Análisis

Ginger: Un viaje más allá del cristal

Me atrevería a decir que los videojuegos de plataformas (y por consiguiente el género Platformer) son la clase de títulos que más abundan en el panorama de la industria videojueguil. Algunos de esos videojuegos no son solamente auténticos éxitos de ventas, sino que, además, suelen ser los más acogidos –probablemente– por el público de jugadores más juvenil e infantil; sin embargo, en cuanto a su categoría subyacente (los plataformas 3D), no estoy muy seguro de si podría afirmar acerca de si comparten o no el mismo «éxito» –obviando a grandes titanes como Mario–.

«La principal intencionalidad que había detrás del proyecto (a parte de la expectativa de intentar que el juego gustara) era la de poder mostrar al mundo que las empresas indies también pueden realizar proyectos de gran calidad.»
Moisés Otero, COO & Producer de Drakhar Studio

Ginger: Beyond the Crystal ha sido una de las propuestas más arriesgadas que han llevado a cabo los chicos de Drakhar Studios; Moisés Otero, COO & Producer de Drakhar Studio, comentó en una entrevista que «la principal intencionalidad que había detrás del proyecto (a parte de la expectativa de intentar que el juego gustara) era la de poder mostrar al mundo que las empresas indies también pueden realizar proyectos de gran calidad.» No sería injusto decir que Ginger: Beyond the Crystal es, en cierto sentido, el primer juego de Drakhar Studios, «Ginger ha sido el proyecto que, desde que nacimos, siempre hemos querido hacer»… argumentaba Moisés Otero durante la entrevista.

Durante el desarrollo de Ginger, el equipo de Drakhar Studios contaba con la presencia de 12 personas, y sí, pienso que sinceramente consiguieron llevar a cabo una propuesta francamente interesante (y, por encima de todo, hermosa audiovisualmente); no obstante, por desgracia, el resultado final es presa de fluctuaciones que, personalmente, creo que repercuten en la relación jugable con el título.

En esta ocasión, he tenido la oportunidad de disfrutar de la última versión de Ginger lanzada para la nueva plataforma de Nintendo: la Nintendo Switch (la primera versión del juego se lanzó el 25 de octubre del año pasado para Xbox One, PS4 y PC); desconozco si existe diferenciación alguna respecto a las demás versiones del juego pertenecientes a las otras plataformas de juego, aun así me limitaré a narrar la experiencia que me ha supuesto aventurarme, por primera vez, en el trabajo de Drakhar Studios y, por ende, a esta nueva versión de Ginger: Beyond the Crystal.

La obra de Drakhar Studios pretende apostar por una puesta en escena sencilla y sin demasiadas complicaciones

El pilar principal sobre el que se construye esta obra ludoficcional es su argumento: la premisa narrativa de Ginger: Beyond the Crystal nos cuenta cómo un poderoso diamante ha estallado y cómo sus fragmentos, esparcidos tras la violenta explosión, han contaminado el mundo entero que nos rodea. Ahí es donde Ginger, el protagonista de esta aventura, entra en escena; él será el encargado de acarrear la titánica tarea de purificar todos los escenarios y, así mismo, evitar la destrucción del mundo. Como podremos apreciar, desde un principio (tras una sofisticada introducción que cuenta con un sorprendente doblaje de voz al español, a diferencias de los demás diálogos que no disponen de doblaje), la obra de Drakhar Studios pretende apostar por una puesta en escena sencilla y sin demasiadas complicaciones (tanto a nivel argumental como en composición sistemática); pese a todo cuenta con una buena curva de dificultad que, durante las sesiones finales de juego, emana un punto desafiante muy interesante en relación al diseño de sus niveles.

