Análisis

The Crow’s Eye: la oscuridad de Crowswood

El fenómeno de los videojuegos de terror es todo un paradigma excepcional en la industria. A raíz del boom surgido en YouTube, -gracias a muchos “let’s players” grabándose jugando a este tipo de obras-, el género ha sufrido un aumento bastante considerable, incluso llegando a ramificarse en distintos subgéneros. Sin embargo, de las distintas vertientes que surgen del flujo principal, no siempre todas llegan a buen puerto, e incluso muchas veces yacen en el olvido. El género del terror tiene potencial, ha demostrado en más de una ocasión de todo aquello que es capaz. Incluso a todos nosotros, siempre nos ha llamado la atención; ese maravilloso momento cuando en los teasers publicitarios se nos incita sutilmente a que nos adentremos en las entrañas del videojuego en cuestión, como si de primeras no nos atreviéramos.

En esta ocasión, ‘The Crow’s Eye‘, siendo el primer videojuego desarrollado por el estudio indie español 3D2 Entertainment, nos presenta una buena aventura repleta de puzles, plataformas, y una interesante historia enmarcada en una muy lograda aura siniestra, pincelada de tensión y terror. El título es una incesante mezcla de buenos e increíbles ingredientes, no obstante, ciertamente confusos al final de la obra. Habiendo sido influenciado por otros grandes ponentes, el trabajo realizado en este videojuego es más que notorio, y uno de los claros objetivos que se pretendían alcanzar durante la pre-producción del mismo, en lo personal, me ha llegado a afectar bastante. Sí, el hecho de aterrorizar al jugador.

The Crow’s Eye nos presenta una buena aventura repleta de puzles, plataformas, y una interesante historia enmarcada en una muy lograda aura siniestra, pincelada de tensión y terror.

The Crow’s Eye juega sus cartas a través de una atmósfera muy lograda

 

El miedo a lo desconocido

Según dice Stephen King, y su elaboración metafórica acerca de la actuación de nuestra mente como un filtro, en nuestro cerebro se atascan todo tipo de obsesiones, en función a cómo sea el individuo en cuestión. La suya propia, -admitida por él mismo y bien reconocida sobretodo en Estados Unidos-, se centra en “lo macabro”, siendo esa directriz el motor principal que le ha permitido escribir todas sus grandes obras, llegando a convertirse en uno de los maestros primordiales del terror junto a Lovecraft y Allan Poe.

En su ensayo acerca del género de terror (Danza Macabra), el autor argumenta que, por desgracia, la gente no está convencida de que alguien como él no haya sufrido algún tipo de trauma infantil, a raíz de todo aquello que lleva a cabo en sus obras literarias. Por contraparte, la respuesta que el escritor proporciona frente a esta situación es la siguiente: “Los escritores se hacen, no nacen ni se crean a partir de sueños o traumas de la infancia; convertirse en escritor (o pintor, actor, director, bailarín, etc.) es el resultado directo de una decisión consciente.” A todo esto tengo que añadir que, en lo personal, no comparto mucho ese pensamiento, en base a que muchas veces esos “traumas” son el motor instintivo al inicio de una disciplina artística. No obstante, es el mismo esquema arquetipo con el que creo que la gran mayoría de desarrolladores de videojuegos de terror se sienten identificados.

El buen terror avanza bailando, bailando hasta que alcanza el centro crucial de nuestras vidas y, justo entonces, halla la puerta secreta a esa estancia cuya existencia creíamos que sólo nosotros conocíamos. Sin embargo, incluso nosotros mismos,  en innumerables ocasiones, ni siquiera somos realmente conscientes de su paradero, de su realidad, de su increíble influencia en el forjamiento de nuestro ser. Cuando traspasamos esa puerta, adentrándonos en lo más profundo y antiguo de nuestra existencia, presenciamos aquel lugar reinado por la emoción más antigua del hombre, la más intensa: el miedo a lo desconocido. The Crow’s Eye usa estupendamente bien el factor de ese miedo, y sobretodo lo acompaña, haciendo gala, de uno de los factores que increíblemente influyen en el ya conocido terror cósmico: la ciencia.

