Análisis

RiME: la voz del silencio

Bueno, por fin he podido finalizar RiME. Es curioso que todavía esté secándome las lágrimas y la única cosa que a priori me surge de manera introspectiva, es que realmente no me resulta sencillo hablar acerca del juego. No especialmente porque no me haya gustado; sin embargo es más bien por todo lo contrario. Me ha encantado. Y entre otras cosas, desde mi punto de vista, me resulta difícil hablar sobre RiME principalmente porque esta nueva producción de Tequila Works (unos auténticos genios por si no lo sabíais todavía) en varias ocasiones esquematiza la ecuación con matices narrativos algo desemejantes, complicando el saber qué quiere lograr y qué quiere conseguir, con todo el compuesto. Además en pequeñas situaciones puntuales algunos elementos avanzan a compases opuestos, embrollando el entrelazamiento entre ellos. Terminando por derivar en pequeños fragmentos disonantes que son difíciles de tragar; no obstante, de todo eso hablaremos más adelante; aunque cabe mencionar por adelantado que tampoco desequilibran mucho la balanza.

Sin embargo, he de admitir que voy escribiendo estas líneas todavía muy emocionado, dado que tras haber llegado al final de la aventura protagonizada por ese caracterizado chico, no tengo apenas palabras para describir lo increíble que es presenciar un espectáculo audiovisual tan hiper-estetificado como resulta ser RiME. Un título que revive la esencia más espectacular que sólo he podido disfrutar en los vídeojuegos (y curiosamente todos ellos influencias para esta obra) de la misma índole: la comunicación desde el silencio. 

Iniciamos el juego y, lo primero que se nos presenta frente a nosotros, es un vasto cielo estrellado que nos invita a acomodarnos en nuestras sillas; a prepararnos para lo que se avecina

Iniciamos el juego y, lo primero que se nos presenta frente a nosotros, es un vasto cielo estrellado que nos invita a acomodarnos en nuestras sillas; a prepararnos para lo que se avecina, demostrando que los confines (y los límites) de este viaje no solo se delimitan a un entorno físico y/o visible para nuestra capacidad humana. Metafóricamente hablando la aventura va más allá de lo que simplemente se nos presenta; trascenderá desde lo más diminutamente simple hasta llegar a cierto punto culminante, alcanzando el clímax de toda sensación posible.

El mecanismo central que promueve esta nueva obra de Tequila Works es un elemento sonoro, simple pero eficaz: la voz. Pero no cualquier voz; la voz del silencio, la voz desde el silencio. Nuestro protagonista interactuará con el entorno del siguiente modo: emitirá un tarareo o una bonita y sencilla cantinela. Será la principal voz (o el principal sonido) relevante que escucharemos durante toda la aventura —obviando la fantástica banda sonora que nos acompañara en todo momento—,  y la que de alguna manera nos abrirá puertas y permitirá que nos abramos paso frente a una gran masa de complejidad que es todo el paraíso que nos contornea. El entorno que nos rodeará es hermoso, sí, pero su naturaleza en si misma es compleja —con esto no me refiero a que los puzles que nos brinda RiME sean engorrosos; en realidad voy más allá—, porque nunca vamos a desvelar de manera concisa y precisa qué es, o de qué se trata, todo ese escenario. Explícitamente no nos lo contarán. Y allí será cuando nuestra libre interpretación entra en juego, una vez llegamos al final de todo y, mediante ciertas revelaciones, empezamos a dar paso a nuestra deducción y apreciación de los mismos hechos.

El silencio casi perpetuo que percibimos en RiME, y el que lo enmarca, no aniquila la palabra: engendra la posibilidad de la polisemia frente a sus múltiples elementos. La apertura al silencio determina el acontecimiento estético. El silencio habla de la inminencia, de una revelación todavía no producida, pero que sabemos que en un momento u otro ocurrirá…El apartado audiovisual y su estética tienen la misión de trascender la voz del muchacho, ubicándola en un espacio de significaciones plurales. De esta manera, el no explicitar cuál es aquella palabra, aquél significado sucinto anhelado por los jugadores, se convierte en una manera más radical de comunicar. La sugerencia es, desde esta perspectiva, el único modo de crear sentidos múltiples superando, en el silencio de la palabra, los límites a los cuales nos somete la estructura inherente al lenguaje y de las palabras.

