mantener la posesión del balón y a evitar por todos los medios que la tenga el contrario. En más de una ocasión me ha pasado que tras tener una cierta ventaja en el marcador me he “relajado” y he dejado que el contrario aumentase su posesión, lo que ha terminado en un par de Super Shots que han puesto en peligro mi victoria o incluso me han hecho perder.

Otro elemento estratégico son las cartas que podemos elegir antes de cada partido, hasta un máximo de cuatro, y que mejoran o modifican ciertos aspectos de nuestro equipo, como por ejemplo aumentar la velocidad de nuestra defensa o la puntería de nuestros delanteros. Conseguimos más cartas con diversas características a medida que realizamos ciertas acciones. No obstante, debo decir que al menos yo no he notado una gran diferencia al utilizar una u otra carta, aunque claramente este puede ser un elemento que a los más coleccionistas puede atraer e invitarlos a rejugar el juego.

Uno de los puntos donde el juego más flojea es en la falta de opciones, de modos de juego y en definitiva de posibilidades

En cuanto a las opciones y modos de juego, es sin duda uno de los puntos donde Legendary Eleven más flojea. Podemos jugar un partido amistoso, una copa por continentes o bien una copa mundial. Se echan en falta más posibilidades, sobre todo online -que llegará- o algún modo carrera, más extenso, con fase de clasificación, algún evento especial para revivir partidos míticos…en definitiva algo que le de alguna posibilidad más que jugar un simple campeonato.

Legendary Eleven funciona bien como un buen juego “bisagra”, el típico al que recurres entre partidas a juegos un poco más densos, porque si bien es divertido jugar uno o dos partidos, no será un juego al que dediques una tarde precisamente. Quizás por la falta de posibilidades de sacarle todo el jugo al juego, o quizás porque al fin y al cabo un arcade de fútbol no puede dar mucho de sí.

Aunque personalmente no me han afectado en las horas que he jugado, si es cierto que hay gente que ha comentado la existencia de bugs, en algunos casos hasta el punto de hacerse imposible jugar con normalidad. No sé a qué es debido esta diferente experiencia pero desde el momento que recibí el código del juego sus desarrolladores han admitido la existencia de bugs y han asegurado tener ya listas las pertinentes correcciones.

Conclusión

Legendary Eleven llegaba en el momento justo, antes del Mundial, pero quizás es por eso por lo que da la sensación de que está inconcluso, que faltan posibilidades y que no está todo lo pulido que se esperaría. El hecho de que los desarrolladores ya anunciasen varias características que están por llegar, como el juego online, -y que a Steam haya llegado como Early Access- deja bastante claro que han tratado de llegar con lo mínimo a tiempo. Ahora mismo es un juego aceptable, pero quizás sólo para los más futboleros, y no para los que esperen que este sea su juego de cabecera en las próximas semanas. Una vez lleguen las actualizaciones, correcciones y ampliaciones que se esperan, seguramente estaremos ante un juego mucho mejor y mucho más recomendable.

Legendary Eleven está disponible desde hoy en Nintendo Switch, y también está disponible en Steam como Early Access desde el pasado 29 de mayo.


Versión analizada: Nintendo Switch

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Autor

Director en

Creador y Director de DeVuego. Padre. Informático. Ex-Vocalista de Death. Pierdo el poco tiempo libre que tengo haciendo webs de videojuegos como esta.

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