El buen terror avanza bailando, bailando hasta que alcanza el centro crucial de nuestras vidas y, justo entonces, halla la puerta secreta a esa estancia cuya existencia creíamos que sólo nosotros conocíamos.

La ambientación es fantástica al igual que enigmática

 

La ciencia es el eje principal sobre el que giran y danzan los elementos de la ecuación, y por el mínimo interés que despiertes, o que ya tengas, hacía los temas que trata el juego, la obra te abrazará impetuosamente hasta engullirte en un oscuro pozo sin fin.

La historia principal de ‘The Crow’s Eye’ gira entorno a esta temática: el ser humano y las posibilidades con la ciencia, y durante el transcurso de las 7 – 8 horas que dura el juego, va jugando con todos aquellos elementos que la componen. Cuando digo ciencia no me estoy refiriendo a los distintos guiños que pueda tener hacia Portal (que los tiene), sino más bien en todo lo relacionado con el estudio de las capacidades del ser humano, y toda la investigación que el antagonista principal del juego lleva entre manos. La ciencia es el eje principal sobre el que giran y danzan los elementos de la ecuación, y por el mínimo interés que despiertes, o que ya tengas, hacía los temas que trata el juego, la obra te abrazará impetuosamente hasta engullirte en un oscuro pozo sin fin. Tememos a la ciencia porque realmente la desconocemos, creemos que dominamos su mundo, que lo controlamos, pero no es así.

Como estaba mencionando antes, el título hace un uso excelente del terror, del miedo a lo desconocido, llegando a extremos en los que vas a tener que replantearte más de dos veces si deberías entrar en la habitación de turno; o si deberías continuar por ese pasadizo tan oscuro del frente, en vista a que no hay otra salida. No imaginas todo aquello que puede acecharte en el mundo de las sombras, el juego lo sabe, y hace todo lo posible para que te trastornes con ello. Realmente se agradece considerablemente que algunos nuevos videojuegos del género quieran volver a adentrarse en los paradigmas del terror psicológico, en mi caso hacía ya bastante tiempo que desde ‘Silent Hill’, o ‘Layers of Fear’, no encontraba nada que “arriesgara” de nuevo en experimentar junto a las posibilidades humanas.

Muchas veces, algunos usuarios no diferencian entre los conceptos de: asustar y dar miedo

Muchas veces, algunos usuarios no diferencian entre los conceptos de: asustar y dar miedo, ¿The Crow’s Eye asusta? Bueno, tiene algunos jumpscares completamente innecesarios, seamos realistas. Asustan, pero no dan miedo. Gran parte del desarrollo de la trama se entrelaza a una atmósfera de tensión sin fin, de pesadillas, de adentrarse en lo onírico traspasando la frontera entre la realidad y la ficción, llegando a perder la consciencia de todo aquello que te rodea. ¿Quienes somos?, ¿qué hacemos allí? Llenos de cuestiones e innumerables preguntas, solos e indefensos, deberemos avanzar por siniestros pasadizos, embadurnados por la tenue luz de una luna marchita, al son de estruendosos truenos, resonando a través de las deshabitadas e inhóspitas habitaciones de la Universidad de Crowswood, hasta llegar a las entrañas del mismísimo infierno. Un infierno creado por el hombre, el hombre que se cree un Dios, enorgullecido de su propio egocentrismo.