Una vez hayamos finalizado el tutorial de bienvenida (un tutorial que, a parte de ponernos en situación –y ser completamente opcional–, nos enseña cómo manejarnos a través de las mecánicas de la obra), tendremos a nuestra disposición –y a lo largo del juego– 3 fantásticos mundos para explorar. En cada uno de esos «mundos» (Lowleen Town, Crater Peaks y Bleeside Lake), aparte de encontrarnos con distintos y variopintos gingerianos (e interactuar con ellos), se hace presente una de las características que me ha parecido más curiosa de este título, y que, a parte, creo que podría haberse hilado todavía más: el hecho de reconstruir los pueblos. Cada vez que, a lo largo y ancho de nuestra aventura, visitemos una nueva zona, podremos devolver la grandiosidad a ese pequeño pueblo que se ha visto reducido a escombros (siempre y cuando, evidentemente, dispongamos de los materiales necesarios); podremos crear diferentes estructuras tales como casas, molinos, tiendas… además, también deberemos liberar a los ciudadanos por medio de esos cristales azules, los cuales podremos ir acumulando a medida que vayamos derrotando enemigos o simplemente recogiéndolos del escenario.

Las misiones que ofrecen los habitantes de cada ciudad pecan de ser repetitivas

Cabe mencionar también que los respectivos habitantes de cada ciudad nos ofrecerán un conjunto de varias misiones que, si queremos, podremos llevar a cabo; empero, para mi gusto, casi todas ellas pecan de ser absurdamente repetitivas (basándose en el clásico sistema de recolección de objetos o, para variar, en eliminar a una cantidad concisa de enemigos). Es cierto que, siempre y cuando decidamos completarlas, recibiremos más materiales para la construcción de edificios en el pueblo de turno; no obstante al ser una actividad carente de sentido (más allá de simplemente levantar la moral a los residentes) se siente como un factor vacío e incluso desaprovechado.

Ginger: Beyond the Crystal, junto a su diseño y construcción de niveles, también exhibe distintas propuestas para afrontar a los enemigos (no solamente saltando sobre ellos como si fueran goombas); pero, lamentablemente, es uno de los puntos en los que pienso que el juego tropieza más. El problema principal del sistema de combate de Ginger: Beyond the Crystal reside en su kinestética: viene dado cuando atacamos que, en ocasiones, a pesar de dañar al enemigo, este simultáneamente también nos dará y recibiremos daño simplemente por haber pasado por encima de él, aun habiéndolo derrotado. Encima eso está conjuntado a una cámara que, en mi opinión, no beneficia demasiado a una experiencia de juego óptima, provocando muchas veces que muramos injustamente (sobretodo en esas zonas donde tenemos que ir saltando entre distintas plataformas). A todo esto, hay que sumarle también que la mala ejecución de las mecánicas jugables no solo repercuten al combate, sino además hacen que, muchos de los minijuegos (aquellos que se nos presentan en un momento dado, y que me ahorro nombrar para evitar posibles spoilers), se vean inexorablemente condicionados por la mala aplicación de las mismas.

Cada uno de los trajes, o «skins», tienen un propósito distinto, y aportan un cierto dinamismo frente a las coyunturas que se nos presentan a lo largo de la aventura

Por otro lado, tiene gracia pensar que el sistema de trajes de Ginger (o lo que también podríamos denominar «skins») contiene un cierto parecido (uno que es prácticamente coincidencia, pero que podríamos etiquetar como precursor) con el nuevo Mario Odyssey: cada uno de esos trajes, o «skins», tienen un propósito distinto, y aportan un cierto dinamismo frente a las coyunturas que se nos presentan a lo largo de la aventura (igual que las nuevas funcionalidades que se nos desbloqueando cuando en Mario Odyssey utilizamos la nueva gorra para convertirnos y «poseer» a un objeto o monstruo en concreto).

A fin de cuentas, pese a todo, Ginger: Beyond the Crystal hace que lo diferente resida en su corazón cristalizado; pretende evocar que sea imposible apartar la vista y mirar a otro lado (reitero que luce precioso, y consiguió sorprenderme con algunos toques artísticos muy mimados). Es cierto que Ginger flojea en muchos aspectos, al igual que es cierto que podría haber dado mucho más de si mismo; pero la buena fe con la que Drakhar Studios ha entrelazado todos los elementos del juego hace que la relación con Ginger: Beyond the Crystal adopte una posición nostálgica, una que nos recuerde a aquellos tiempos en que los videojuegos de plataformas 3D aún estaban dando sus primeros pasos; tiempos en los que la pureza de Banjo-Kazooie, o Rayman (entre otros), parece irrepetible a día de hoy.

La buena fe con la que Drakhar Studios ha entrelazado todos los elementos del juego hace que la relación con Ginger: Beyond the Crystal adopte una posición nostálgica

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