Las grandes influencias que han sido depositadas en RiME saltan a la primera de cambio.

Las grandes influencias que han sido depositadas en RiME saltan a la primera de cambio. Basta con echar una simple ojeada por encima, y ya podremos apreciar que se respira parte de la esencia de Journey (el viaje y sus implicaciones), al igual que en cierto modo su mismo “propósito”. Y luego por otra parte, también nos percataremos (y sobretodo nos podremos dar cuenta por la vestimenta del chico protagonista) de que la magia y el arte del TeamICO campan sus anchas, aunque llevando el propio sello de Tequila Works, habiendo plasmando esa esencia mediterránea tan única en su nueva obra.

Como habíamos comentado antes, RiME es un videojuego de puzles bastante simples y sencillos, y además pretende serlo. Lejos de intentar evocar problemas enrevesados, complejos, con anagramas o similares; el juego se limitan a ofrecernos un sistema en el que habrá que organizarse para activar varias estatuas al mismo tiempo, o encontrar las piezas clave para activar la apertura de un pasillo. No me ha molestado la sencillez del sistema que presenta para mantener al jugador activo, además desde un punto de vista narrativo concuerda bastante con esa visión tan inocente (ver las cosas desde el punto de vista de un niño) que pretende transmitir. Hay una historia que contar, y el videojuego se centra exclusivamente en poder lograr y conseguir eso. En podernos hacer llegar su voz.

El diseño por sustracción con el que nos cautiva el título de Tequila Works es excelente, una apuesta acertada, al igual que necesaria

El paso de los acontecimientos es en cierta manera acelerado, es verdad, pero creo que logra ser efectivo —con algunos peros que luego terminaré de explicar. A medida que avanzas llegas a preocuparte por el chico, el cual abrumado por todo cuanto le rodea lucha constantemente contra un entorno aparentemente poco hostil, pero que poco a poco irá convirtiéndose en un vertiente de oscuridad y desesperación. Ahogándonos en una cruda realidad que nos hará volar la cabeza. Por otro lado, el diseño por sustracción con el que nos cautiva el título de Tequila Works es excelente, una apuesta acertada, al igual que necesaria, que han sabido suplir de una manera genial. Me encanta esa perspectiva que han querido darle a la aventura; esa perspectiva de ser vista desde los ojos inocentes de un chico.

El único punto flojo que le encuentro a la nueva obra de Tequila Works, —como mencionaba al principio de este texto—, es que a pesar de centrarse en contar una historia (sin irse por las ramas y aportando buenos puntos de interés que posteriormente pueden ser fuente de rejugabilidad), me dio la sensación de que algunos momentos sentimentales son tratados con escasez de sensibilidad.  Todo avanza a un ritmo rápido, y en esos instantes en los que sería de vital importancia una dedicación rítmica bien centrada, los momentos clave pasan como muy desapercibido. No es llegados hasta la recta final, donde la flecha se dispara y nos atraviesa el alma, —al menos así fue conmigo. Creo que si durante todo el transcurso de la obra los respectivos factores y elementos hubieran congeniado a un mismo ritmo, habría dado la sensación de que el videojuego avanza a un ritmo más dedicado, delicado y más pausado. Sin prisas.

RiME es absolutamente fantástico. Así de claro.

CONCLUSIÓN

RiME es absolutamente fantástico. Así de claro. Tendrá sus pequeños tropiezos, pero su fuerza y las ganas con las que grita desde la sencillez del silencio superan cualquier obstáculo. La ambientación es soberbia y el diseño de niveles es bastante inteligente. La narrativa es sublime y la banda sonora original es sobrecogedora, la cual os garantizo que os tocará la fibra sensible una vez nos pongamos en situación y dejemos que el lienzo cautivador de RiME nos reviva el niño que llevamos dentro. Sin duda alguna, en mi caso, se ha ganado el puesto a uno de los videojuegos imprescindibles de este año. Un videojuego que todos deberíamos jugar. Un videojuego del cual podemos sentirnos orgullosos, y del que podemos tener el placer de gritar: «made in Spain!»


Versión analizada: PC (Steam)

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