Estamos encerrados en un enorme edificio, una gigantesca Universidad, no sabemos que nos acecha al voltear la esquina, ni conocemos los verdaderos hechos que transcurrieron tiempo atrás, antes de que llegáramos allí. La voz de un desconocido, la de un maniático loco, es lo único que nos acompaña a medida que avanzamos y nos aventuramos en la oscuridad, una oscuridad que, sin duda alguna, llegó a helarme los huesos. La ansiedad aumenta a medida que el entorno crece, no precisamente de manera literal, más bien en nuestra mente; queremos salir y escapar a toda costa, mientras el aire se vuelve vapor venenoso en nuestros pulmones, y la presión de la atmósfera penetra en nuestra alma, retorciéndola, ahogándonos en un ambiente cada vez más claustrofóbico. Apenas conocemos al protagonista, porque apenas nos conocemos a nosotros mismos; somos nosotros los que estamos allí, en terreno de nadie, en paradero irreconocible, encarcelados en nuestra propia conceptualización de la realidad. Una realidad que, alejada de cualquier utopía, desconocemos.

 

Una luz en las tinieblas

The Crow’s Eye nos mantiene activos a través de un sistema jugable de puzles, plataformas, y algún que otro acertijo. Bajo la luz de un mísero mechero, deberemos mantenernos firmes ante todo pronóstico. Durante gran parte del videojuego, la única luz que nos alumbrará en la oscuridad, será la diminuta llama de nuestro mechero, recordándonos que no somos nadie, que somos pequeños y miserables, frente a una magnitud inconmensurable de conocimiento.

The Crow’s Eye nos mantiene activos a través de un sistema jugable de puzles, plataformas, y algún que otro acertijo.

El tejido de la realidad es frágil

Desafortunadamente, ‘The Crow’s Eye’, empieza a sufrir falta de identidad a medida que indagamos en su jugabilidad. Mientras que la atmósfera está firmemente sujetada en el género del horror, llegando a tener una cierta perspectiva propia de cómo encarcelar al usuario en un universo perturbador,  la mecánica principal parece un mal ajuste del estilo de ‘Portal’. Hay incluso toda una sección que parece directamente traspasada de la franquicia de Valve, compuesta por los grandes números en negrita pintados en las paredes, los rompecabezas saltando a través de las infraestructuras presentes, y el plataformeo a través de las planchas móviles.

Gran parte de la historia, por no decir toda, se cuenta a través de cintas pre-grabadas

El juego tiene elementos propios, interesantes pero no excepcionales, de vez en cuando los puzles y el plataformeo se combinan, aunque no de una muy espectacular. Las grandes influencias que han dado pie al título de 3D2 Entertainment se pueden ver a simple vista, sin profundizar demasiado. Gran parte de la historia, por no decir toda, se cuenta a través de cintas pre-grabadas (Bioshock ha dejado buena huella aquí) y de textos que iremos encontrando por el escenario, algunas veces muy escondidos y otras veces colocados específicamente para que los hallemos de manera sencilla. No son especialmente largos, la mayoría, y ayudan a construir el guión de una manera bastante práctica; sin embargo, muchas veces parece que tienes que recogerlos por orden, porque sino dan pie a confusiones que no dejan establecer de manera clara los perímetros de la historia.

De vez en cuando, y en momentos puntuales, el juego cojea en varios aspectos; no obstante tiene suficiente fuerza como para mantenerse en pie y no caerse. Es cierto que la mayoría de los puzles y acertijos son realmente sencillos de resolver, pero precisamente ésto permite al juego avanzar a un ritmo no acelerado, pero si fluido, permitiéndole centrarse en su especialidad principal: aterrorizarte. Somos la diminuta luz en la oscuridad, la pequeña llama de vida, de esperanza, que yace deambulando en el desértico lugar en busca de respuestas, en busca de la verdad. El vertiginoso avance del juego va creciendo exponencialmente cuando descubrimos quien nos está observando, y precisamente no me refiero a ese individuo maquiavélico que nos “guía” por la Universidad, más bien otro cuervo que, a escondidas, no nos ha dejado de clavar la mirada.

 

Una Universidad, dos hombres, un destino

Al principio, el objetivo de The Crow’s Eye, me resultó confuso. Es cierto que he argumentado que nuestro principal finalidad es huir del establecimiento en el que nos encontramos presos, pero llegados a la mitad del juego las tornas cambian y parece que nos embarcamos en la búsqueda de otra cosa. A partir de ese punto, el juego me empezó a confundir porque las pistas que se daban, y las que había recogido hasta el momento, no bastaban para concluir en un asunto conciso. Al final el tema resulta más preciso de lo que parece al principio (no lo comentaré para no incentivar al spoiler), pero me limitaré a comentar que: llegados más o menos a la mitad del juego, cambian los papeles y el transcurso toma otra vía, otro camino.

¿Qué ocurrió en la Universidad de Crowswood?

 

Mi problema en la relación con este videojuego, se ha desvelado al terminar la aventura. En los 30 minutos finales del juego, la trama se acelera de una manera un tanto brusca. Sin dejar respiro acerca de lo que está sucediendo. Llegados al punto culminante del desenlace, ahí todo estalla de una manera presuntuosa que no terminó de gustarme mucho. Es escandalosamente interesante todo aquello que envuelve la atmósfera del juego, y a mi parecer, que intenten justificar todo lo ocurrido al final, de manera rápida y pretenciosa, es tirar en un momento todo el talento por la borda. Abarca demasiado, y muy rápido, casi no permite meditar sobre todo aquella que está ocurriendo delante de nuestros propios ojos.

El protagonista no habla durante todo la obra, permitiendo que la conexión máquina-jugador sea más profunda, haciendo que realmente seamos nosotros los que estemos allí

Me gusta la sencillez de la que dispone el juego, especialmente en cuanto a personajes. Desde un inicio deja muy claro que la relación del protagonista va a ser completamente directa hacia el villano, llegando casi a un subyugamiento narrativo del cual no podremos escapar. Sin embargo, eso no quiere decir que precisamente uno de los fabulosos recursos que tiene el juego, el doblaje al inglés, no me parezca desaprovechado. Hay diálogos, pero escasos. Es cierto que el protagonista no habla durante todo la obra, permitiendo que la conexión máquina-jugador sea más profunda, haciendo que realmente seamos nosotros los que estemos allí. El videojuego no pretende asustarlo a él, pretende perturbarnos a nosotros, y por ende, hacer que sintamos cierto respeto hacia el villano que, sin conocer su identidad, juega con nuestra mente. El tema de los diálogos lo mencionaba porque, en vez de la parrafada final que se nos da el antagonista, en vez de todo ese discurso exuberante una vez llegamos a la meta, podría haber sido más factible y haber dado mejor resultado si durante el juego el villano hubiera hablado más, si se hubieran establecido más diálogos junto a los demás personajes.

Quitando el barullo que se forma al final, y la escasez de una mecánica fresca, ¿he disfrutado la experiencia de ‘The Crow’s Eye’? Sí, claro. Al principio de este análisis comentaba lo que más me ha gustado de este videojuego, la genialidad con la que trabaja para mantener en tensión al usuario y el uso primordial del miedo, a través del terror cósmico que causa la ciencia. Si bien es cierto no lo utiliza de una manera muy directa, el tema del terror cósmico a través de la ciencia es un trasfondo casi invisible que está ahí, se menciona de manera sutil, pero más allá de la peculiar presencia que toma a raíz del escalofriante experimento Filadelfia, no se explora nada más.

 

Conclusión

‘The Crow’s Eye’ es un juego que empieza fenomenal, con potencia, y que por encima de todo ofrece lo que mejor maneja durante toda la obra: el miedo. Si bien es cierto que flaquea en cuanto a mecánicas y herramientas jugables, al igual que con un desenlace confuso, no quita el hecho de que ofrece puzzles ciertamente complejos, a momentos, al igual que interesantes. Se trata de un título que da para unas buenas horas de intriga, no llega a hacerse pesado en ningún momento, y posiblemente sea la pieza fundamental que demuestra el increíble potencial que tienen estos chicos de 3D2 Entertainment, que sin duda alguna, volverán a sorprendernos en un futuro, habiendo aprendido de los errores pasados.


Versión analizada: PC (Steam)

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